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Piñera: ¿Del déficit al superavit de política?

por 3 abril, 2018

Los hechos políticos de las tres primeras semanas del gobierno van configurando los contornos del “campo político” al interior del cual se va desarrollar la política en este nuevo ciclo presidencial. El diseño político del gobierno, los primeros momentos de la instalación, la total desarticulación de la oposición y las expectativas de una alto crecimiento, generaron condiciones para que el sector comenzará a ver como una posibilidad real el sueño de seguir en La Moneda más allá de 4 años; hasta de “20 años” habló un presidenciable subiéndose a las tácticas de vincularse con Aylwin y el ADN concertacionista en términos de tiempo, de crecimiento con inclusión y de consensos.
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La ofensiva del gobierno
Hay consenso de que al primer gobierno de Piñera le faltó “gestión política”. Los hechos políticos de estos primeros días muestran de modo evidente que han transitado del “déficit” al “superávit” político.
Siete son los hechos políticos que dan cuenta de esta ofensiva piñerista: Instalar la idea de que el gobierno anterior fue mentiroso, detener la licitación del Transantiago, retirar la urgencia al proyecto de Identidad de Género, el protocolo de las tres causales, el portazo a la Nueva Constitución, el modelo antiterrorista propuesto y la decisión del Tribunal Constitucional sobre el artículo # 63 de la Ley de Educación Superior. Nadie, podrá afirmar que el gobierno no ha sido audaz ni que no ha asumido riesgos; de los que está saliendo bien. Hasta ahora.
Estos hechos, en consecuencia, generan un clima político de confrontación y polarización muy distinto a lo que han buscado en las declaraciones que funda su diseño político: el dialogo, los acuerdos y el consenso. Las comisiones pre legislativas no gozan, como consecuencia del clima que se va instalando, de la legitimidad programada originalmente. Si bien, ya está funcionando la comisión de la infancia, no se puede desconocer que su comienzo no ha sido el esperado para una instancia de unidad, de urgencia y de transversalidad.
Este nuevo ciclo presidencial recién está empezando y el clima ya está enrarecido. En este contexto, ¿es casualidad el debate que se abre en torno a la violencia a partir del caso de José Antonio Kast y las agresiones que recibe en una Universidad?, ¿es casualidad la fisura interna que se produce en la defensa chilena en torno a la salida al mar de Bolivia como con el caso Guillier, del Frente Amplio y de algunos sectores del progresismo de centro-izquierda?
Los efectos de la ofensiva piñerista
Los hechos políticos de las tres primeras semanas no sólo han producido un clima de polaridad (contrario a lo buscado en las declaraciones), sino también han generado 3 efectos sobre el campo político post elecciones: el inicio de un nuevo ciclo de movilizaciones, la re-articulación de la oposición en defensa de las reformas y la Nueva Constitución y las primera fisuras al interior del bloque de gobierno.
El mundo social se moviliza. Los estudiantes –universitarios, secundarios y profesores- desde antes de la decisión del TC sobre el artículo # 63 ya se estaban organizando para comenzar la presión y al mismo tiempo enfrentándose verbalmente con el Ministro Varela. Los Mapuches ya recibieron la declaración de guerra. La demanda de la diversidad sexual y de la equidad de género esta alerta como también lo está el movimiento ambientalista a la espera de lo que suceda con Dominga.
Re-posicionamiento opositor. La política no da pausa ni descanso. La coyuntura, en consecuencia, obliga a que los partidos de oposición rápidamente dejen atrás la derrota política y electoral y se pongan a la “orden del día”. Los hechos de la coyuntura, por tanto, van generando condiciones para que las oposiciones se re-articulen y enfrenten a un gobierno que está más cerca de la “motosierra” que de los consensos. El acuerdo por las mesas de la cámara y las comisiones, la defensa de las reformas e instalación en la agenda de la nueva Constitución (reflotado por el fallo del Tribunal Constitucional), son hechos políticos que van configurando una oposición más cerca de la unidad de propósitos que acciones políticas dispersar sin eficiencia política.
Las primeras fisuras del oficialismo. Los partidos de gobierno también se comienzan a tensionar. Si bien, la coyuntura de los nombramientos y de la instalación fue exitosa, los hechos posteriores comienzan a generar tensiones entre ellos y con el gobierno. Desde RN ya se quejaron de que no fueron avisados de los anuncios de la Araucanía y desde al UDI de que es mejor primero hablar y acordar con ellos que con la oposición a propósitos de las comisiones y de los primeros acercamientos con la oposición. Luego, se abre un foco de conflicto por el proyecto de equidad de género; y ahora, por la presión que surge para modificar el Tribunal Constitucional es aspectos sustanciales como sus atribuciones y composición.
No hay que olvidar, que al gobierno y al sector todavía no están expuestos a la coyuntura presidencial que, sin duda, va generar muchas tensiones ya que se van a enfrentar por la conducción del sector distintas derechas y distintos liderazgos: un socialcristianismo conservador (Ossandón), un socialcristianismo liberal (Chahuán), una derecha liberal (Felipe Kast), una derecha gremialista (en busca de su liderazgo), una derecha conservadora (José Antonio Kast) y el candidato de Piñera que, al parecer, hoy se llama Alfredo Moreno. Si bien, hoy los movimientos de estos competidores son silenciosos ya están desplegándose. Inevitablemente, la coyuntura se va imponer por sí misma y las tensiones se va multiplicar.
Déficit político ¿de nuevo?
Rápidamente pasamos de un gobierno que por sus primeras acciones proyectaba una imagen de éxito y triunfo que lo podía llevar a gobernar Chile por 20 años, a un gobierno que empieza a operar en un clima tensionado con grandes potenciales de aumentar los conflictos que ponen en riesgo el “sueño” de la sucesión. Vemos, por tanto, que el clima político se va pareciendo cada vez más a lo que se viene manifestando desde el 2011, que al clima de los consensos y la unidad nacional que quiere instalar el piñerismo.
Tensionar el clima político en el contexto de un parlamento neutralizado, generar condiciones para que la oposición se re-articule y se posicione como fuerza competitiva y estimular que en el oficialismo comience la lucha interna de liderazgo y de proyectos, son variables que no favorecen la continuidad de la derecha en el gobierno; y por tanto, generan condiciones para que la oposición –en alguna fórmula política- vuelva a La Moneda; o la menos, se convierta en una fuerza competitiva.
La hipótesis es, por tanto, que el “superávit” de política expresado en las primeras decisiones que son una declaración de guerra a la oposición y al proyecto reformista, está mostrando otra forma del déficit de gestión política que ya vimos en la primera gestión y que condujo a una derrota electoral que fue interpretada en su momento como de una “debacle”. Es decir, que lo que se nos aparece como “superavit político” es la continuidad del déficit político que ya presenciamos hace 8 años.
Las tecnologías del poder ya saben que sucede cuando los gobiernos tienen una débil “gestión política”. Veremos, no obstante, como se van manifestando estas tendencias en las próximas semanas y si la ofensiva inaugural del gobierno genere efectos positivos o negativos para los planes políticos del gobierno.

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