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Cambio climático y nuestras acciones

por 15 octubre, 2017

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En los próximos 20 años será parte de nuestra vida mitigar los efectos del Cambio Climático con objeto de ir adaptando nuestros estilos de vida a un nuevo sistema económico, social y cultural más acorde con los requerimientos medioambientales. Hemos ido dilatando por demasiado tiempo reconocer la magnitud de la problemática y preparar respuestas rotundas. ¿Por qué no lo hicimos? En primer lugar, por la confusión creada por los medios de comunicación mundiales, los cuales desde los años 90s han protegido los intereses de las industrias del petróleo y el gas. Un ejemplo son las publicaciones del API (American Petroleum Institute) en las que usando modelos creados por los economistas, Paul Bernstein y W. David Montgomery confundieron a políticos y al público. Fueron los primeros “negacionistas” argumentando que las políticas para combatir el calentamiento global serían devastadoramente costosas, provocarían enormes pérdidas de empleos y sus costos económicos serían muy superiores a los beneficios ambientales. Así se consiguió años tras año la postergación de las medidas para hacer frente al cambio climático.

En segundo lugar, porque reconocidos economistas, con una creencia absoluta en los mecanismos de mercado, convencieron a muchos políticos que es mejor esperar a que se produzcan por si solo los ajustes entre consumo de combustibles fósiles y surgimiento de las energías renovables. Lo que sorprende de sus planteamientos es que cuando se trata de indicadores macroeconómicos como los “tipos de interés, PIB, empleo, IPC, inflación”, son muy estrictos,. Pero cuando se trata de indicadores medioambientales como “las concentraciones de CO2 en la atmósfera creciendo a más de 400 ppm diariamente”, simplemente lo ignoran, aunque se trate de la supervivencia del planeta en el cual opera el sistema económico. Los errores macroeconómicos producen quiebras de bancos, caídas de gobiernos, desempleo pero son reversibles, requieren un rescate y aplicar medidas correctivas, se recupera el sistema económico. En el caso del Cambio Climático, los errores producirán en último término catástrofes irreversibles, sin oportunidades para aplicar medidas de rescate y recuperación. El ecosistema se destruye, la humanidad paralizada y las especies se extinguen.

Los científicos han demostrado que es imperativo evitar que la concentración de CO2 en la atmósfera se dispare más allá de 450/550 ppm y que la temperatura global del planeta no aumente mucho más allá de 2 °C, por sobre el valor que existía en nuestra era pre-industrial. La comunidad internacional por fin ha reconocido que si continuamos emitiendo al mismo ritmo que el actual, la concentración de CO2 ascendería a 600/700 ppm y la temperatura global aumentaría a +4,5/5,5 °C en el período 2075/2100, con riesgos fuera de nuestro control. Este reconocimiento ha abierto un camino de esperanza y así lo atestigua el Acuerdo de Paris adoptado en Diciembre de 2015, después de arduas negociaciones, bajo el alero de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCC), en el cual nuestro país se comprometió a disminuir al año 2030 al menos en un 30% sus emisiones, usando como referencia los valores de 2007.

Pero esto no se termina aquí, tenemos que estar alerta. Debido a la inercia ya en curso que caracteriza al Cambio Climático, aunque no superemos los 2 °C, en el futuro no desaparecerán del todo los shocks, desastres, colapsos y desajustes a los que ya nos estamos acostumbrando y que han provocado enormes pérdidas económicas, vidas humanas, destrucción de ecosistemas. Los riesgos a nuestra seguridad, provisión de alimentos, resiliencia y seguridad de nuestras ciudades serán muy peligrosos si llegáramos a superar los 2 °C.

Señalemos que no tenemos por qué esperar que las acciones provengan sólo de nuestros dirigentes políticos, o de las políticas públicas que impulse el Gobierno o del Acuerdo de París. Muy por el contrario, hay muchas acciones que debemos abordar como un compromiso personal.

