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La insoportable sordera de la élite

por 30 octubre, 2016

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A días después del triunfo de la abstención, la gran derrota del conglomerado oficialista, el triunfo de la derecha en comunas emblemáticas, nuevamente aparece el discurso retórico lleno de lugares comunes y, a esta altura, vacío de la presidenta y de algunos políticos del stablishment: “hay que ‘escuchar’ lo que la gente nos quiere decir”, “debemos recuperar las confianzas”, “debemos enmendar el rumbo”, en el eco de Lagos y Carolina Goic a las palabras de Bachelet. Palabras claves: escuchar, enmendar el rumbo, recuperar las confianzas, siempre con ese tonito de madre o profesora abnegada ante apoderados molestos por los bajos rendimientos y el despelote del curso.

Casi un 70% de abstención significan hastío de ustedes, la casta política, esta nueva oligarquía sin la clase ni la cultura que la puedan hacer admirable o respetable por sus subordinados. Es una oligarquía bárbara, falaz, mendicante de los grandes capitales, obscena a la hora de legislar y plantear reformas fundamentales para el país. Se trata de personas inescrupulosas que asaltan el Estado y lo organizan para robar y quedar impunes, para defraudar con costo cero, para trabajar en nombre del pueblo al servicio de los enemigos del pueblo.

Han destruido la ética del discurso cuando siempre están diciendo “tenemos que escuchar a la gente” y no se la escucha, o lo que escuchan lo meten dentro de una matriz que distorsiona lo escuchado para hacerlo compatible con sus intereses partidarios o de clase. De este modo el escuchar a la gente se transforma en nuevas mentiras y compromisos que no tienen ni la voluntad ni la habilidad para cumplir: derecho a la educación, pensiones dignas, nueva constitución, etc., se convierten en palabras vacías de significado porque el contenido que le ponen es lo contrario de lo que la razón estima que significan esos conceptos.

No le creo a Bachelet ni a Lagos ni a Piñera ni a ninguno de aquellos que han hecho su lucrativa carrera política en estas últimas 4 décadas, pues su modus operandi ha sido en los dos grandes conglomerados el mismo: tomar acuerdos en la cocina y luego imponer sus criterios engañando a sus electores, desde la presidencia o desde el poder legislativo.

La verdad es que no les creo. No le creo a Bachelet ni a Lagos ni a Piñera ni a ninguno de aquellos que han hecho su lucrativa carrera política en estas últimas 4 décadas, pues su modus operandi ha sido en los dos grandes conglomerados el mismo: tomar acuerdos en la cocina y luego imponer sus criterios engañando a sus electores, desde la presidencia o desde el poder legislativo. Además, y ya queda todo transparentemente claro, han sido alimentados por los aportes de empresarios de marcada tendencia ultra derechista, como los del grupo PENTA o Ponce Lerou, entre otros financistas que no se caracterizan por su buen corazón o bonhomía sino por su capacidad depredadora y su habilidad para manejar como titiriteros a los legisladores y autoridades políticas a cambio de coimas y arreglines económicos a cambio de leyes que van en su directo beneficio. Hay que escuchar al pueblo, dicen, como puma en festival, pero este es un cuento muy viejo a esta altura. No se le puede creer a quienes han lucrado en forma escandalosa con sus puestos de representación popular, subiéndose descaradamente los viáticos, las comisiones, además vendiendo leyes, asignándose jubilaciones millonarias que atentan contra la moral e inteligencia ciudadanas, como las jubilaciones abultadas de los ex presidentes. No se les puede creer a quienes vienen hablando hace décadas de progresismo y gobiernan privatizando todo y menoscabando a los trabajadores con leyes antisindicales, con AFP donde trabajan con altísimas remuneraciones muchos políticos cuando no están en cargos de palacio o parlamento, cooptados por el poder económico que ve al Estado como el soporte legal para seguir abusando de la tierra, del mar, del cielo (Piñera-Lan) y del esfuerzo de millones de chilenos que con su trabajo expropiado crean la gran riqueza de Chile. No se les puede creer a los que intencionadamente han destruido la educación pública, a los que han engañado a nuestra juventud ofreciéndoles una educación que no los provee de elementos sustanciales para competir en el mundo laboral, a los que se les ha vendido una educación que los empobrece en deudas mientras las entidades universitarias o de formación profesional, y la banca privada, se echan impresionantes cantidades de dinero a sus bolsillos insaciables, dineros públicos que van a privados mientras la decepción cunde en cientos de miles de jóvenes. No se les puede creer a quienes defienden este modelo que arruina espiritualmente a Chile: donde el 90% los niños no tienen acceso a una educación de calidad, que les permita acceder en igualdad de condiciones a los beneficios del sistema en relación a los hijos de la élite, que acuden a instituciones privadas donde se aseguran redes sociales y las bases educativas para ser el relevo sin competencia en los cargos de dirección hegemónica, mientras las clases sociales que abarcan al 90% de los chilenos están programadas desde el Estado y sus leyes para reproducir el sistema social segregado y excluyente, donde muchos niños pobres crecen desamparados por el Estado y por todos, delinquiendo a temprana edad y quedándose afuera de la modernidad del sistema y de los beneficios culturales que por derecho y ley les pertenecen. No se les cree cuando dicen que van a escuchar, han tenido todo el tiempo y todas las oportunidades para hacerlo. Ahora que están derrotados dicen que van a escuchar, pero ya no se les puede creer. No son ustedes los encargados de restaurar la confianza pública, han sido demasiadas las veces que han hecho lo contrario de lo que dicen, que dicen lo que nunca hacen o lo hacen de un modo que violenta a los ciudadanos, como por ejemplo la Reforma a la Carrera Docente, que es ampliamente rechazada por segregadora y engañosa; la reforma tributaria que alcanzaría para la gratuidad prometida y que cada vez ha ido cambiando el número de favorecidos a la baja; una reforma a la educación superior que atenta contra la educación universitaria pública y favorece, como es la norma en estos gobiernos, a los privados que manejan el negocio de la educación, con amplia participación de renombrados políticos. No les creo lo que dicen, creo en lo que hacen: gobernar engañando a la ciudadanía y profitando de su poder de un modo espurio y escandaloso.

