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Corea del Norte y el principio del “Primer Blanco”

por 23 abril, 2017

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Antes de salir de gira por Asia, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, señalaba a los medios que, “Se acabó la paciencia estratégica” en Estados Unidos. El mensaje es la sentencia de una decisión tomada que no se sabe a la dirección que apunta. Es un tanto críptico y deja muchas aristas abiertas. La frase es amenazante y puede interpretarse de diferentes formas acerca de lo que cada cual entiende por lo estratégico o por estrategia.

El mensaje es nítido como advertencia, transmite el sentido de la amenaza bélica nuclear. Cual otra para una nación como Corea del Norte que vocifera que su respuesta será nuclear en caso de ser atacada. También expresa lo que desea imprimir Estados Unidos hacia el público, de que se están haciendo cargo de los focos de tensión internacional arrastrados por décadas, como en este caso el de Corea del Norte y su desarrollo bélico nuclear.

Pyongyang respondió que el gobierno de Corea del Norte está dispuesto a enfrentar cualquier ataque, y ante esa respuesta Mike Pence agregó: “No pongan al presidente a prueba”.

Todo este intercambio de declaraciones entre absurdo y apocalíptico, en donde el telón de fondo es la amenaza nuclear, ocurre absolutamente fuera del marco multilateral de Naciones Unidas. No se ve mediación alguna de este tipo y toda la responsabilidad para ello recae en China, como si Corea del Norte fuera una provincia más de China. Por una parte, como que Estados Unidos estuviera dirigiendo al planeta y por otra, Corea del Norte, de facto actúa como una nación paria del sistema de Naciones Unidas.

La actual situación es tal como comenzó la brutal guerra que tiene por fecha en el calendario histórico occidental, el período de junio de 1950 a julio de 1953. Para Corea del Norte en cambio la guerra comienza en 1948, apenas fundada la república popular coreana. Es al año en que comienza la desestabilización de su nuevo gobierno para también impedir el avance del Ejército Rojo en China que finalmente triunfa en 1949 y permite fundar la República Popular China. Para Corea del Norte, es una guerra que comienza en 1948, cuestión que se omite para distorsionar la a visión sobre el conflicto.

En diversas declaraciones, la Casa Blanca ha descartado la acción preventiva con Corea del Norte aunque no definitivamente, siguiendo el dictamen antiguo de gobernar en que, “la última decisión es la próxima”. Como se trata de un asunto de armas nucleares que supuestamente Corea del Norte las tiene, aunque no necesariamente con capacidad de lanzamiento garantizado, ese fin de la paciencia estratégica está directamente relacionado a la acción preventiva usando armamento nuclear. En esta acción preventiva se sustenta el “principio del primer blanco”, que consiste en asestar un golpe definitivo que destruya la capacidad estratégica del enemigo para responder. Eso significa también liquidar a los líderes.

Es la receta de la guerra fría que dio resultados y que se conserva casi intacta a pesar del cambio de épocas. Existe una paradoja perversa en el diseño de liquidar al primer blanco estratégico usando la capacidad bélica nuclear. El provocar daño terminal al enemigo, impide hacer una evaluación de las implicancias del primer ataque. La estrategia militar norteamericana se ha apegado fielmente al principio del primer ataque y ha constituido así el eje de su supremacía y así también le ha ido, si observamos los resultados de su aplicación.

Existe una paradoja perversa en el diseño de liquidar al primer blanco estratégico usando la capacidad bélica nuclear. El provocar daño terminal al enemigo, impide hacer una evaluación de las implicancias del primer ataque. La estrategia militar norteamericana se ha apegado fielmente al principio del primer ataque y ha constituido así el eje de su supremacía y así también le ha ido, si observamos los resultados de su aplicación.

Donald Trump y su equipo de generales, están determinados por la estrategia a que les obliga el tipo de arma a usar y, que en el caso de Corea del Norte, es un arma nuclear. El margen para otras alternativas es estrecho. La acción preventiva de Estados Unidos no podría ser otra que destruir la capacidad bélica de la nación comunista aplicando el principio del primer golpe para destruir la capacidad de respuesta, y eso vendría acompañado con ponerle fin al actual gobierno.

En un extenso artículo de investigación de dos partes titulado The Button , (El Botón), por el botón para impulsar un ataque nuclear (The New Yorker, 25 de marzo y 1ro de abril ,1985), Daniel Ford, ilustra la doctrina de que liquidar los cerebros estratégicos es el propósito de todo ataque a una fuerza enemiga. Es el contexto de la confrontación que prevaleció en la guerra fría. En la tensión con la Unión Soviética, para Estados Unidos el plan primario de emergencia al detectar un ataque nuclear soviético, consistía en realizar un ataque nuclear preventivo atacando las bases militares estratégicas soviéticas. Eso implicaba en primer lugar descabezar sus líderes para evitar el lanzamiento de sus cohetes.

Durante la campaña en que ganó la presidencia, el tema nuclear se levantó y Trump hasta propuso que ciertos países como Corea del Sur y Japón podrían tener capacidad bélica nuclear, estando próximos a dos países como China y Corea del Norte que la poseen. Eso facilitaría su protección. “Estados unidos no puede seguir siendo el policía del mundo” ,dice Trump en una extensa entrevista con Haberman y Sanger en The New York Times del 26 de marzo de 2016. Muy lejos de tener asegurada su elección, se explaya con naturalidad respecto al uso de armas nucleares, subraya que “es el problema mayor de todos”, y “la usaría como el último paso absoluto”. No la descarta. En sus últimas declaraciones el vicepresidente Mike Pence señaló que “todas las alternativas están sobre la mesa”.

Desde esta perspectiva, en la confrontación con Corea del Norte, para el Pentágono, el uso de la estrategia de asestar un golpe determinante al primer blanco y liquidar cualquier posibilidad de respuesta de Pyongyang, permanece vigente. Como Donald Trump y sus dirigidos son proclives al rating de las encuestas y su popularidad sube con los dos últimos bombardeos, habrá que prepararse para algo que ya pareciera no ser tan sorpresivo, sino que es una tendencia.

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