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Renuncia Saavedra

por 19 septiembre, 2015

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El 2015 será recordado como un año negativo para el “movimiento estudiantil”. Los dirigentes de la Confech han tomado decisiones y caminos que han estado lejos de las expectativas de la ciudadanía y de los propios estudiantes.

Un gran tropiezo fue en mayo de este año, cuando sus dirigentes decidieron expulsar a Ricardo Sande y a la Feuc de la vocería de la Confech. Las razones no pasaron por hechos de gestión o incumplimiento de deberes, sino que radicaron en la intolerancia ideológica de la izquierda universitaria. No sólo sacaron a la federación con mayor legitimidad democrática a nivel nacional, sino que terminaron con la opción de mostrarse como un actor pluralista.

¿Con qué legitimidad podrá la presidenta de la Fech arrogarse la voz de los estudiantes de Chile ahora? ¿Con qué voz podrá exigir su supuesta “democratización de las universidades” (cogobierno) cuando ni siquiera es capaz de generar mínimos democráticos en su elección?

El otro error de la Confech fue permitir que su vocera nacional –Valentina Saavedra, presidente de la FECH- terminara su periodo a pesar de la sentencia emitida por el tribunal electoral que califica su elección como ilegítima.

¿Con qué legitimidad podrá la presidenta de la Fech arrogarse la voz de los estudiantes de Chile ahora? ¿Con qué voz podrá exigir su supuesta “democratización de las universidades” (cogobierno) cuando ni siquiera es capaz de generar mínimos democráticos en su elección? ¿Con qué autoridad podrá encarar a políticos como Bitar y tildar su participación en instancias de diálogo educativo como ilegítimas, cuando su propia razón de ser como dirigente estudiantil –su propia votación- es ilegítima?

Saavedra, lejos de generar cualquier tipo de autocrítica ha lanzado una campaña con un mensaje claro: “la derecha quiere acabar con la Fech”. La victimización de la Izquierda Autónoma en esta situación no sólo raya en lo sinvergüenza, sino que además en lo patético, creyendo que así podrán pasarle gato por liebre a sus estudiantes y a los de todo Chile.  Argumentan que la legitimidad de la Fech está en “los estudiantes y su capacidad movilizadora”. O sea, la legitimidad de Saavedra no está en función de principios deliberativos o democráticos, está en función de cuántas personas es capaz de sacar a la calle a marchar. Parece un argumento sacado de una biografía de Mussolini.

Si la Confech decide continuar con esta estrategia, no le queda mucho tiempo para volver a la situación de “incapacidad de incidir”. La soberbia de sus dirigentes la están convirtiendo en un actor irrelevante a la hora de generar una discusión.

Es por todo lo anterior que a Saavedra no le queda más opción que renunciar a la vocería Confech. Su presencia no sólo deslegitima la voz que pueda emerger de ahí. Este intento de rapto por parte de algunos dirigentes no es más que la guinda de la torta para conmemorar un funesto año para el movimiento estudiantil.

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