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Nueva Mayoría y educación: sin proyecto, pero gratis…

por 29 diciembre, 2015

Nueva Mayoría y educación: sin proyecto, pero gratis…
La clave está en la actitud de abordar el compromiso de crear un proyecto educativo desde el Estado y que realmente sea competitivo con las universidades privadas. Aunque eso es cuestión de tiempo o directamente de asignación de recursos, pero con la convicción de que no es un negocio, sino una inversión cuyo retorno es incierto.
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Una vez más el gobierno de la Presidenta Bachelet, se apura sin darse cuenta. Cuando no está clara la misión, cuando el diagnóstico es apresurado y la única voluntad es la de cumplir con lo que se pueda, el resultado siempre es insatisfactorio. Y para todos los involucrados.

El apresuramiento por la “gratuidad” en la educación superior deja profundas dudas acerca del futuro, y esto tiene que ver con la confusión entre gratuidad, proyecto educativo, calidad educativa, modelo de país y el concepto de educación pública.

La excelencia no depende de la gratuidad. Ni Harvard, ni el MIT, ni Cambridge son gratuitos. Y la excelencia está en la elite del conocimiento. La Universidad de Buenos Aires (totalmente nacional y gratuita) garantiza el ingreso irrestricto pero se asegura calidad en el egreso: solo el 6% de los alumnos termina su carrera. Un tremendo filtro que asegura que una Universidad Nacional mantenga prestigio.

La educación pública y proliferada (de esto se trata), no debe forzar a universidades privadas a tomar ese rol. Es el mismo Estado el que debe crear Universidades Nacionales de excelencia gratuitas y al servicio de un proyecto país. Lo son la UNAM y la Universidad de San Pablo, como lo es la Universidad de Buenos Aires o de La Plata y otras tantas en Argentina. En el caso argentino, las Universidades Nacionales soportadas por el Estado están planteadas para brindar educación competente. La entrada es fácil, la salida… vemos.

Y es la excelencia las que les permite convivir con universidades privadas, las que en algunos casos son de excelencia (las llamadas “boutiques” especializadas) y en otros casos son simplemente centros de estudio masivos pagados, diseñados para quienes se conforman con un título universitario solo para cumplir.

El apresuramiento por la “gratuidad” en la educación superior deja profundas dudas acerca del futuro, y esto tiene que ver con la confusión entre gratuidad, proyecto educativo, calidad educativa, modelo de país y el concepto de educación pública.

En el caso chileno, el gobierno de la Nueva Mayoría ha decidido un proyecto pidiendo prestado un proyecto educativo a instituciones privadas, casi como una “guardería” de alumnos universitarios. Gratuidad sin proyecto. Corto plazo.

Construir universidades nacionales (y no necesariamente “populares”) es el rol del Estado, a partir de un gran acuerdo político y social, que determine cuáles son las exigencias en educación para el desarrollo de profesionales que contribuyan al proyecto país.

Pero ese proyecto parece lejano. Claro, es de largo plazo y nadie quiere perder la posibilidad de llevarse una supuesta gloria por logros de corto plazo.

Es el mismo gobierno, encargado de llevar adelante políticas de Estado, el que debe hacerse las preguntas clave:

  • ¿Es política de Estado la educación?
  • ¿Existe convencimiento en la sociedad acerca de una educación pública de alta calidad en la que participen los mejores?
  • ¿Está el Estado dispuesto en desarrollar la educación media para generar igualdad de oportunidades a la hora de ingresar a la universidad?
  • ¿Está el Estado convencido de que es responsable de la calidad educativa, cuyo proyecto debe ser compatible con el proyecto país?

Debe haber otras preguntas, pero la clave está en la actitud de abordar el compromiso de crear un proyecto educativo desde el Estado y que realmente sea competitivo con las universidades privadas. Aunque eso es cuestión de tiempo o directamente de asignación de recursos, pero con la convicción de que no es un negocio, sino una inversión cuyo retorno es incierto.

Difícil para la cultura chilena, donde todo se mide por rentabilidad, algo que en educación, al menos si es genuinamente pública, no entra en consideración.

Como lo plantea Umberto Eco, la educación superior es para los mejores, es elitista en conocimiento. Y en ese punto el gobierno de turno debe entender que si el Estado se ocupa de la educación debe hacerlo con ese sentido.

Difícil, pero necesario.

No es un tema de ir a la universidad gratis… El tema es que desde esa educación surjan profesionales útiles al proyecto de desarrollo país.

De lo contrario, será solo un capricho.

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