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Aravena y la Arquitectura militante

por Emil Osorio Schmied, Arquitecto PUC,  Académico UACh, Valdivia 15 enero, 2016

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Señor Director:

La noticia del Premio Pritzker otorgado al arquitecto Chileno Alejandro Aravena aparece como una oportunidad para cuestionar algunos convencionalismos de la disciplina en la sociedad contemporánea. Cuando escuchamos hablar con grandilocuencia de un supuesto rol político del arquitecto, sucede que nos mienten un poco. Un poco, porque la definición de ese rol puede resultar tan imprecisa como la propia definición de arquitectura. Imaginar la existencia de un papel disciplinar en política, apartado de lo meramente ideológico o discursivo, nos aproxima naturalmente a uno de los ámbitos más recurrentes en el quehacer profesional: lo público. ¿Será que tener algún rol en el ámbito público es lo que otorga a los arquitectos cierta militancia? Veamos. Si la respuesta solo apuntara, por ejemplo, a encabezar ministerios afines o comisiones parlamentarias relacionadas con vivienda o cultura, entonces una sensación de desaliento se apoderaría del gremio. Es así como el liderazgo permanente de los intereses profesionales frente a la autoridad de turno o la opinión pública recae en la figura del presidente(a) del Colegio de Arquitectos a nivel nacional y local. Por fortuna, no es ésa la última instancia en la que el rol disciplinar opera positivamente en la sociedad. Desde el punto de vista de su injerencia, la labor de centenares de colegas que se desempeñan en el sector público, ya sea como asesores o contraparte técnica de diversas autoridades, aparece como clave en la formulación e implementación de iniciativas que apuntan a mejorar nuestra calidad de vida. Con el mismo entusiasmo, arquitectos trabajando desde la sociedad civil aportan al desarrollo del país desde plataformas diversas tales como organizaciones territoriales, ONGs, universidades y oficinas. Con todo, tomar nota de un conjunto de acciones relacionadas con la esfera pública no parece suficiente para responder sobre un rol político de la arquitectura. Es posible convenir en que hay algo transversal en el oficio del arquitecto que antecede siempre su actuar, y es la capacidad de nombrar las cosas antes de que ellas siquiera existan, como dice el propio Aravena. Es a través de las palabras que damos primero vida a los espacios, edificios o lugares que conjurarán aspiraciones colectivas con posterioridad. Es una capacidad que debemos ejercitar con responsabilidad y ética militante, y que sin duda continuaremos ofreciendo desde el rol que nos toque, sea político, público o simplemente ciudadano.

Emil Osorio Schmied, Arquitecto PUC,  Académico UACh, Valdivia

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