¿Qué acciones se han iniciado en Chile? En los últimos cuatro años varias e importantes. Recordemos que nuestro sector Energía es el más contaminante con un 77,4% del total de las emisiones de GEI, habiéndose elevado en 156,1% desde 1990, derivado del aumento del consumo de combustibles fósiles para generación eléctrica, transporte, industria y minería. El Gobierno de Bachelet lanzó la Política Energética Nacional “Energía 2050”, que supone una mirada de largo plazo con un plan de mitigación y uno de adaptación; análisis de instrumentos de mitigación; promoción de combustibles de bajas emisiones; y gestión de GEI en la gran industria. Hemos empezado a aplicar impuestos al CO2, que exigirán mejorar permanentemente los instrumentos de medición y verificación (MRV) de las emisiones, incluidos en la Reforma Tributaria, Ley 20.780 del 2015. El primero se aplica a venta de vehículos nuevos livianos, de acuerdo a su rendimiento urbano y sus emisiones de óxido de nitrógeno (NOx). El segundo se aplica a fuentes fijas y grava las emisiones a la atmósfera de los contaminantes locales NOx, material particulado (MP), y dióxido de azufre (SO2). El tercero es un impuesto directo a la emisión de CO2 de todas las fuentes. Su ejecución se inicia en 2017. Se trata de pasos iniciales, que orientarán nuestras políticas públicas en los mercados bilaterales, regionales, o global de carbono que se vayan configurando.

Todo esto es muy encomiable pero no podemos ser complacientes ya que aún queda mucho por hacer. Entre los desafíos más potentes figura ¿cómo modificar las actividades productivas acorde a los principios de la “eficiencia energética”?, ¿cómo hacer permanente el uso de fuentes de “energía primaria de bajo-consumo-de-carbón”?, ¿cómo llevar a cabo la electrificación paulatina de los sectores que actualmente utilizan combustibles fósiles, adaptándolos a una “red de electricidad limpia”?, ¿usamos la energía eólica disponible instalando molinos de viento mar adentro?, ¿aumentamos más la captación de la enorme energía solar disponible en nuestros desiertos?, ¿usamos la energía de las mareas?, ¿las geotérmicas? Todas estas interrogantes implican desafíos y acciones en el corto plazo. Estamos mal preparados ya que eran impensadas hace 5 años, pero es inevitable realizarlas para comenzar pronto a “descarbonizar” nuestra economía, auspiciando una verdadera “transición energética” hacia el uso predominante de fuentes renovables de energías. Se escribe y lee fácil, pero demandará cambios muy complejos, por momentos lentos, pero al fin y al cabo ineludibles si aspiramos a escapar de los peligros del Cambio Climático.

En este contexto y considerando que estamos en plena campaña presidencial, para nosotros lo más importante ahora, es votar. Elegir autoridades que entiendan el problema del Cambio Climático. Autoridades dispuestas a apoyar programas de investigación y desarrollo sobre “fuentes de energía primaria de bajo-consumo-de-carbón”. Autoridades que pongan en marcha redes de almacenamiento para asegurar entregas intermitentes de energía renovables como solar, mareas, eólica, con objeto que los sistemas de distribución a las comunidades funcionen adecuadamente. Personas que impulsen en pequeñas ciudades de nuestras regiones, procesos piloto de “transición energética” cuyo objetivo sean suministrar energía por lo menos un 60% renovable, con cero emisiones, democratizando su acceso y recuperando su gestión como servicio público. Si reducimos los consumos mediante la eficiencia energética, el autoconsumo y el uso responsable con generación local utilizando recursos propios, ya sean renovables (el sol, mareas, viento, biomasa...) o residuales, aseguraríamos un suministro de energía barata y elevaríamos el bienestar de la gente. Las ciudades europeas que iniciaron estos procesos en los últimos años redujeron un 10% el consumo municipal, reemplazaron por lo menos un 60% de las luces públicas por luces ledes, incrementaron un 40 % la generación eléctrica con renovables y comenzaron a suministrar electricidad limpia al 50% de los hogares.

