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Ordenar la migración: las fronteras como espectáculo

por 28 junio, 2018

Ordenar la migración: las fronteras como espectáculo
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Ordenar la casa en materia migratoria ha sido sin duda una buena estrategia de marketing comunicacional ya que apela a un elemento doméstico deseado por casi todas las personas: ¿quién no quisiera tener su hogar ordenado, limpio y bien organizado? Sin embargo, detrás de esta figura se esconde una realidad compleja, paradójica y que requiere la complementariedad de múltiples miradas de manera de evitar la dicotomía buen y mal migrante que se ha venido instalando con fuerza por la administración actual.

Las medidas adoptadas bajo la figura de ordenar la casa y la retórica que la ha acompañado apuntan a introducir una distinción entre el buen migrante, es decir aquellos que están regulares, con una conducta intachable, beneficiosos para el desarrollo del país, y que, por lo tanto, pueden quedarse, y por otro lado aquellos migrantes indeseados, delincuentes e irregulares, quienes deben ser expulsados, rechazados y devueltos a sus países de origen.

El problema surge precisamente con esta última idea ya que es allí donde el “no deseado” no es sólo quien cometió un delito penal, sino aquella persona que está en situación vulnerable, que es irregular (mal llamado ilegal) y que constituye una carga para el sistema social. Este criterio de diferenciación sin duda que rinde políticamente ya que permite mostrar fuerza para ordenar estos flujos y defender de ese modo, los “intereses de la nación”.

¿Pero es aplicable una expulsión de este tipo? El costo de aplicar una medida de estas características es altísimo. Es necesario disponer de una gran cantidad de recursos humanos, de tiempo para ubicar a las personas y luego contar con recursos económicos para trasladarlas de regreso a su país. La opción entonces fue montar un gran espectáculo de deportaciones, al decir de Nicholas de Génova, donde se muestra a 59 personas con órdenes de expulsión decretadas hace tiempo por delitos principalmente de tráfico de drogas, a un intendente hablando de la posibilidad de militarizar la frontera y al subsecretario anunciando una agenda de 2.000 expulsiones por delante. ¿Cuánto de ello se cumplirá? Probablemente mucho menos de lo anunciado, pero el efecto pirotécnico queda en la retina.

La construcción y uso de la dicotomía conlleva sin embargo la criminalización de la migración irregular, en primer lugar, y la sospecha hacia un espectro más amplio de migrantes, en segundo lugar. Cuando el subsecretario señala que se expulsará a quienes no se registraron porque “se asume que quienes no se inscriban (en el registro) es porque probablemente tienen antecedentes penales”, apunta precisamente a esto. La expulsión no está diseñada sólo para los infractores de la ley (sin establecer distinciones o matices según el tipo de infracción), sino que también para aquellos que puedan ser potencialmente infractores, definidos exclusivamente por no tener papeles.

¿Pero es aplicable una expulsión de este tipo? El costo de aplicar una medida de estas características es altísimo. Es necesario disponer de una gran cantidad de recursos humanos, de tiempo para ubicar a las personas y luego contar con recursos económicos para trasladarlas de regreso a su país. La opción entonces fue montar un gran espectáculo de deportaciones, al decir de Nicholas de Génova, donde se muestra a 59 personas con órdenes de expulsión decretadas hace tiempo por delitos principalmente de tráfico de drogas, a un intendente hablando de la posibilidad de militarizar la frontera y al subsecretario anunciando una agenda de 2.000 expulsiones por delante. ¿Cuánto de ello se cumplirá? Probablemente mucho menos de lo anunciado, pero el efecto pirotécnico queda en la retina.

Este espectáculo, sin embargo, no resuelve el fondo del tema. Chile seguirá atrayendo a miles de personas que buscan una oportunidad de vida en este país. Intentar detener este flujo es un discurso político más que una posibilidad real. Hoy en día continúan llegando diariamente personas provenientes de diversos países. La imposición de visa a ciudadanos haitianos es sólo un grupo de migrantes a quienes se les dificultó su arribo, pero no quiere decir que se detendrán. Tampoco es posible imponer visas a todos los países de la región ( a no ser que se quiera aislar al país completamente de su entorno). La pregunta entonces es cómo abordamos la inclusión de estas personas, asegurando sus derechos y promoviendo su rápida integración para que puedan desarrollar sus proyectos de vida y contribuir al país.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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