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UDI: del partido leninista a la doctrina Sinatra

por 15 enero, 2015

 UDI: del partido leninista a la doctrina Sinatra
El libre albedrío ha llegado a la UDI, hijo del reblandecimiento. Cada cual hace lo que le parece, cada cual se salva por su cuenta. Iván Moreira asume sus errores, Ena Von Baer los desconoce, Jovino Novoa gana tiempo, el partido se desmarca, Pablo Wagner entrega a Ernesto Silva, Silva declara no comprender a Wagner, Vasco Moulián hunde a Wagner (bueno, todos hunden a Wagner, es el más débil). Cada quien se mueve en distintas direcciones.
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Muchos casos hay, en la historia, donde la aparente generosidad y la solidaridad son la puesta en escena de la pérdida de poder. Muchos casos, en la historia, revelan cómo, detrás de un proceso de democratización, no hay interés alguno por la democracia sino simple debilidad. Casos como esos se acreditan fácilmente. Comienzan por un poder sólido, con una organización monolítica, cuya licuefacción se desenvuelve al ritmo de los fracasos y, ante todo, de las crisis. Debilitadas las fuerzas que antes dieron el soporte para el arbitrio y el poder total, predominan las perspectivas blandas. En política, sin embargo, aun cuando los blandos pueden construir un sitial, los reblandecidos siempre lo pierden. El retroceso es síntoma de fracaso. El refugio lo es de la derrota.

Mijaíl Gorbachov es un símbolo de los procesos de reblandecimiento y caída en la historia. Cuando en 1989, durante su mandato, diversos países aliados de la URSS mediante el pacto de Varsovia comenzaron a aplicar tibias políticas de apertura económica y política sin consultar a la URSS, el canciller Shevardnadze reconoció la libertad de elección de los distintos países del pacto. Y Gerasimov, en calidad de vocero de Asuntos Exteriores, declaró que la URSS había pasado a la ‘doctrina Sinatra’, es decir, parafraseando a la canción “My Way”, cada cual decide qué camino seguir. Se acababa así la monolítica doctrina Brézhnev, donde cada país del pacto de Varsovia que experimentase la presencia de fuerzas hostiles al socialismo, debía contar con el apoyo de todos los demás países como si el problema fuese interno. Se terminaba la doctrina, autoritaria pero poderosa, del pacto sólido. La URSS reconocía que no trazaba ya ninguna línea a seguir.

La UDI, en estos días, ha dejado de ser un partido. Puestos a elegir entre la vía política de defensa o la vía jurídica, los militantes implicados han optado por el consejo de sus abogados y han desestimado la ruta del poder. Y es porque no hay. Tan lejos ha llegado que abren la puerta a reformas políticas, retrocediendo del conservadurismo autoritario tan característico. La UDI pasa del leninismo a la Glasnost y, de inmediato, vemos aparecer la doctrina Sinatra, la doctrina inexistente, el simple acontecimiento del caos. Que cada cual aborde el caso Penta a su manera, dice Silva en su propia era Gorbachov.

La doctrina Sinatra, en este contexto, no era democratización, era reblandecimiento. Y este proceso no es causa de nada, pero es catalizador de todo. La fuerza política que está reblandecida invita generosamente a ser aniquilada. Así cayó el muro en Berlín, por ejemplo, con una serie de medidas inorgánicas de los distintos países del pacto de Varsovia que solo revelaron confusión y caos en la cúpula del bloque e improvisación en la RDA.

La doctrina Sinatra no es en realidad doctrina alguna. Es la mera evidencia de que una fuerza política anteriormente capaz de imponer su voluntad, hoy simplemente padece la inexistencia del poder. En ese instante, la libertad se torna tan obligatoria como trágica. Cada cual obtiene el derecho a ser derrotado por el camino que desee. A veces eso es el libre albedrío: el derecho a elegir el camino al patíbulo.

El libre albedrío ha llegado a la UDI, hijo del reblandecimiento. Cada cual hace lo que le parece, cada cual se salva por su cuenta. Iván Moreira asume sus errores, Ena von Baer los desconoce, Jovino Novoa gana tiempo, el partido se desmarca, Pablo Wagner entrega a Ernesto Silva, Silva declara no comprender a Wagner, Vasco Moulian hunde a Wagner (bueno, todos hunden a Wagner, es el más débil). Cada quien se mueve en distintas direcciones. Un liberalismo furioso y caótico se ha apoderado de los conservadores. ¿Dónde ha quedado el partido vertical? ¿Dónde están los defensores del orden? Ese partido entró a los tribunales con sus estructuras de siempre, pero salió  convertido en una suma de personas enfrentadas al dilema del prisionero (dos personas pueden tener el mismo interés y aun así no cooperar). El Presidente del partido dice que no se ha discutido qué medidas tomar si hay formalizados o condenados.  El vicepresidente informa que hay unanimidad en congelar a formalizados y expulsar a condenados. Nadie sabe lo que dijo el otro.

Las viejas rutas trazadas con claridad desde la UDI se han difuminado junto con sus definiciones. Qué tiempos aquellos, recordarán, en que cada día tenía su doctrina. Basta retroceder diez años y leer una entrevista del 30 de marzo de 2005, cuando David Gallagher repitió la consigna tantas veces usada respecto a que la UDI era el último partido leninista en Chile. Señaló entonces al respecto: “Creo que la UDI, por ejemplo, es (…) un partido leninista en su estructura. Absolutamente vertical” (The Clinic, n.° 148). Efectivamente, la lógica de los ‘coroneles’, los ‘samuráis’, se impuso durante años. En la UDI asumieron que un partido extremo solo podía ser un partido masivo a cuenta de una estrategia monolítica y de grandes triunfos ideológicos. Para nadie del mundo político era un misterio que era un partido ‘de empresarios y para empresarios’, pero la UDI logró vestirse de popular. Para nadie era un misterio que se trataba de un partido férreamente vinculado al fanatismo religioso, a una moral sexual muy restrictiva, al autoritarismo político y a un radical liberalismo económico que desconoce los derechos sociales. Y, sin embargo, lograba ser el proyecto más exitoso de Chile en pleno siglo XXI.

La UDI, en estos días, ha dejado de ser un partido. Puestos a elegir entre la vía política de defensa o la vía jurídica, los militantes implicados han optado por el consejo de sus abogados y han desestimado la ruta del poder. Y es porque no hay. Tan lejos ha llegado que abren la puerta a reformas políticas, retrocediendo del conservadurismo autoritario tan característico. La UDI pasa del leninismo a la Glasnost y, de inmediato, vemos aparecer la doctrina Sinatra, la doctrina inexistente, el simple acontecimiento del caos. Que cada cual aborde el caso Penta a su manera, dice Silva en su propia era Gorbachov. Sinatra canta en el fondo. El espectáculo puede ser excelente, pero de poder no queda nada. El final de la historia con la doctrina Sinatra ya lo conocemos. Cuatro años después del fin de la URSS, Gorbachov hacía publicidad a McDonald's.

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