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OPINIÓN

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La vergüenza de Salah y Fazio

por 22 noviembre, 2018

La vergüenza de Salah y Fazio
No deja de llamar la atención el cerco que intentó poner Salah y compañía al no autorizar el minuto de silencio entre el partido de Chile y la selección hondureña. Hacer una separación entre fútbol y los intereses de la sociedad es un contrasentido que remarca lo errados que están los dirigentes, cuando justamente son estos dueños de sociedades anónimas o dirigentes nacionales quienes utilizan los estadios construidos con impuestos de todos(as) sin dejar absolutamente nada para la ciudad o comuna, quienes utilizan miles de funcionarios estatales para sus eventos deportivos, quienes paralizan el tránsito y quienes constantemente son favorecidos con fondos públicos.
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El día de ayer Arturo Salah y Andrés Fazio justificaban públicamente el no realizar un minuto de silencio, solicitado por el Club Social y Deportivo Colo Colo, previo al partido de la selección nacional de fútbol, en memoria de Camilo Catrillanca, en la supuesta nula relación de estos “accidentes” y el fútbol.

La dignidad y el sentido común le dieron la espalda a esta estrategia que por años han utilizado algunos actores políticos y grupos de poder. Fueron justamente los jugadores quienes dieron una muestra de humanidad y altura que a los dirigentes les falta o simplemente no conocen.

Mas allá de saludar la actitud y gesto de nuestros jugadores en busca de la paz social y del necesario homenaje a los caídos, la actitud y dichos de Salah abren la discusión respecto a la relación entre el fútbol y la política o, si quieren denominarle así, los problemas sociales de nuestro país.

Pareciera obvio que el fútbol está inmerso en una sociedad y que sus actores principales son vistos por miles de niños y adultos como sujetos a imitar tanto dentro como fuera de la cancha. Lo que a los ojos de muchos pareciera tan obvio, algunos llevan años y décadas tratando de ocultarlo o, más bien, de manejarlo para sus intereses, lo cual no es otra que mantener el fútbol y sus actores como una burbuja y el opio del pueblo, una especie de circo romano en el cual solo exista diversión y no les interese ser parte de la sociedad en la que conviven diariamente.

Pareciera obvio que el fútbol está inmerso en una sociedad y que sus actores principales son vistos por miles de niños y adultos como sujetos a imitar tanto dentro como fuera de la cancha. Lo que a los ojos de muchos pareciera tan obvio, algunos llevan años y décadas tratando de ocultarlo o, más bien, de manejarlo para sus intereses, lo cual no es otra que mantener el fútbol y sus actores como una burbuja y el opio del pueblo, una especie de circo romano en el cual solo exista diversión y no les interese ser parte de la sociedad en la que conviven diariamente.

Quienes aprovechan esta supuesta disociación entre fútbol y sociedad son grupos de interés que en todo ámbito de cosas buscan que las personas no se organicen, agrupen, debatan y menos aun exijan derechos o reclamen la propiedad de sus clubes. De permitirlo, implica para ellos la desestabilización social con el argumento falaz de que nada tiene que ver con el deporte, supuestamente.

Es así como a estos dirigentes les parece raro o inapropiado cuando un futbolista manifiesta su postura política o cuando opina sobre la contingencia nacional o mundial, total ellos están solo para jugar a la pelotita.

Cuando pensamos e intentamos construir una sociedad en la que cada cual trabaje como un robot, no se involucre con el otro y, por lo mismo, ni siquiera logre empatizar con sus compañeros(as), el triunfo lo logran los Salah y compañía; en cambio, cuando entendemos el fútbol como un actor más en la humanización de nuestra sociedad, como un aporte a la transmisión de valores universales como debiese ser el respeto por la vida, la diferencia y la autodeterminación, quienes ganamos somos todos(as) y tal vez ahí está el gran problema con quienes dirigen las sociedades anónimas deportivas y la ANFP: justamente el problema es cuando la inmensa mayoría piensa y, por lo mismo, exige sus derechos.

Por último, no deja de llamar la atención este cerco o línea sagrada que intentan marcar entre el fútbol y la sociedad o la política, cuando justamente son estos dueños de sociedades anónimas o dirigentes nacionales quienes utilizan los estadios construidos con impuestos de todos(as) sin dejar absolutamente nada para la ciudad o comuna, quienes utilizan miles de funcionarios estatales para sus eventos deportivos, quienes paralizan el tránsito y quienes constantemente son favorecidos con fondos públicos.

Lo que nunca entendieron los Salah y sus jefes es que ya despertó la sociedad, de a poco pero despertó y ayer fueron los jugadores, pero mañana serán los hinchas y socios(as) de los clubes y ahí no habrá vuelta atrás.

La postura de Salah y compañía fue muy bien resumida en el espacio El Mostrador en La Clave, cuando se parafraseó el tango "Qué me van a hablar de amor", al afirmar que “Hay algunos que por mantener sus zapatos limpios prefieren caminar de rodillas”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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