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Una mujer extraordinaria

por 7 marzo, 2018

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Celina Llan Llán, protagonista de Alas de Mar

Cuando tenía alrededor de 20 años, Celina Llan Llán presenció cómo Carabineros expulsaba a su padre de Península Guzmán (seno Otway, próximo a Punta Arenas), territorio ancestral de su cultura kawésqar. La fuerza pública actuaba a instancias de los estancieros que desde hacía un siglo se venían instalando en la región, dejando a sus habitantes originarios sin acceso al mar, sus costas ni sus medios de subsistencia. En ese momento, Celina le prometió a su progenitor que lucharía toda la vida para que ni ella ni sus herederos vieran repetida aquella experiencia.

En 2008, cuando la conocí, Celina fue una de las pocas personas kawésqar que accedieron a ser registradas por mi cámara. Yo realizaba el documental Calafate, Zoológicos Humanos, y quería compartir con los kawésqar mi material filmado en Suiza, donde había encontrado los restos de 8 personas de esa cultura secuestrados en el siglo XIX para ser llevados a Europa y exhibidos como salvajes. Quienes se negaban a mi lente lo hacían por razones fundadas. Desde siempre, después de haber sufrido el despojo de sus tierras (más bien de sus islas) presenciaban la visita de fotógrafos e investigadores que les “arrebataban” sus historias y sus imágenes, y nunca volvían.

Pero no sólo tuve la suerte que Celina me dejara filmarla, en esa especie de pacto implícito según el cual yo seguía sus gestos mientras ella veía en un monitor nuestro descubrimiento en un Museo de la Universidad de Zürich. En una conversación inmediatamente posterior, me confió una parte de su historia personal, la que me “caló hondo”, pues hablaba de similares historias de abuso y transculturación que yo había leído en los libros, en mis tiempos de estudiante de Historia en la Universidad: la separación forzosa de su familia, su confinamiento desde niña en un internado de monjas, la pérdida de su idioma. Pero esta vez tenía ante mí un relato en carne y hueso, que parecía transportado desde un recóndito pasado para denunciar los horrores cometidos en esa región por el “hombre blanco”, transmitidos con una emoción y un espíritu de lucha sorprendentes. Me di cuenta entonces que estaba frente a Una Mujer Extraordinaria.

Celina me adelanta que una de las primeras cosas que harán, un vez que dispongan de su territorio, será cambiarle el nombre, utilizando un vocablo kawésqar (un idioma maravilloso, que hoy por hoy hablan solamente 12 seres humanos). Luego construirán una biblioteca que contenga una memoria de su cultura más auténtica que la historia oficial que nos ha transmitido la historiografía conservadora.

En ese mismo instante nació la idea de realizar Alas de Mar, la película siguiente, una historia que sería un viaje de regreso al origen junto a su madre, la abuela Rosa Catalán, después de muchos años de desarraigo.

En la filmación de febrero del 2014, en aquella navegación de dos semanas por fascinantes intersticios del estrecho de Magallanes, como son los senos Otway y Skyring, Celina nos mostró en terreno las huellas de su pasado y los leit motiv de su lucha presente. Allí destacaba su trabajo en la recuperación de la Isla Englefield, aquella ínsula de milenario significado sagrado y ritual, y a la que ancestralmente estuvo ligada su familia. Pero su reclamación ya no enfrentaba solamente a los estancieros. Su principal obstáculo provenía, increíblemente, de la propia Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, Conadi Punta Arenas, creada para salvaguardar los derechos de los indígenas pero manejada como una plataforma de cuestionables propósitos por su director regional, desde hace un par de décadas hasta la actualidad. Pero Celina fue persistente. Fue leal con la promesa a su padre y siempre se preocupó (mediante una impecable coherencia entre el decir y el actuar, algo que tantas veces olvidamos los chilenos) de ser ejemplo para sus hijos, sus nietos y toda su Comunidad. Requerida por Bienes Nacionales de Punta Arenas, la Conadi local emitió un Informe parcialmente verdadero, por ende parcialmente falso, sosteniendo que desconocía la presencia ancestral de la familia Llan Llán en Isla Englefield, base necesaria para proceder a su restitución.

Providencialmente se cruzaron en el camino de Celina dos otras mujeres bien inspiradas. La Presidenta Bachelet y la Ministra Nivia Palma, ésta última para destrabar la turbiedad de Conadi y firmar “por orden” de la primera, hace apenas algunos días, el decreto de transferencia gratuita de las 444 hectáreas de Isla Englefiel a la Comunidad Kawésqar liderada por Celina.

Celina me adelanta que una de las primeras cosas que harán, un vez que dispongan de su territorio, será cambiarle el nombre, utilizando un vocablo kawésqar (un idioma maravilloso, que hoy por hoy hablan solamente 12 seres humanos). Luego construirán una biblioteca que contenga una memoria de su cultura más auténtica que la historia oficial que nos ha transmitido la historiografía conservadora.

Según nuestras indagaciones en el Ministerio de Bienes Nacionales, nuestra película Alas de Mar (donde hay una escena en la mitad en que a Celina la tramitan y la tramitan infinitamente los funcionarios en su reclamación por la Isla) fue un gatillo para que la unidad técnica encargada de Tierras Indígenas en el Ministerio se “pusiera las pilas” y se encaramara a la altura que reclamaba este momento histórico.

En los días en que el Cine chileno de ficción da a la luz para el mundo a Daniela Vega, Una Mujer Fantástica, volvemos nuestra cámara a la Patagonia para reconocer y felicitar esta admirable historia de dignidad de Celina Llan Llán, Una Mujer Extraordinaria.

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