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Frei, Lagos y Bachelet: expresidentes emporcados

por 19 septiembre, 2019

Frei, Lagos y Bachelet: expresidentes emporcados
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Todavía me acuerdo de mi profesor normalista de la enseñanza básica cuando hablaba de la ejemplaridad de los ex Presidentes de la República. Ponía énfasis. Lo hacía a propósito. Eran los ochenta y sin ánimo partisano nos contaba historias de Jorge Alessandri que seguramente leía en el diario de la época (que caminaba por las calles de Santiago centro, que tenía un humilde departamento), de Allende (que le decían “el Chicho”, que era digno y que suicidó por amor a la patria, que lo que hicieron los militares antidemocráticos fue una aberración), y bueno, también nos hablaba de “el otro Alessandri”, de Arturo, que fue con el que tuvo más éxito, pues en aquellos años nos llevó a la estación de trenes de Talca a ver una exposición de sus reliquias, entre las que estaban las de Ulk, el tremendo perro de don Arturo… todavía recuerdo el momento de la foto. Qué decir además, de las historias de los presidentes radicales. Era todo un placer escuchar a ese profesor hablar con orgullo de los presidentes de Chile.

Cuando llegaba a Pinochet, decía con tono dramático: “¡Es un ladino, ése es un ladino!”… Allá íbamos los más aplicados a la hora del recreo a buscar el significado de esas palabras que usaba nuestro profesor, a la RAE de la biblioteca de la escuela y pensábamos, “Pinocho es un ladino”, qué gran definición.

Mi abuela, por la misma época, era fanática de Frei padre. Nuestro profesor nos hablaba muy bien de él también. Mucha gente estaba agradecida de su gestión. De su honestidad, de su preocupación por la clase media, por los pequeños emprendedores, por el pueblo en general. Era nuestro Kennedy.

En fin, mucha gente incauta creyó que con la vuelta de la democracia en los noventa, esta tradición de honor, continuaría.

Nadie nunca pensó, excepto los más politiqueros, que los políticos se convertirían muchos de ellos en “la clase política”. Una casta de privilegiados de la justicia, millonarios, de la altas elites, y sin remilgos a la hora de actuar a favor del neoliberalismo y en contra de la salud o la educación pública.

“Ladinos” les diría a todos ellos, hoy por hoy, ese profesor normalista que antaño le tenía fe a la República. Gracias a dios murió hace ya muchos años antes de ver esta catástrofe de la cual hoy somos testigos.

El House of cards de los ex presidentes de Chile. Como un castillo de naipes, se caen uno a uno, día a día. Emporcados todos, uno ya no sabe en qué o en quién confiar.

¿Cabe aferrarse a la mitología que se aprendió en la época escolar, una mitología que se cae a pedazos?

Héroes de arena que el viento de la memoria borra rápidamente. Hoy cualquiera es un best seller contando estas boberías, estas historias secretas de Chile. Le pregunté al señor de la feria –por acá, al sur de Santiago- en cuánto vendía la colección de historias secretas de Chile. Me dijo que los cinco volúmenes piratas me los dejaba en 15 lucas. Le pregunté solo por saber. Vende como pan caliente la historia secreta de Chile. A mí me bastó con sólo leer las primeras páginas del volumen uno, en una librería del centro, para darme cuenta de la basura de la mitología chilena, de la poca monta de nuestros secretos, de la ignominia editorial que vende y del negociado de los piratas, que visto en perspectiva, no sé cuál es peor. Las editoriales supongo, más que el pobre “autor”, que de autor, como diría Foucault, no tiene absolutamente nada. Edwards Bello es una catedral al lado de ese modo fantoche de predicador literario.

La historia secreta de nuestros ex presidentes recientes es así de ordinaria. Nada de qué relatar en las clases de historia de enseñanza básica para las nuevas generaciones. Ninguna épica. A excepción, claro está, para los adoradores de “O mecanismo” en Netflix. A ellos les encanta este tipo de series. A mí me pudre. Qué decir para la “ultra izquierda winner”, que del espécimen “profesor de historia” abunda: les acomoda ser de la ultra, pero son tan winners como sus antagonistas de ultra derecha, pues la poltrona es la misma.

¿Cuánta cantinela me ha tocado escuchar de la ejemplaridad de Chile en su retorno a la democracia? Ahí tenemos. Todos emporcados… a lo Pinochet, ladino, con cuentas en el banco Riggs.

Feliz 18 mejor y viva Chile.

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