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Innovación colaborativa: la mirada del otro y las prácticas de la divergencia dialógica

por 17 marzo, 2018

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‘A la chilena’ es una expresión cultural propia de nuestro país, que nos remite a la idea de arreglar algo o resolver un asunto sin considerar necesariamente la sombra de futuro que nuestras decisiones y formas de proceder impactan esa particular gestión o abordaje de una materia en cuestión. Esta idea va de la mano con otras expresiones populares como al tuntún, al lote (desordenado, sin reglas) o ‘al lotijuai’, ajeno a cualquier condición de medir el impacto de nuestras decisiones y cómo se sostienen esas resoluciones en el tiempo, ya que ello implica consideraciones de calidad y sostenibilidad. A favor de la expresión ‘a la chilena’ podríamos decir que remite a una muestra de originalidad, tradición, ingenio o sello propio, una especie de ‘made in Chile’ aunque sin garantía efectiva de calidad en relación con ‘lo hecho’.

A nuestra manera, hemos resuelto tener hasta el día de hoy la Constitución Política que nos rige desde 1980, con sus parches, arreglos, alambritos en el engranaje, algunas reparaciones más pretensiones que otras. ‘A la chilena’ resolvemos también equilibrios precarios o desbalances devastadores en la relación medioambiente & crecimiento económico, o bien, en leyes como la Ley de Migración que data de 1975, sobrepasada hace décadas por los comportamientos migratorios y las estructuras institucionales, sociales, culturales, económicas que los soportan o albergan.

‘A la chilena’ también puede ser reflejo de mirar para el lado y copiar mal o adaptar mal, ya que no se asume necesariamente como un acto de inclusión o de apertura, sino de simplificación de procedimientos afincados en nuestros propios conocimientos y prácticas que consideramos desde la experiencia propia plausibles o lo mejor que se nos ocurre. Dicho de otra manera, copiar no es malo siempre y cuando se supere con creces al original, claro que para ello se requiere mentalidad de proyecto, así como prácticas innovadoras y colaborativas en el ejercicio mismo de gestionar, resolver o transformar algo. A nuestra pinta también inventamos neologismos híbridos para criticar o sustentar paradigmas o ejemplos negativos o positivos de una idea del país que queremos o rechazamos como ‘Chilezuela’ o ‘Chilemania’, es decir, a la chilena prevalece una interesante mentalidad quiltro a la hora de proyectarse.

Hay varias otras formas de resolver asuntos o problemáticas, cuando somos capaces de asumir la complejidad y dinámica del mundo que nos toca vivir, un espacio compartido, limitado, desconocido que exige convivencia, creatividad y colaboración. Como indica Alfons Cornella, ‘la innovación colaborativa’ no es un hecho aislado, sino una práctica que va adquiriendo importancia en todo el mundo y que, quizá, está llamada a convertirse en “la” forma estándar de innovar en los próximos años. La razón básica es simple: el mundo y los mercados son demasiado complejos para intentar resolverlos por nuestra cuenta o a nuestra manera.

Hay varias otras formas de resolver asuntos o problemáticas, cuando somos capaces de asumir la complejidad y dinámica del mundo que nos toca vivir, un espacio compartido, limitado, desconocido que exige convivencia, creatividad y colaboración. Como indica Alfons Cornella, ‘la innovación colaborativa’ no es un hecho aislado, sino una práctica que va adquiriendo importancia en todo el mundo y que, quizá, está llamada a convertirse en “la” forma estándar de innovar en los próximos años. La razón básica es simple: el mundo y los mercados son demasiado complejos para intentar resolverlos por nuestra cuenta o a nuestra manera.

Salirse o ir más allá de arreglar los asuntos ‘a la chilena’ pone en evidencia la necesidad de salirse de una zona de comodidad muy arraigada, cuya base cultural es el autoritarismo (la autoridad decide por los demás). En ese modelo cultural, la autoridad, quien quiera que sea, un gobierno, el poder legislativo, la gerencia, la cabeza del sindicato, etc., representa la solución y, los demás constituyen el problema. En un modelo de innovación colaborativa, un parlamento puede co-gestionar leyes con cualquier expresión de ciudadanía organizada de manera dialógica donde los disensos y las divergencias pueden ser parte fundamental en la construcción de consensos.

En el mundo empresarial conocemos las experiencias de código abierto y algunos casos de gobernanza directa en materia de asuntos públicos en la relación gobierno-ciudadanía, expresiones más generosas y abiertas que son antípodas del tráfico de influencias, el lobby soterrado. En lo público, en lo privado o en lo social la co-participación, la co-creación y el co-aprendizaje producen frutos de origen natural y de conocida procedencia.

En el ámbito de las ciencias no hay prácticamente campos de investigación relevantes en que un científico pueda trabajar solo, no solamente porque la exigencia está puesta en los equipos de investigadores donde quiera que estén, sino porque de manera natural están conectados por todo el planeta, sus temáticas, resultados, comprobaciones y refutaciones propias de diálogos científicos divergentes y convergentes. Un caso notable de alta colaboración es el de ATLAS en el CERN de Ginebra con más de 3.000 científicos de múltiples disciplinas colaborando para descifrar la estructura más profunda de la materia, así como los ejemplos de mash-ups que premian la innovación científica surgidas de alianzas disímiles o distantes como campos de estudio. En un Chile de innovaciones colaborativas sí se pueden mezclar las peras con las manzanas y sí son admisibles los chanchos en misa y encantados le podemos pedir peras al olmo a la hora de comenzar a parir prácticas innovadoras y colaborativas.

En el mundo contemporáneo la colaboración representa una ventaja por sobre las manos invisibles smithianas que masajean la competitividad a ultranza y el autoritarismo ciego. En el chile ‘a mi manera’ es parte del paisaje el complejo por exacerbar o inventar el conflicto, la tensión entre los actores como pauta o manual de periodismo de cuño tradicional basado en la creencia de que eso es lo que ‘vende’ y si no vende por sí mismo hay que salir a venderlo. En un Chile más quiltro y explorador de sus diferencias se expresa mejor la necesidad de innovar colaborativamente. Se hace normal colaborar, sea en la esfera de los negocios, las ciencias, la política, las artes, la seguridad ciudadana, los deportes o cualquier actividad humana donde el ‘estado de competencia’ no es más que un caso particular del ‘estado de colaboración’.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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