Cabe subrayar que en los programas presentados al SERVEL algunos candidatos presidenciales se refieren al Cambio Climático y presentan propuestas, a excepción de Artés, Kast y Piñera que no hacen ninguna mención a la problemática y sus desafíos. No sabemos en qué planeta estarán viviendo. Pero el resto de los chilenos debemos estar alertas. Tenemos que ir a votar teniendo presente que si no tenemos un liderazgo político fuerte y un parlamento bien informado, no avanzaremos en la mitigación, adaptación y transición energética. Incluso podríamos volver atrás, haciendo las cosas “como siempre”, poniendo el crecimiento económico ante todo y permitiendo la emisión de enormes cantidades de CO2 por uso abusivo del carbón, la leña, petróleo y gas. Por esta y muchas otras razones, será clave contar con políticos honestos, sin intereses personales mezquinos. Pero resulta difícil hacerse muchas ilusiones ya que la experiencia nos muestra que no abundan, peor aún, constatamos que en los últimos años gran parte de los políticos chilenos han demostrado ser más “seguidores” que “líderes”.

Por último, señalemos que no tenemos por qué esperar que las acciones provengan sólo de nuestros dirigentes políticos, o de las políticas públicas que impulse el Gobierno o del Acuerdo de París. Muy por el contrario, hay muchas acciones que debemos abordar como un compromiso personal, por ejemplo:

a) Dejar de comer carne un día a la semana, la ganadería genera hasta un 9% de las emisiones de GEI mundial, por los excrementos, fertilizantes, maquinaria agrícola y las flatulencias del ganado. Las dietas con carne producen cerca del doble de emisiones de GEI que las vegetarianas. Las personas que consumen 100 gr de carne/día tienen emisiones de GEI entre 4,67 y 3,91 kg/día. Si deja de consumirla un día disminuirá sus emisiones en 140 kg de GHI al año;

b) desenchufar todos los aparatos eléctricos que no tenga en uso. Para el común de nuestros hogares eso ahorraría dinero y unos 400 kWh por año, es decir cerca de media tonelada de emisiones de CO2 extra por año;

c) desechar todas la botellas de plástico y no comprarlas más. Todos los años se queman millones de barriles de petróleo para producir botellas de plástico resultando en millones de toneladas de CO2, sin contar los otros millones de toneladas que se emiten al transportarlas. Usemos botellas de vidrio propias, ahorremos dinero, reduzcamos emisiones de CO2 y desecharemos menos basura al medioambiente;

d) reemplazar las ampolletas incandescentes y halógenas por ampolletas LED o por las de ahorro de energía, así reduciremos el consumo de electricidad hasta un 70% con las consiguiente reducción en nuestras emisiones de CO2 . Son más caras pero el ahorro de dinero es significativo. Si se reemplazan primero las 5 que usted utiliza más a menudo puede llegar a ahorrar una buena cantidad de dinero al año y le durarán 10 veces más que las corrientes; y

e) No conducir ni usar nuestro automóvil un día a la semana, nuestros autos son fuentes enormes de contaminación. Un auto emite cerca de 5 toneladas de CO2 a la atmósfera cada año. Muchos de nosotros necesitamos el auto para ir a trabajar o transportar nuestra familia, pero si disminuimos su uso es lo mejor que podemos hacer para combatir el Cambio Climático. No usarlo algunos fines de semana, pasear en bicicleta con la familia, o usar transporte público. Cuando llegue el momento de cambiarlo considere reemplazarlo por uno eléctrico o híbrido.

Estas acciones son un buen comienzo como contribución personal y seguramente podemos encontrar otras acciones que podamos hacer, lo importante es comenzar pronto ya que multiplicadas por millones constituirían una gran diferencia. Chile, su familia y las generaciones futuras se lo agradecerán.

Señalemos que no tenemos por qué esperar que las acciones provengan sólo de nuestros dirigentes políticos, o de las políticas públicas que impulse el Gobierno o del Acuerdo de París. Muy por el contrario, hay muchas acciones que debemos abordar como un compromiso personal.

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