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El país que lo olvida todo

por 4 mayo, 2015

Nunca una Carta Fundamental en Chile y, posiblemente, en todo el mundo, había sido objeto de una ratificación popular reiterada, ciudadana y democrática más mayoritaria y terminante.
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Dicen que “la memoria es la inteligencia de los tontos”. Pero, entonces, ¿qué queda para esos tontos que olvidan todo? Es el caso de la gran mayoría de los habitantes de Tontilandia, que el resto del mundo conoce como “chilenos”.

Pues en su último discurso la Presidenta les anunció que en septiembre se pondrá en marcha un “proceso constitucional” para conseguir que en el país haya una Constitución “plenamente democrática y ciudadana”, y la gran mayoría aplaudió.

Era la oportunidad para que Ricardo Lagos, presente en el acto, hubiera levantado su famoso dedo y le hubiera recordado, por lo menos, los siguientes párrafos del discurso que él pronunció en 2005, cuando le escamoteó con tan poca elegancia la Constitución a Augusto Pinochet, quitando de la rúbrica oficial de la Carta la firma de éste y poniendo la suya propia, que entonces pasó a ser “la Constitución de Lagos”. Como esos tipos que roban autos, les cambian el número de motor y lo inscriben a su nombre en el Registro Civil.

En efecto, decía Lagos en 2005 de “su” recién adquirida Constitución: “Felicitémonos de este paso trascendente. Hoy es un gran día para Chile. El Congreso Pleno ha ratificado un conjunto de cambios a la Constitución que Chile venía reclamando desde hace muchos años… Hoy el nuevo texto constitucional se pone a la altura del espíritu democrático de todos los chilenos… Hoy tenemos entonces en Chile un día de alegría, de unidad, de reencuentro con nuestra historia. Como Presidente de todos los chilenos agradezco a todos los ciudadanos que lucharon por contar con una Constitución a la altura de nuestro espíritu libertario… agradezco al Congreso Nacional, a todos sus miembros, que han hecho posible que desde ahora Chile pueda mostrar al mundo un texto constitucional que lo hace participar plenamente de las naciones democráticas.”

Lástima que hubo una persona que no se enteró a tiempo, Michelle Bachelet. Pues evidentemente no está al tanto de lo que nos informó Lagos en 2005: que ya teníamos una Constitución “plenamente democrática y ciudadana” como la que más.

Pero no está sola: oí en la radio a un periodista “bien informado” decir que la actual Constitución había sido redactada “entre cuatro paredes por cuatro generales llenos de galones y sin consultar a nadie”. ¿No es eso fantástico? Ignoran él y la mayoría actual que desde el mismo septiembre de 1973 se reunieron los más distinguidos jurisconsultos representativos de la mayoría parlamentaria de la época, entre ellos los DC Silva Bascuñán y Evans, y que dieron término a su trabajo seis años después, entregándole al Consejo de Estado, encabezado por el ex Presiente Jorge Alessandri, un texto que este Consejo corrigió, además de suprimirle el preámbulo, y que la Junta de Gobierno sometió al pueblo en plebiscito el 11 de septiembre de 1980.

La ciudadanía lo aprobó con el 67 por ciento de los votos, guarismo coincidente con las encuestas de opinión chilenas y extranjeras previas.

Luego, el 30 de julio de 1989, nuevamente el pueblo fue convocado por el gobierno y la oposición de entonces, la Concertación de Partidos por la Democracia, para ratificar la Constitución de 1980 con los cambios acordados entre aquél y aquélla. Y entonces, con registros electorales actualizados y reconocidos por todos, el 91 por ciento de los votos volvió a ratificar la Constitución así reformada.

Nunca una Carta Fundamental en Chile y, posiblemente, en todo el mundo, había sido objeto de una ratificación popular reiterada, ciudadana y democrática más mayoritaria y terminante.



Pero a la izquierda no le bastaba. No quería que la Constitución llevara la firma del principal estadista chileno del siglo XX, y posiblemente de toda nuestra historia, Augusto Pinochet . Entonces se hicieron centenares de nuevas y finales reformas en 2005 y Lagos orgullosamente estampó su firma al pie de las mismas, confiado en que la historia oficial haría olvidar a Pinochet, sin imaginar que la Historia con mayúscula lo recordará mucho más que a él y a su receta epónima de los '60: “la única solución consiste en que todos los medios de producción pasen a manos del Estado”, hoy en el basurero de la historia.

Y después de todo eso viene Michelle Bachelet y les dice a los tontilandeses, a los cuales ya no les queda ni siquiera un resto de memoria (porque hace ya muchos años el KGB y la izquierda les lavaron el cerebro) que en septiembre empezaremos a trabajar para tener, con enorme dispendio de recursos, tiempo y energía, lo mismo que ya tenemos desde 2005, secundum Lagos, y desde 1980, según yo: una Constitución “plenamente democrática y ciudadana”.

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