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Crisis hídrica: crónica de una muerte anunciada y de por qué hay que rediseñar las áreas verdes

por 28 febrero, 2020

Crisis hídrica: crónica de una muerte anunciada y de por qué hay que rediseñar las áreas verdes
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El agua se acaba. Siempre lo hemos sabido, pero hoy esta realidad nos estalló en la cara y la industria inmobiliaria no se puede restar de buscar soluciones y enfrentar esta problemática. Resulta urgente asumir el desafío de repensar el diseño de nuestras áreas verdes. Las personas buscan espacios de áreas verdes y lo asocian generalmente a grandes extensiones de pasto, pero pocas especies resultan tan poco sustentables como esta.

En temporada de verano y a altas temperaturas, el pasto necesita a diario entre 7 y 9 litros de agua por m2. ¿Podemos seguir diseñando proyectos con tal nivel de exigencia hídrica? Las áreas verdes se han transformado en un espacio relevante para quienes viven en edificios. Es un punto de encuentro, un espacio que permite la vida de comunidad y, por ello, un atributo valorado por las personas. Por otro lado, la escasez de parques y plazas en varios sectores de nuestras ciudades ha trasladado la demanda por ellos a los proyectos residenciales. Esta realidad genera el reto de conciliar estas necesidades con el rediseño paisajístico de las áreas verdes y el uso responsable del agua.

¿Cómo lograrlo? Los futuros proyectos deberían considerar espacios paisajísticamente atractivos y sustentables, que incorporen vegetación nativa, considerando que estas especies se adaptan a las condiciones del medioambiente local y requieren menos recursos hídricos. Este nuevo paradigma requeriría también de un cambio cultural y potenciar la valoración de  la antigua y tradicional visión de un jardín,  con árboles de fresca sombra en vez de las extensas áreas de pasto.

Pero los cambios deben ir más allá del ámbito paisajístico. Existe mucho por hacer en la ingeniería de los proyectos también. Por ejemplo, un gran avance sería innovar en los sistemas de riego, con la creación de mecanismos que permitan la recuperación de aguas en los edificios. Si el agua se acaba, ¿por qué no reutilizarla tantas veces como sea posible? Adecuados sistemas de cañerías y construcción posibilitarían recolectar, separar y tratar las aguas grises, es decir, aquellas que provienen de lavamanos, duchas y bañeras, para luego ser utilizadas en el riego, en sistemas de climatización o en los estanques del WC.

El estrés hídrico de la situación actual requiere innovación, creatividad, tecnología y voluntad en todas las industrias. Según proyecciones de la ONU, en 2030 la demanda global del agua superará el suministro en un 40%. En nuestro país ya un millón de personas se abastecen de agua a través de fuentes informales (como pozos, ríos o camiones aljibes), indicó el estudio “Sequía en Chile: la brecha más profunda”. Un reporte de Thompson Reuters Foundation consignó que hay seis urbes que podrían quedarse sin agua en las próximas décadas.

¿Qué más necesitamos para entender que el agua pide a gritos olvidarnos del césped? De los cambios que logremos impulsar depende que esta historia sea la “crónica de una muerte anunciada del pasto” y no, lenta e inevitablemente, la muerte del agua.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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