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Liberalismo y constitución

por Juan Omar Cofré 5 octubre, 2019

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Señor Director:
A fin de cuentas, la constitución y las leyes no son más que instrumentos jurídicos ( H. Kelsen)que una sociedad se da para contribuir a alcanzar sus objetivos y fines más preciados ( J.Millas). Una verdadera constitución debe ser una institución jurídica justa ( J. Ralws), y lo es en la medida que responda a las aspiraciones políticas, económicas y sociales de su comunidad.A principios y durante los tiempos modernos, los ciudadanos discutían acerca de cuál sería la mejor doctrina o filosofía práctica que debiera inspirar una constitución para que esta cumpla sus altos fines. Superada la monarquía absoluta, la disputa principal se dio entre el liberalismo de Smith y los pensadores británicos y franceses, y el socialismo al modo como lo concebían Marx y Engels.

Esta controversia también alcanzó a las jóvenes repúblicas independizadas de Hispanoamérica, y en Chile nunca dejó de debatirse este importante problema. Como quiera que haya sido, bajo el gobierno militar emergió una nueva constitución, una verdadera constitución, se dijo, portal de la auténtica democracia, inspirada y sustentada -especialmente en lo económico y político- por el liberalismo, o si se quiere neoliberalismo moderno. Si eso es así, entonces el liberalismo es la doctrina o filosofía política que sustenta conceptualmente la nueva constitución y le insufla un nuevo espíritu. El texto y la estructura constitucionales no son, pues, más que la manifestación emergente de las ideas que las sustentan, y que han sido consideradas hasta aquí de notable valor por un numeroso grupo de políticos del país.

Conviene entonces recordar algunos de los principios esenciales del liberalismo, es decir, principios sin los cuales el liberalismo deja de ser lo que es o se transforma en una doctrina diferente. La piedra angular de esta concepción consiste en concebir la persona humana, y por tanto el ciudadano, como un ser radicalmente libre, tan libre que siendo capaz de hacer uso público y privado de la razón, toma sus propias decisiones y es capaz de diseñar, con autonomía absoluta, su proyecto de vida personal y comunitario. El Estado, la ley y la autoridad pasan a un segundo plano y solo se justifican, según Kant y los pensadores modernos, si contribuyen a que el ciudadano alcance las más altas cotas de autonomía y libertad. Libertad de pensamiento, de expresión, de comercio y de posesión de bienes. El paternalismo autoritario o sentimental queda fuera de lugar y en su remplazo surge la responsabilidad ciudadana del individuo.

Sabiéndolo o no, la mayoría de nuestros políticos han asumido expresa o tácitamente esta doctrina, también las clases dirigentes, el empresariado y muchos intelectuales. Sin embargo, ha llegado la hora de la verdad. La profesora que demanda a una AFP para que le permita retirar sus fondos, cree en la autonomía y en la libertad. Si ella es la legítima dueña de sus ahorros -parece razonar- sería natural, conforme a esta luz, que reclame y obtenga lo suyo; después de todo, se dice, la justicia consiste en dar a cada cual lo suyo. Pero de pronto, los que
ayer alababan la autodeterminación de la persona, argumentan ahora que hay que hacerse cargo de esas personas que ni siquiera saben lo que es bueno para ellas mismas, recayendo en un paternalismo inaceptable y argumentando, además, que si se deja libres a las personas para que elijan entre dejar sus fondos en las AFP o retirarlos, aunque sea parcialmente y por motivos calificados, se lesionarían gravemente estas
instituciones privadas. Ese es un argumento típico de un dictador, pero no de un demócrata liberal.

Todo aquel que inicia una actividad económica, bajo las banderas del liberalismo, entra al ruedo y tiene que jugar con las reglas que el juego dispone. Debe aceptar un riesgo permitido, y debe, por tanto, estar dispuesto a ganar o perder, conforme lo disponen las leyes del mercado y la libertad de los individuos en una sociedad liberal y democrática.

Juan Omar Cofré. Dr Phil.

Profesor de Filosofía del Derecho.

Miembro de la Academia Chilena de Ciencias
Sociales, Políticas y Morales.

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