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Donald Trump, los golpes y la mala prensa

por 21 mayo, 2017

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Los nuevos ataques contra Donald Trump y su aparente ineptitud en gobernar y en conducir la política exterior de EEUU, han recibido una tajante respuesta de la realidad misma. Esa que es manipulable por los medios en un comienzo, pero que al final se impone. Como dice un personaje de la novela 19Q4 de Murakami: “La realidad siempre es una sola. No dejarse engañar por las apariencias”. Esa realidad puede ser cambiante, pero sigue siendo una sola. Una lección de política exterior.
Todo concierne a la suposición de que Trump, al decirle al canciller ruso Lavrov en la Casa Blanca “que el ISIS tiene la capacidad de hacer reventar aviones usando notebooks”, podía ser algo más grave que los medios en Estados Unidos estuvieran informando al público y por ende al ISIS, que éstos eran espiados por Israel, la fuente de esa información.

La revelación de que Israel era la fuente fue obtenida por los medios, porque en la reunión de Trump con Lavrov sólo estaban ellos, a la que se sumaron el asesor seguridad nacional Mac Master y el secretario de estado Rex Tillerson. ¿Quién filtró la información?
Por los diferentes pedazos de información incoherente y dispersa de los medios, se desprende que lo único compartido como información en esa reunión, es que la fuente provenía desde una aldea en Siria y de un aliado de Estados Unidos. Ese único aliado es Israel, por lo tanto todo el mundo sabría, incluyendo al ISIS, que dentro del ISIS había probablemente un “topo” de la inteligencia israelí. Con esto se incitaba a la ira de Israel y al poderoso lobby israelí en Estados Unidos, lo que contribuiría u obligaría, a que republicanos y demócratas se unieran en este prolongado período de incertidumbre para encontrar el pie definitivo a la destitución de Trump y poner fin a su presidencia.

En otras palabras, el presidente de Estados Unidos es prisionero de los órganos de seguridad y no tiene ninguna potestad para compartir información al más alto nivel, en este caso con Rusia para combatir al terrorismo. Y todavía más, con la presión de Israel – con el fin de la luna de miel entre Netanyahu y Trump por sus declaraciones respecto a los territorios ocupados- Trump podría ser destituido.

En la política estadounidense, desde su surgimiento, Israel es la que une a demócratas y republicanos y, en gran medida determina la política exterior. Estados Unidos es la típica expresión del “estado de doble cuerpo”, un estado (Israel) incorporado en el aparato pensante del otro estado, en este caso Estados Unidos.
Era obvio que todo el episodio de que Trump no debía compartir información de alta seguridad nacional con Rusia, consistía en continuar incitando el antagonismo contra Rusia para perpetuar la idea de que el principal problema de Trump es su cercanía con Rusia. Como estrategia ha sido útil para desviar la atención de los problemas más profundos y medulares que aquejan a Estados Unidos en la división interna de la estructura de poder mayor.

Trump desafía al arquetipo convencional porque tampoco es un outsider como se ha dicho con frecuencia. Es un empresario multimillonario y también ha formado parte del mundillo mediático. A todas luces forma una parte tangencial de esa elite política que según él, no ha hecho bien las cosas y tiene al capitalismo en Estados Unidos destruido.

Y, digámoslo con claridad, el tema central de los enemigos de Trump que son muchos y variados desde la derecha a la izquierda, es cómo se debería proceder para que su presidencia sea lo más corta posible.
Ya había fallado la posibilidad con el despedido James Comey. Este episodio ya no servía como posibilidad de activar el impeachment para implementar la destitución en el congreso. Comey era el único testigo de sus diálogos con Trump acerca de las instrucciones para no continuar la investigación sobre supuestos vínculos entre Trump y su equipo con el gobierno ruso y empresarios rusos. La lucha por el poder es sin cuartel y en la metáfora, tan sangrienta como en el mejor western del maestro Sam Peckinpah.

Trump desafía al arquetipo convencional porque tampoco es un outsider como se ha dicho con frecuencia. Es un empresario multimillonario y también ha formado parte del mundillo mediático. A todas luces forma una parte tangencial de esa elite política que según él, no ha hecho bien las cosas y tiene al capitalismo en Estados Unidos destruido. El tema central es que Trump pertenece a otro bloque del poder que disputa un espacio a la elite política, económica y militar que ha gobernado en los últimos 50 años. Está enfrentando rivales políticos de esa poderosa elite. Principalmente las oligarquías representadas por los Bush, los Clinton, el grupo de poder que llevó a Obama a la presidencia dentro del partido demócrata, vinculado a la social democracia internacional. También a los organismos de seguridad y consorcios de armamentos que se han posicionado y generado un nuevo espacio de recursos en torno a los conflictos armados post guerra fría (Balcanes, Somalia, Sudán, Afganistán, Irak, Siria). Particularmente a la CIA con sus ramificaciones en el sistema privatizado de los servicios de inteligencia y en los consorcios de multimedia como CNN; y en los grupos empresariales que se reúnen en Davos. La CIA, con su ampliada gama de negocios ligados a su trabajo de inteligencia, se ha transformado en la corporación transnacional más poderosa del negocio del espionaje y la seguridad.

El golpe contra la presidencia de Donald Trump se ha urdido ni siquiera en forma tan silenciosa como parece. Las advertencias han sido abiertas. Al centro de ellas está la conexión de Trump con Rusia y la posible interferencia del Kremlin en los asuntos políticos de Estados Unidos. El partido demócrata en particular, ha insistido en la veta orientada a impedir que Donald Trump gobierne porque no garantiza la seguridad de la nación al estar asociado al mundo político y empresarial ruso.
Antes de dejar su cargo, el ex director de la CIA John Brennan le aconsejó a Trump «medir sus palabras» respecto a su desdén con los organismos de inteligencia. Le hizo ver no entender lo que significaba la amenaza de Rusia a Estados Unidos. El líder de la minoría del Partido Demócrata, Charles Schumer, cercano al riñón oligárquico de los Clinton, señaló  que “la comunidad de los servicios de inteligencia tenían versatilidad para enfrentar a Trump”. Un parlamentario británico, George Galloway, advirtió que la “CIA preparaba el asesinato de Trump.”

Todo sucede en una suerte de guerra civil entre bloques de poder. Poco se conoce a quiénes representa Donald Trump, se sabe quiénes desean destruir su mandato. La visita del canciller ruso Sergei Lavrov a la Casa Blanca durante esos intensos días, fue parte de la acción preventiva para evitar el golpe definitivo.

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