martes, 22 de septiembre de 2020 Actualizado a las 18:20

Opinión

Autor Imagen

Mapu-Polis

por 20 agosto, 2020

Mapu-Polis
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

No hay que darle más vueltas a las relaciones entre el Estado chileno con las naciones que ya existían previo a la llegada de la colonización a través del tren y el telégrafo y que dieron origen, para del Gulu Mapu, a las provincias de Arauco, Malleco y Cautín, entre otras.

No hay que darle más vueltas, que es un problema político y eso significa varios ámbitos donde interactúan tanto los organismos del Estado y Gobierno, con las comunidades, indígenas, chilenas, interculturales. Ello implica que ya están agotadas las grandes declaraciones y comisiones creadas en las últimas décadas, algunas dirigidas por miembros de la clerecía, otras, por connotados académicos o empresarios, y que regularmente terminan en hermosos libros empastados y repartidos entre ellos mismos.

No puede haber solución si se asume que el problema está en las ideas. Eso podría haber sido en contextos pasados, donde era evidente la distancia social, pero también física, con ausencia de sistemas de información al alcance de un segmento cada vez mayor de hombres y mujeres. La verdad es que hace décadas que se habla de la sociedad de masas y de la industria cultural.

El problema de legitimidad y autoridad en las relaciones con los Mapuche es de razón práctica. Esto significa considerar marcos para la acción pública, que permitan definir senderos políticos. Estos senderos son dimensiones de lo que decimos cuando decimos política. Claro, nosotros los que hablamos el español echamos en una misma bolsa una serie de hechos y fenómenos, que para otras lenguas son evidentemente situaciones diferentes. Lo mismo que la gama de colores, por ejemplo, de rojos o verdes, en comunidades indígenas. Al respecto, podemos echarle mano al inglés, lengua que dispone e identifica cuatro palabras que poseen la misma etimología y que denotan ámbitos políticos, polítics, polity, policy y police.

Entonces, visto así, el conflicto del Estado de Chile, al igual al que debe tener el Estado argentino con los mapuche, debe incluir puntos sobre: 1) el proceso político dado a la fecha y exclusión de los mapuche en él; 2) condiciones para el desarrollo de una juridiccionalidad y generación de gobiernos mapuches, en función de niveles de acción gubernamental, nacional, regional, local, transfronterizo; 3) replantear las formas de diseño e implementación de las políticas públicas desarrolladas en territorios con presencia mapuche, las políticas orientadas a las comunidades y empresariado mapuche, así como a las políticas nacionales de promoción de la identidad y cultura chilena. Finalmente, es necesario pronunciarse sobre: 4) el rol de las policías y las fuerzas de orden en todo este conflicto.

Es claro que, si bien el Estado es el que tiene el monopolio exclusivo de la fuerza, no es menos cierto que a lo largo de los años ha hecho vista gorda a la paramilitarización de un segmento de la derecha regional, así como ha perseguido al movimiento mapuche. Al respecto, ambas situaciones dan cuenta de una organización que no ha dado el ancho y, claro, no es que se desee más imposición autoritaria de un orden, sino de ser capaces de acordar una articulación de instrumentos políticos que existen en democracia, que sean capaces de coordinar a los grupos sociales en pos de la resolución pacífica de los problemas públicos.

En síntesis, el paso es ver la complejidad, integralidad y temporalidad (como se estudian los lagos, por ejemplo) del conflicto, que implique una estrategia para dimensionar cada paso en los senderos políticos (politics, polity, policy, police). Para su efectividad, se requiere la voluntad del Gobierno chileno, del Congreso, de las organizaciones mapuche, que promueva a la larga procesos de acuerdos territoriales, plebiscitos regionales, fuerzas de paz a cargo de civiles, definición de escaños reservados, municipio indígena, implementación de usos y costumbres es espacios territoriales, instrumentos públicos para responder a las diferentes realidades socioproductivas de las comunidades, cooperativas y productores mapuches, entre otras iniciativas, incluyendo iniciativas de asociatividad territorial. La pandemia nos demostró que el poder está en los territorios, en la mapu y las polis comunales.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV