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El imaginario social de la derecha: Iluminismo Compasivo

por 8 noviembre, 2018

El imaginario social de la derecha: Iluminismo Compasivo
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En políticas públicas, se afirma que cada intervención hecha en la sociedad constituye una oportunidad para crear una especie de “ciudadanía sectorial”, es decir, un espacio de debate y pugna en el que los distintos actores que serán “tocados” eventual o realmente por las decisiones adoptadas en ese espacio, lucharán por constituir el problema público que se quiere abordar, así como debatirán sobre las lógicas de sentido y también concretas con que se implementará la política pública.

Entre otras cosas, esta mirada, expuesta por la politóloga francesa Sophie Duchesne, nos recuerda que en las políticas públicas definidas en un contexto democrático, no es separable el componente técnico-regulatorio de estas, de la dimensión de legitimidad de las mismas.

Durante los últimos días el gobierno dio a conocer lo que denominó “Compromiso País”, iniciativa a la que convocó una serie de muy destacados empresarios con el objetivo de gestionar soluciones para 16 grupos vulnerables, definiendo muy precisamente los nichos de acción que serían estratégicos para el logro de la iniciativa.

Más allá de las críticas que se han hecho públicas durante los últimos días sobre el rol de los empresarios convocados, en cuanto a su rol social de emprendedores y el aporte que desde ese rol podrían hacer directamente a la superación de nichos de vulnerabilidad y desigualdad en sus funciones diarias (pagar a los pequeños en plazos razonables, aceptar más poder de negociación de los sindicatos, generar mayor inversión en innovación y tecnología, no coludirse, pagar más impuestos, etc.), llama poderosamente la atención, que la iniciativa gubernamental no haya considerado a los directamente afectados por los objetivos de la iniciativa planteada. ¿Dónde está el mundo de los actores de la pobreza en dicha mesa? ¿Dónde están los trabajadores y los pequeños emprendedores? ¿Dónde están los ancianos en condiciones de vulnerabilidad?

Más allá de las críticas que se han hecho públicas durante los últimos días sobre el rol de los empresarios convocados, en cuanto a su rol social de emprendedores y el aporte que desde ese rol podrían hacer directamente a la superación de nichos de vulnerabilidad y desigualdad en sus funciones diarias (pagar a los pequeños en plazos razonables, aceptar más poder de negociación de los sindicatos, generar mayor inversión en innovación y tecnología, no coludirse, pagar más impuestos, etc.), llama poderosamente la atención, que la iniciativa gubernamental no haya considerado a los directamente afectados por los objetivos de la iniciativa planteada. ¿Dónde está el mundo de los actores de la pobreza en dicha mesa? ¿Dónde están los trabajadores y los pequeños emprendedores? ¿Dónde están los ancianos en condiciones de vulnerabilidad?

La cuestión de la definición de focos claros de acción siempre es bienvenida en la gestión de políticas públicas. Sin embargo cuando ello se hace sólo desde la distancia del puro conocimiento técnico, o del experimento y del modelo estadístico de regresiones, en el ámbito de la política social, ello se puede tornar en una aberración de marca mayor.

Los actores afectados serán traídos al debate como objeto de intervención pero no como protagonistas. Hasta ahora los actores principales fueron los empresarios. Como resultado, las medidas elegidas y testeadas, podrán tener un componente técnico y racional, sin embargo carecerán de legitimidad y, seguramente, de pertinencia subjetiva entre los actores.

En esta gestualidad el Gobierno instala una suerte de iluminismo compasivo de la elite empresarial. No es un camino que convenga a nuestra democracia. Menos cuando sólo hace algunos días el plebiscito comunal sobre un parque en Santiago, mostró con absoluta claridad que, muchas veces, las geniales ideas de la elite, no calzan con las necesidades y miradas de los ciudadanos.

Sólo cuando se vuelvan a diseñar e implementar las políticas públicas en contacto con las subjetividades involucradas, aunque ello genere mas “costos de transacción” y soluciones “mas caras”, las políticas adoptadas podrán ser aceptadas como legítimas, satisfactorias y cercanas. La subjetividad no es una variable blanda que sólo pueda acompañar, a modo de colgajo estético, la racionalidad técnica de las soluciones sociales. La representatividad no se juega sólo en el parlamento, también en la forma de actual del Ejecutivo. Era cierto hace 8 años y hoy lo es más todavía.

Eolo Díaz-Tendero E.
Politólogo

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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