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Cuarto pilar de la seguridad social: salud, envejecimiento y cuidados de largo plazo

por 30 octubre, 2018

Cuarto pilar de la seguridad social: salud, envejecimiento y cuidados de largo plazo
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Actualmente los temas relacionados con la atención de salud de la población se presentan con mucha frecuencia en los medios de comunicación, incluyendo las redes sociales. De una parte, es ya recurrente los reclamos judicializados de los usuarios de las Isapres que estiman vulnerados sus derechos, es decir, que reclaman que las instituciones previsionales tienden a reducir las coberturas de los afiliados a través de múltiples argumentos. Si bien, estas argucias legales no son posibles en el sector público, nadie podría desconocer que éste presenta otros serios problemas, especialmente el relacionado con las listas de espera que pueden ser sanitariamente intolerables.

Una reforma es necesaria. Hemos dicho con frecuencia que en todos los países cada 10 años, aproximadamente, se plantean necesidades de reforma. La razón es que hay cambios demográficos, epidemiológicos y tecnológicos que exigen que los sistemas de salud deban adecuarse para ser capaces de dar cuenta de las nuevas demandas de una población, cada vez más empoderada.

Chile tiene una tasa de fertilidad de 1,7 hijos por mujer en edad fértil. La esperanza de vida crece tres meses cada año. La educación promedio ha aumentado vertiginosamente tal que los ciudadanos que acuden a los servicios de salud reclaman calidad y tratos adecuados.  Los tipos de enfermedades de mayor frecuencia e importancia en cuanto a la demanda de recursos sanitarios son ahora las crónicas no trasmisibles (con la sola excepción del VIH-SIDA).

Todos estos cambios provienen desde el lado de la demanda, pero ¿están siendo previstos por el lado de la oferta, es decir, por el lado de las instituciones proveedoras de servicios (establecimientos de salud sean clínicas, hospitales o instancias de atención primaria del sector público)? Asimismo, ¿cree la población que está mejor atendida que antes? Hay serias dudas a este respecto.

Será necesariamente la sociedad en su sentido más amplio que deberá tomar a cargo estas nuevas modalidades y sus necesidades. Sea mediante pago privado individualizado que actualmente es muy caro o muy deficiente en calidad, o mediante apoyo público que es altamente insuficiente (hoy existe un millón y medio de personas de más de 65 años en Chile y muy pocos “albergues” para adultos mayores).

El problema esencial es que, a falta de conceptos, decisiones y capacidades de planificación, Chile ha dejado todas las grandes decisiones a manos del mercado lo cual, en salud, es aún un error más grave.

La Asociación de Economía de la Salud (AES-Chile) que tiene su seminario anual entre el 7 y el 9 de noviembre en Santiago está alertando acerca de que si el país no enfrenta estos cambios, tendremos un sistema de salud público desactualizado y un sistema de salud privado reservado apenas para las elites adineradas.

Es bueno, en ciertos casos, examinar las situaciones a partir de los riesgos de no hacer los cambios necesarios. Por ejemplo, el 26% de la población en 2050 tendrá más de 65 años y, de ellos, un cuarto necesitará apoyo de terceros para satisfacer sus necesidades básicas, sea por falta de autonomía física o por enfermedades mentales inhabilitantes.

El asunto es que estas personas de todos modos vivirán más y que si los sistemas de salud no cambian esperarán pacientes de otras edades con enfermedades que ya no existen y con un contexto social diferente. Hasta hace poco se decía en los consultorios “usted abuelita, con quien vino para indicarle cuándo, cómo y cuántas pastillas debe tomar”. Nada de eso. La “abuelita” de hoy no acepta este trato despectivo y no está ahí con nadie -ni lo estará- porque todos sus familiares trabajan y no pueden acompañarla. Más aún, vive sola y tiene pocas relaciones interpersonales.

Será necesariamente la sociedad en su sentido más amplio que deberá tomar a cargo estas nuevas modalidades y sus necesidades. Sea mediante pago privado individualizado que actualmente es muy caro o muy deficiente en calidad, o mediante apoyo público que es altamente insuficiente (hoy existe un millón y medio de personas de más de 65 años en Chile y muy pocos “albergues” para adultos mayores).

En definitiva, los llamados cuidados de largo plazo que deben vincular asistencia en salud con otras necesidades de adultos mayores, constituye una política social prioritaria que fue bautizada como el cuarto pilar de la seguridad social. En el país es aún una rudimentaria idea -aunque hay iniciativas asistencialistas- y que se discute, apenas, en foros como los que convoca la AES-Chile.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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