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Mujeres y empresas: ahora sí se viene en serio

por 28 mayo, 2018

Mujeres y empresas: ahora sí se viene en serio
Todos hemos sido impresionados por la fuerza del huracán feminista que ha pasado por las calles, universidades, colegios, medios de comunicación y redes sociales en los últimos días. No tomarlo en serio sería en primer lugar una irresponsabilidad y, además, una actitud miope que puede costar cara a los actores llamados a institucionalizar estas demandas.
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Alexis de Tocqueville planteaba en su obra sobre la Revolución Francesa (El Antiguo Régimen y la Revolución) que la revolución, cuyo objeto era abolir los remanentes de  las instituciones medievales, no estalló en los países en donde  éstas eran más fuertes,  sino donde ese mundo había evolucionado, como Francia. Por algún motivo, el orden que se quiere modificar es más insoportable cuando el cambio parece posible.

En una escala distinta, algo similar ocurrió con los estudiantes en 2011 y pasa hoy con los movimientos feministas. Desde 2016 tenemos un Ministerio de la Mujer, en la última elección parlamentaria por primera vez tuvimos cuotas de género, se creó la figura jurídica del femicidio, los foros empresariales han dedicado horas y recursos a tratar el tema de la integración de la mujer y, efectivamente, muchas empresas han avanzado en este asunto. Pero en esta coyuntura, las acciones que se han tomado en equidad de género hacen más notorias las carencias que los progresos.

Hace cerca de un año que estamos analizado en profundidad las tendencias y consecuencias asociadas a la desconfianza pública hacia las instituciones y en especial hacia las empresas privadas. Desde el primer momento nos llamó la atención la brecha que existe actualmente en la confianza que hombres y mujeres tienen hacia las empresas.

Una revisión de diez años con datos de Latinobarómetro disponibles entre 2001 y 2012  muestra que, en promedio, durante ese periodo no hubo diferencias entre hombres y mujeres en este indicador. Sin embargo, a partir de 2013, vemos que en promedio existe un 5% menos de mujeres que hombres declarando confiar en las empresas (datos de encuesta Bicentenario). De hecho, en la última medición de 2017 esta brecha es de 7%.

Es posible que un número importante y quizás creciente de mujeres esté viendo en las empresas un símbolo de injusticia de género más que un espacio de desarrollo. Esto puede estar teniendo un impacto en la confianza que las mujeres tienen hacia las empresas y explicar –en parte- por qué ellas confían menos que los hombres en esta institución.

Para las empresas es el momento de pisar el acelerador y seguir las buenas prácticas que varias ya han implementado, pero por sobre todo de promover con rigor una cultura de trato equitativo. Con seguridad, los errores en este ámbito serán fuente de situaciones de crisis en el mundo privado cada vez con más frecuencia.



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