Si escuchan de verdad, pongan atención a esto: todos sabemos, señora presidenta, que su financiamiento fue ilegal, que el SII y el ministerio público, dependencias en la que usted nombra a sus principales directores o jefes, trabajan para ocultar sus ilícitos y los de su conglomerado; también protegen a Piñera y a otros poderosos de la plaza. El señor Abbot y el fiscal Gómez son fieles representantes de la parcialidad y miopía con que trabajan para el Estado, tratando de soslayar aquellos casos que involucran a sus jefes de antes y de ahora, domiciliados en palacio.

Enterarse por la prensa del ‘ethos’ de su hijo, al que nombra en un cargo inventado sólo para darle créditos políticos aunque no tenga ningún don de liderazgo, resulta inverosímil y hasta ridículo. O sea: Sebastián Dávalos, Peñailillo, Martelli y otros de su círculo más íntimo, señora presidenta, la estuvieron siempre engañando o usted, presidenta de la República, ex primera mujer de la ONU, no se da cuenta de lo que pasa en su entorno. Y así se gobierna, así se dice, una vez más, que hay que escuchar al pueblo cuando ha sido sorda para el ruido de monedas que la rodea. Algunas cosas, demasiadas, no calzan en lo que usted dice repetitivamente con su voz maternal y cadenciosa.

Si quieren escuchar de verdad a la ciudadanía, entonces pongan atención:

Esta vez se está en el límite de la desafección ciudadana y la desconfianza, así que si siguen con la ya deleznable práctica de tergiversar los mensajes, de hacer como que se escucha y seguir mintiendo y profitando, la indignación social comenzará a manifestarse de otros modos más peligrosos que la abstención. No se tomen los señores políticos con tanta liviandad lo que está expresando el país. La gran masa de Chile ya no los soporta. Así como algunos parlamentarios piden que rueden cabezas, ya está bueno, dicen, de tanta ineficacia y mala gestión, a propósito del desaguisado del registro electoral, la gran masa de chilenos comienza a soñar con ver las cabezas de muchos políticos rodando dentro de una canasta. No es necesario ser brujo para darse cuenta que el tiempo se les acaba y que nada bueno se puede producir de vuestra ceguera, sordera y desprecio por la voluntad de la gente que dicen representar. Pues, ha quedado claro: sólo representan, juntos concertación y PC más la derecha, a un mínimo de la población, ya no tienen legitimidad para seguir imponiendo su orden como si esa fuera la democracia. Recién estamos comenzando a construir la democracia, y en ese proceso ustedes sólo son el gran obstáculo para el desarrollo de un nuevo proyecto de vida para Chile.

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