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Mapa de la vulnerabilidad: Cinco millones de historias

por 18 octubre, 2018

Mapa de la vulnerabilidad: Cinco millones de historias
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El martes 16 de octubre, asistimos a la presentación pública que el Presidente de la República hizo del “Mapa de la Vulnerabilidad”, una iniciativa liderada desde el Ministerio de Desarrollo Social, que pretende articular una respuesta coordinada entre el sector público y privado, construido desde la visión de la academia y la experiencia de las Organizaciones de la Sociedad Civil.

Todos los problemas sociales presentados son graves, y atentan directamente contra el ejercicio en plenitud de los derechos de los y las ciudadanas de este país, pero, por su abrumador e insólito número, asusta saber que, en Chile, más de cinco millones de adultos no finalizaron la escuela básica o media.

Cinco millones representan más del 30% de población activa, sobre 13 millones de adultos que viven en Chile. Pero hay una cifra aún más escalofriante, 2 millones y medio tienen menos de 45 años. La educación de adultos ya no es un tema de adultos o adultos mayores, es un tema de jóvenes. Jóvenes que dejaron la escuela, que sus proyectos de vida se vieron interrumpidos por diferentes razones…Porque se tuvieron que incorporar al mundo laboral, porque deben cuidar sus hogares, por problemas de alcohol y drogas, porque la escuela no supo responder a necesidades educativas especiales. Hay muchos “por quès” casi 5 millones, y cada uno diferente…piense el lector en alguien que conozca que no finalizó la educación básica o media, en su entorno, su círculo, no importa dónde viva o dónde trabaje, seguro que conoce a más de una persona que no pudo terminar a la escuela.

Si sumamos la cobertura total que existe para escolarización de adultos en Chile, incluyendo los centros de educación de adultos (CEIA) y los establecimientos educacionales que cuentan con tercera jornada y abren sus puertas en horario nocturno, más la modalidad flexible de exámenes libres, resulta un total de 187.371 adultos escolarizados, sobre una demanda potencial de casi cinco millones, esto representa el 3,22% o dicho, de otro modo, el 96,78% de los jóvenes y adultos sin estudios medios o básicos terminados en Chile no están escolarizados, ni están haciendo nada para nivelar sus estudios.

Lo cierto es que un país que se vanagloria de ser miembro de la OCDE, que tiene, probablemente, la economía más competitiva del cono sur y una de las rentas per cápita más altas de la región no se puede permitir esta cifra, es abrumadora, es indignante.

Los índices de pobreza multidimensional no se van a mover hasta que éste problema no sea atacado de raíz, ya que, en ésta medición de pobreza, el peso de los indicadores de educación afecta mucho a los resultados finales.

Si sumamos la cobertura total que existe para escolarización de adultos en Chile, incluyendo los centros de educación de adultos (CEIA) y los establecimientos educacionales que cuentan con tercera jornada y abren sus puertas en horario nocturno, más la modalidad flexible de exámenes libres, resulta un total de 187.371 adultos escolarizados, sobre una demanda potencial de casi cinco millones, esto representa el 3,22% o dicho, de otro modo, el 96,78% de los jóvenes y adultos sin estudios medios o básicos terminados en Chile no están escolarizados, ni están haciendo nada para nivelar sus estudios.

Sin educación básica o media finalizada en Chile, el acceso a empleo es difícil, y para aquellos que acceden la renta se sitúa en las franjas más bajas. Muchos de ellas y ellos se van obligados a trabajar en empleos sin regulación, economía sumergida o contratos con muy pocas prestaciones sociales. El efecto es inmediato, con la educación media finalizada las condiciones laborales mejoran mucho, y con educación universitaria, de promedio, se duplicará la renta percibida. Más educación implica más y mejor empleo, acceso a oportunidades, movilidad social, mejora en la calidad de vida y mejores referentes para las siguientes generaciones.

Es necesario un aumento exponencial de la oferta educativa, esto implica abrir más centros, en más lugares, acercar a todas y todos los ciudadanos la posibilidad de asistir a la escuela, de revivir la experiencia de lo que ocurre en el aula, de volver a sentarse en una silla de clase, de soñar y proyectar lo que quieren hacer, de retomar sus proyectos de vida. Además, debemos generar promoción de la demanda, sólo abriendo escuelas no solucionaremos nada, tendremos colegios de adultos vacíos. El esfuerzo debe ser comunitario, vincular a los líderes comunales, juntas de vecinos, organizaciones sociales, municipalidades para motivar y acompañar a las y los adultos que deciden volver a la escuela, para que ésta segunda vez sea definitiva.

El desafío es enorme, los esfuerzos y alianzas también deben serlo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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