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“Usted no es na', no es chicha ni limoná”

por 15 abril, 2019

“Usted no es na', no es chicha ni limoná”
Es un hecho que, ese miércoles 10, circularon rápidamente en las redes sociales muchos memes que apuntaron a mostrar la ambigüedad y zigzagueos que la Democracia Cristiana ha tenido en su historia, rasgos que se han agudizado con los años. Sin ir más lejos, y a propósito de la partida de Alberto Cortez, uno de los mensajes que graficaron la conducta DC fue el de la canción “No soy de aquí ni soy de allá”, lo que hizo recordar aquella pieza magistral de ironía que Víctor Jara le dedicó a dicho partido en los años 70: “Usted no es na', no es chicha ni limoná”.
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El Consejo Nacional de la Democracia Cristiana, que se desarrollará hoy, será uno de los más complejos de la historia de este partido fundado en 1957 y que vive un momento muy delicado. A partir de la decisión tomada por la directiva de la DC la semana pasada –de apoyar la idea de legislar la Reforma Tributaria–, se produjo un quiebre interno que parece recién estar dando luces sobre la verdadera profundidad del daño.

Aunque el sentido común indica que, cuando alguien arriesga romper un pacto con otros aliados apenas firmado una semana antes, y a dividir un partido en dos, debería contar con un poderoso argumento, hasta ahora, dentro del propio partido, además del desconcierto, circulan todo tipo de especulaciones, pero ninguna certeza.

La verdad es que este fue un regalo caído del cielo para el Gobierno. Llegó en el momento más difícil. Una fuerte baja en las encuestas en menos de un mes –entre 10 y 19 puntos– y un intento fallido de diálogo con los partidos que expuso más de la cuenta al Presidente Piñera. Hasta unos días antes la daban por perdida, incluso llegaron a presentar dos alternativas al proyecto original, en una señal de preocupación evidente de La Moneda en cuanto a que la tramitación de las iniciativas emblemáticas será extremadamente compleja.

Pero, además, el regalo DC rompió la unidad entre los partidos de la oposición que recién estaba dando signos de recuperación, luego de un año para el olvido. Más allá de la convicción que tuvo Chahin para confiar en las modificaciones al proyecto del ministro Felipe Larraín –el único ganador de este episodio–, que incluyó en la segunda propuesta, el error político de la falange fue votar separada del resto, tratando de marcar distancia. Aunque, honestamente, yo creo que había que aprobar la idea de legislar, si no el costo político para la oposición sería muy alto. El dilema era todos por sí o todos por no.

¿Qué buscaba Chahin con esta decisión? La lectura más obvia es que el conservador presidente de la DC está haciendo una apuesta –a costa de lo que sea– por levantar a un partido que viene en caída libre desde hace ya un rato.

Para nadie es un misterio que, al regreso de la democracia, la colectividad era la más grande e importante del país. Llegó a tener 38 diputados –hoy son 14 con serias posibilidades de quedar en 11– y su votación era cercana al 30%. Hace menos de dos años, su candidata presidencial alcanzó un magro 5,91%. Actualmente la DC es un partido pequeño y que vive una crisis de identidad profunda. Fueron actores secundarios, desde Lagos en adelante, en la ex Nueva Mayoría. Han transitado hacia la derecha y luego a la izquierda y viceversa, entre el camino propio y la participación en alianzas en las que siempre se han sentido incómodos e incomprendidos.

Todo parece indicar que la semana pasada el país fue notificado de que la actual directiva quiere hacer un giro hacia a la derecha y acercarse al oficialismo. Esta opción no es nueva. Ya antes lo intentaron Mariana Aylwin, Gutenberg Martínez, Soledad Alvear y varios más, pero en ese momento no contaron con el apoyo de las directivas falangistas. Es decir, no había agua en la piscina, por tanto, no les quedó otra opción que abandonar el partido.

Si esto es lo que persigue Chahin, me imagino que aspira incluso a traer de vuelta a esos personajes, lo que claramente no fortalecería al partido, sino únicamente a la facción conservadora, los ex “guatones”.

Pero también se especula que el ex diputado y presidente de la entidad tiene en mente rearmar un conglomerado que incorpore solamente a un sector de la ex Nueva Mayoría y poder, así, liberarse del peso que les significó estar sentados a la mesa con el PC y, por supuesto, alejarse lo antes posible del Frente Amplio, previo a iniciar la convivencia. En otras palabras, un novio o novia arrepentido el día antes del matrimonio.

Y la tercera opción es que Chahin se la jugó por el camino propio para los tres años que le quedan al Presidente Piñera, para reforzar su posición de centro o centroderecha, pero especialmente de “dirimente”. Es decir, fortalecerse en el Congreso al actuar como una suerte de árbitro que un día se carga a la derecha y al otro a la izquierda. De seguro, el paso que dio la Democracia Cristiana tiene un poco de todas las anteriores.

Por el momento, la única certeza es que la DC ha quedado más sola y confundida que nunca. Mirados con recelo por los otros partidos de la oposición, divididos sus diputados –que votaron de mala gana y ya anunciaron que se opondrán a la integración– y senadores –que rechazaron la decisión–, con un Gobierno que los aplaudió en exceso y parlamentarios que han amenazado con abandonar la falange, como es el caso de Soto, Torres y Venegas, si Fuad Chahin pensó que obtuvo un triunfo la semana pasada porque logró imponer la disciplina y orden de partido, tal vez no midió que expuso a su colectividad a tener un nuevo desgarro, pero esta vez “por la izquierda”.

Sin embargo, lo de fondo, lo que no ha estado en la discusión y que supera largamente a la votación en la comisión de Hacienda, es la pregunta de por qué este partido perdió jerarquía, importancia y votación ciudadana tan rápido.

Sin duda, porque la sociedad ha cambiado de manera vertiginosa, el peso de la doctrina confesional se precipitó al suelo en pocos años y la ambigüedad se paga cara en un país en que cada vez más las personas esperan definiciones y tener posturas ante los temas que les apremian, motivan e interesan. Por lo mismo es que los extremos han crecido tanto, no solo en Chile, sino también a nivel mundial.

La Democracia Cristiana parece haber quedado desfasada en el tiempo, pegada en el pasado. La falta de decisiones claras, la ambivalencia a la hora de asumir las nuevas realidades en vez de defender los valores –cristianos– como si fueran dogmas y estuviéramos en el siglo XX, han terminado por desencantar a sus electores y pasarles una factura gigante.

Veremos las próximas semanas si su presidente logra convencer a sus camaradas de que el esfuerzo y los costos pagados valieron la pena. De lo contrario, la DC seguirá cayendo aún más en el abismo con un serio riesgo de terminar desapareciendo en unos pocos años. Supongo que el botín que quiere mostrar Chahin no es la salida de Castillo –el cambio de gabinete suena cada vez fuerte–, porque eso sería un triunfo muy pobre para la magnitud del problema que generaron con sus aliados e internamente.

Lo que sí es un hecho es que, ese miércoles 10, circularon rápidamente en las redes sociales muchos memes que apuntaron a mostrar la ambigüedad y zigzagueos que la Democracia Cristiana ha tenido en su historia, rasgos que se han agudizado con los años.

Sin ir más lejos, y propósito de la partida de Alberto Cortez, uno de los mensajes que graficaron la conducta DC fue la canción “No soy de aquí ni soy de allá”, lo que hizo recordar aquella pieza magistral de ironía que Víctor Jara le dedicó a este partido en los años 70: “Usted no es na', no es chicha ni limoná”.

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