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Para mejorar la equidad necesitamos infraestructura

por 31 octubre, 2013

. Se requiere generar un espacio de diálogo público-privado-ciudadano que formule prioridades y que asigne tareas y aporte financiamiento de acuerdo a las competencias y capacidades de cada uno. Una de las tareas críticas de los próximos gobiernos será abordar esta verdadera “cara oculta” del camino hacia el desarrollo nacional.
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A diario las noticias nos dan señales inequívocas de los problemas que enfrenta la ciudadanía para mejorar su calidad de vida. Desde las demoras en atenciones hospitalarias, algunas de las cuales terminan en muerte; pasando por la congestión y crecientes demoras en nuestros puertos, carreteras  y ciudades; la insuficiencia de la infraestructura de transporte que alarga las horas de viaje y empobrece la calidad de vida de estudiantes y trabajadores; hasta la falta de infraestructura urbana que impide que niños y jóvenes tengan acceso a plazas y parques y que deja los espacios eriazos para ser dominados por narcotraficantes.

Todo esto está relacionado con un elemento que rara vez se menciona: la falta de infraestructura y la necesidad de mejorar su calidad. Siempre se mencionan los otros elementos que confluyen a ofrecer servicios que afectan la calidad de vida de las personas, pero rara vez se menciona la infraestructura. Sin embargo, esta es la base sobre la cual se ofrecen los servicios: no hay medicina moderna sin adecuada infraestructura y equipos. No hay educación de calidad sin edificios y equipos adecuados. No hay transporte seguro y rápido sin caminos, vías férreas, aeropuertos, etc. En una palabra, la infraestructura es la plataforma para entregar los servicios que determinan nuestra calidad de vida.

Hoy nadie discute que Chile es un país desigual e inequitativo. Pero lo que no se dice es que la desigualdad y la falta de oportunidades guardan una relación directa con la falta de infraestructura. La falta de hospitales impide ofrecer medicina moderna en la mayoría de las ciudades del país. Cuando a alguien le da un infarto en La Serena o Chiloé, corre riesgo de muerte porque no hay hospitales o tarda horas en llegar al más cercano. Cuando en las regiones alejadas de Santiago un estudiante promisorio no puede acceder a la educación que se merece, muchas veces se debe a que no hay caminos, puentes ni transporte y los liceos son de mala calidad, incluyendo sus edificios y equipamiento. No hay para que ir a regiones: vean las fotos de prensa del Instituto Nacional o del INBA. Cuando un productor rural no tiene acceso estable a energía eléctrica o tiene que llevar sus productos a mercado por caminos que están cerrados o que están en mal estado, disminuye la rentabilidad de su esfuerzo y, por tanto, su remuneración. Cuando no hay infraestructura adecuada en las regiones, promovemos y agudizamos la centralización y agravamos la congestión de la zona central del país.

¿Por qué los mineros no se van a vivir a ciudades cercanas a las minas y prefieren viajar horas por aire y tierra para llegar a sus labores? La principal razón es que la calidad de vida en las ciudades mineras es inferior a la que sus familias tienen en su lugar de origen. Y la calidad de vida está directamente relacionada con la calidad de la infraestructura.

En el pasado reciente nuestro país dio un gran salto adelante en materia de infraestructura. En los últimos años nos hemos dejado estar. La construcción de hospitales, carreteras, puertos y aeropuertos se ha estancado. Se abandonaron los esfuerzos para fortalecer el ferrocarril, y los esfuerzos en transporte público son esporádicos y están principalmente concentrados en Santiago.

Para enfrentar estos desafíos el país tiene que invertir algo así como US$ 10.000 millones al año, llegando a niveles del orden de 3,5% del PIB anual, excluyendo energía y servicios básicos como agua potable y alcantarillado. Esta no es una cifra antojadiza. Además de considerar la experiencia internacional sobre la materia, incorpora los cálculos realizados por el Ministerio de Obras Públicas, Cámara Chilena de la Construcción (Balance de la Infraestructura), así como del Colegio de Ingenieros en sus cuidadosos y detallados estudios (Proyecto País 2012-2025).

En este contexto, la Cámara Chilena de la Construcción convocó a un grupo de líderes en temas de infraestructura y urbanismo, quienes se han constituido en un Consejo de Políticas de Infraestructura con el fin de plantearles a la ciudadanía y a nuestros gobernantes la importancia y la urgencia de aumentar la inversión en infraestructura de todo tipo, como condición ineludible para mejorar la calidad de vida de todos los chilenos y promover la igualdad de oportunidades. Al hacerlo contribuiríamos a descentralizar nuestras actividades económicas, sociales y políticas, mejorando la ocupación de nuestro amplio y subutilizado territorio sobre bases sostenibles.

Desde luego, un esfuerzo de esta magnitud no puede ser emprendido exclusivamente por el sector público o el sector privado aisladamente. Se requiere generar un espacio de diálogo público-privado-ciudadano que formule prioridades y que asigne tareas y aporte financiamiento de acuerdo a las competencias y capacidades de cada uno. Una de las tareas críticas de los próximos gobiernos será abordar esta verdadera “cara oculta” del camino hacia el desarrollo nacional.

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