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Cannabis y bienestar público

por 31 enero, 2020

Cannabis y bienestar público
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El problema de la regulación del cannabis debe considerar la separación de los mercados de uso medicinal y de uso adulto recreacional, espiritual, experimental, etcétera.

La Ley 20.000 de drogas permite el consumo adulto siempre y cuando sea en lugar privado y no concertado. Los clubes de cultivo y otros cultivos colectivos no presentan características delictivas porque son para consumo de los propios miembros del club, los cuales se ven beneficiados por economías de escala, porque se alejan del mercado negro, pagan impuestos y mejoran la calidad del producto consumido. Además, los integrantes del club que tienen enfermedades se benefician terapéuticamente del uso de cannabis, uso que la Ley 20.000 también reconoce.

Así que la lógica regulatoria del Estado debe reconocer los usos lícitos de la planta tanto para fines medicinales como para los otros usos adultos, por separado.

Entonces resulta falso que la represión en Chile castigue el consumo de cannabis o de cualquier otra droga psicoactiva.

En segundo lugar surge la creencia de que los jóvenes que consumen drogas lo hacen porque “no saben” el daño que se provocan. Esta lógica implica que la conducta humana se rige de acuerdo al conocimiento que se tenga de riesgos y beneficios de tal o cual actividad o conducta.

Extremando los argumentos , este “modelo cognitivo” desemboca en una respuesta estatal tecnocrática que se expresa en las campañas de prevención : “Échate ají en los ojos”(2001) “Vuelve a ser inteligente”(2007), que desembocan en alternativas individualistas de la ética de la oportunidad : “Elige vivir sin drogas” (2019)

Así las cosas, el consumo problemático de drogas termina siendo de un sujeto que consume porque no sabe que le hace mal, eligiendo “caer” en las drogas -implica que pudo haber optado por otro camino alternativo-, portando además el antivalor de una ética individualista: eligió no trabajar, flojear y estar en el mercado negro.

Finalmente, para combatir el mercado negro el modelo represivo ha demostrado efectos secundarios : corrupción del Estado, muertos, enfrentamientos y producto de escasa calidad, tal como en la época de la Ley Seca (1919-1932) y en cambio los mejores resultados sanitarios se obtienen cuando se regula responsablemente el consumo: clubes de cultivo (España), cultivos personales (Uruguay, Canadá), dispensarios (Holanda) y se separan claramente de los usos medicinales de los fitofármacos (Chile) o medicina herbolaria (Perú), con regulaciones de rango farmacológico si es necesario.

Si aumentamos la guerra contra las drogas, aumentaremos también esos efectos secundarios. Sería mejor regular la venta y distribución de cannabis en el mercado regular, pagando impuestos, generando restricciones a los menores de edad y a los lugares de consumo y generando ahorros virtuosos en policías, fiscales, juicios y cárceles que podrían ser destinados a perseguir delitos que realmente lesionen a nuestra sociedad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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