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Ciencia para el desarrollo sustentable

por 24 junio, 2017

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La solidez institucional y macroeconómica de Chile representa una enorme oportunidad de crecimiento y desarrollo para nuestro país. Sin embargo aún no hemos podido desarrollar la microeconomía de nuestra producción y particularmente la de nuestras exportaciones. En la década pasada hubo importantes avances en cuanto a financiar la Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) a través de la ley del Royalty Minero y con la creación del Fondo de Innovación para la Competitividad. Sin embargo nuestras agencias de fomento no están coordinadas y no tienen propósitos claros que permitan entregar fondos para generar impacto real y de largo plazo en la economía del país.

Pese a que el gasto de Chile en CTI es muy bajo en relación a la OECD, para 2017 el presupuesto conjunto para CTI y Emprendimiento de CONICYT y CORFO superó los USD$1000 millones. Este esfuerzo esta sub aprovechado ya que no hemos podido generar un acuerdo en cuanto a cómo invertirlo sabiamente. Los fondos se están repartiendo entre un largo número de instrumentos de fomento, administrados por agencias que son independientes entre sí, de manera que no tienen la obligación ni los incentivos para planificar juntas el futuro de Chile. Esto refleja la baja autoestima que nos tenemos, dado que no nos hemos atrevido a creer en nuestra capacidad de liderar y promover desde la ciencia el crecimiento económico y el desarrollo para todos los chilenos.

Nuestra política nacional de CTI debe formular una visión de Chile sobre la solidez de argumentos científicamente demostrados, adecuada a los desafíos y oportunidades específicos de nuestro país y que logre ser independiente del ciclo político. La selección de las principales disciplinas para potenciar el desarrollo científico y la inversión en capital humano debe estar guiada por preguntas concretas.

Lo que necesitamos es poner el foco en becas y centros científicos competentes a nivel internacional para así generar nuevas capacidades relacionadas a las industrias del futuro como la medicina y la robótica, dando un impulso a las exportaciones, al crecimiento y al desarrollo de Chile en el largo plazo.

Nuestra política nacional de CTI debe formular una visión de Chile sobre la solidez de argumentos científicamente demostrados, adecuada a los desafíos y oportunidades específicos de nuestro país y que logre ser independiente del ciclo político. La selección de las principales disciplinas para potenciar el desarrollo científico y la inversión en capital humano debe estar guiada por preguntas concretas. Debemos preguntarnos cuál es la magnitud potencial para el crecimiento del país que un determinado sector puede ofrecer, las ventajas que tenemos, las fallas de mercado que limitan el desarrollo de dicho sector y el mecanismo específico a través del cual la política pública puede proporcionar un impulso relevante a esa determinada industria.

Con la propuesta para la creación de un Ministerio de CTI se avanza mucho en visibilizar la importancia que tiene un sistema de CTI para el crecimiento futuro de Chile. La tarea que nos queda, luego de crear el Ministerio de CTI, será coordinar y focalizar todo su esfuerzo hacia metas reales de largo plazo. La discusión sobre las políticas de fomento intencionadas y coordinadas se encuentra ahora en el área chica del juego, las jugadas que están por venir determinarán el éxito del crecimiento económico, y del futuro desarrollo industrial y social de nuestro país.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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