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Andrés Velasco, la clase media y el centro político

por 6 diciembre, 2015

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Hace unas semanas hemos asistido al lanzamiento de un nuevo conglomerado, conformado por Ciudadanos, Red Liberal y Amplitud, el cual dice ser una suerte de tercera vía en el espectro político chileno, apelando al elector de centro, que según su líder, el ex Ministro Andres Velasco, ni los partidos de derecha y ni los de la Nueva Mayoría pueden representar, haciendo además un llamado a la Democracia Cristiana a que se sume a este proyecto.

Al apuntar a representar a la clase media y al centro político, Velasco confunde cosas distintas, clase social con ideología, haciendo de ambas un solo concepto. Me explico. Desde un tiempo a esta parte, se ha instalado en ciertos sectores académicos y políticos que en Chile habría una suerte de clase media uniforme, la cual habría emergido durante los últimos 25 años, tras el retorno a la democracia.

Esta clase media, constituida por segmentos de nuestra sociedad que, fruto del crecimiento económico, habrían pasado desde la pobreza a detentar mejores estándares de vida, tendría además de conciencia de clase, lo que es falso, una natural tendencia a valorar la aplicación de cierto tipo de políticas, que para quienes gustan de manipular los conceptos, serían políticas “moderadas”, es decir, que apelan al pragmatismo técnico como mejor fórmula de gobierno, en contraposición a los “ideologismos” de derechas y de izquierdas.

Si hay algo heterogéneo en nuestra sociedad, es precisamente la clase media. A diferencia de lo que sucede en los estratos altos, en donde por lo reducido podría decirse que hay una cierta tendencia hacia patrones comunes de pensamiento, en el resto de nuestra sociedad se hace muy complejo el poder categorizar a las personas de acuerdo a su nivel socioeconómico, ya que hay múltiples factores que inciden en las opciones políticas de las personas.

Por poner un ejemplo, es completamente distinta la manera de pensar de una persona de clase media en la zona rural que en los sectores urbanos, y dentro de éstos, difiere también dependiendo de la comuna en donde viva, del tipo de educación que haya recibido, de la religión que profese, o del lugar en donde se desenvuelva. Por lo que hablar de una clase media uniforme, es completamente equivocado.

Además, cuando Velasco se instituye en el representante del centro político, comete otro error de diagnóstico, ya que de acuerdo a la encuesta del Centro de Estudios Públicos de agosto del presente año, del total de los encuestados, un 9% se declaran de derecha o centro derecha, un 8% de centro y un 17% de centro izquierda o izquierda, siendo el segmento más grande, con un 58%, el que se declara no adscribir a ninguna posición política.

Velasco lo trató de hacer hace algún tiempo con lo de las buenas versus las malas prácticas, y le fue mal. Ahora intenta hacer lo mismo, ungiéndose como el adalid de la moderación, lo que también augura un mal pronóstico.

De esta manera, nuestro país está lejos de tener un grupo homogéneo al cual pueda atribuírsele una cierta forma de comportarse, y menos de pensar su bienestar personal y social. Chile no está constituido por una clase media, sino que por varias, y de distintos orígenes y características, y por otro lado, nuestra sociedad tampoco es una sociedad que se sienta interpretada por el centro político, entendido por éste, el espacio equidistante entre la derecha y la izquierda. Dicha categorización responde a una visión completamente anacrónica, propia de la guerra fría, en que la sociedad se dividía claramente entre proyectos de sociedad antagónicos y excluyentes. Pero en los actuales tiempos, esa representación política - espacial ya no existe.

Detrás de este deseo de representar a una clase media de centro, se cubre una preocupante carencia de ideas, proyectos y propuestas que entusiasmen a la ciudadanía, cayéndose por lo demás en la equivocación de intentar posicionar a un conglomerado en oposición a lo que ya existe. Velasco lo trató de hacer hace algún tiempo con lo de las buenas versus las malas prácticas, y le fue mal. Ahora intenta hacer lo mismo, ungiéndose como el adalid de la moderación, lo que también augura un mal pronóstico. Lo que la gente espera, además de proyectos políticos serios, creíbles y honestos, es ideas y propuestas, de modo tal que de no cambiar, es muy probable que este nuevo conglomerado goce de corta vida, como tantos otros intentos políticos personalistas sustentados en el carisma de un líder en particular.

En conclusión, la referencia a la clase media y al centro político se ha convertido en un lugar común de quienes intentan hacer un llamado a un electorado independiente, poco apegado a los partidos políticos tradicionales, que se inclinaría por apoyar la aplicación gradual de ciertas políticas públicas en un marco de libertad y respecto por la propiedad privada. El punto es que esas características no necesariamente representan a la clase media, así como tampoco son de centro. En una democracia con baja intensidad ciudadana, la mayoría de los chilenos no se sienten atraídos por la política, sea cual sea su denominación y origen, y aquello obedece más al desapego institucional y la poca credibilidad del sistema, que a una orfandad de un determinado segmento de la ciudadanía.

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