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¡El gobierno no entiende nada! Pero... ¿qué es lo que no entiende? II

por 22 septiembre, 2020

¡El gobierno no entiende nada! Pero... ¿qué es lo que no entiende? II
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Un segundo aspecto de la situación social chilena que el gobierno, la derecha y la elite empresarial no logran comprender (o no quieren reconocer) es que el modelo neoliberal fracasó dramáticamente en su capacidad de integrar de manera efectiva y estructural al bienestar a la mayoría de la población, y que ésta lo sabe.

La revuelta social y la pandemia han develado la gran fantasía sobre la que descansaba el supuesto desarrollo nacional.

El modelo ha sido muy eficiente en generar y concentrar riqueza en un pequeño sector de la población, gracias a un círculo virtuoso que, en apariencia, podría reproducirse de manera indefinida. Comienza en una extensa oferta de empleos de baja remuneración; continúa con la apropiación de parte importante de los salarios a través de la venta de bienes importados y servicios en cadenas de retail, supermercados, escuelas, universidades, clínicas y otros; sigue con la captura de los sueldos futuros gracias a un sistema de créditos caros y con bajas exigencias de acceso, que compensan los malos salarios; y finaliza con la utilización de los ahorros previsionales para generar grandes rentabilidades y expandir toda esa industria financiera y de servicios, a partir de la disponibilidad constante de grandes volúmenes de capital barato. Es, como he señalado en otra oportunidad, una versión actualizada del modelo de la pulpería de los campamentos mineros y madereros del Chile del siglo pasado.

Una elite dedicada a la exportación de materias primas con escaso valor agregado, a la venta de bienes importados y servicios, y a la reproducción del capital financiero, no ha sido capaz de concebir un modelo de desarrollo moderno, tecnológico y competitivo internacionalmente. Que genere riqueza estructural e integre de manera orgánica a la población a los beneficios del bienestar. Al menos por tercera vez en nuestra historia, la elite optó por la misma senda. Es más, grandes capitalistas chilenos invierten en empresas tecnológicas en el extranjero, como la francesa Nexans, de la cual el grupo Luksic posee el 29% y que compite incluso en el mercado nacional por acceder a licitaciones públicas de tendido de fibra óptica.

Como resultado de este modelo, más del 60% de la población tiene ingresos iguales o inferiores a 600 mil pesos mensuales, constituyendo los grupos denominados pobres y sectores populares. Un 30% o menos, de acuerdo a los estudios de Emmanuelle Barozet, compone la clase media, ya sea por su ingreso (entre 600 mil y dos millones de pesos mensuales) o por su tipo de trabajo. El problema es que sin una estructura de bienestar social que garantice salud, educación, pensiones y otras prestaciones, este sector depende casi por completo de las fluctuaciones de la economía para permanecer en dicho estatus. Un 70% de la población, sin embargo, dice pertenecer a él. Probablemente por la ilusión provocada por el crédito fácil, que da acceso a un nivel de consumo por sobre el ingreso real. No en vano los hogares chilenos son los más endeudados de América Latina, debiendo en promedio 7 de cada 10 pesos que reciben, según investigaciones de Lorena Pérez.

Para no ser redundante, sólo un par de datos más: mientras la pensión mensual promedio en marzo de 2019 era de 320 mil pesos para los hombres y de 192 mil pesos para las mujeres, las ganancias de las AFP llegaron el primer semestre de ese año a más 267 mil millones de pesos, casi mil quinientos millones diarios. Así, a los temores cotidianos por los vaivenes de la economía, se agrega la certeza de desembocar en una vejez pobre.

En síntesis, Chile no sólo no es ni ha sido un país de clase media, sino de sectores populares y pobres. Y a ninguno de los tres grupos se le ofrece un sistema de bienestar social que les permita mantener un nivel razonable y estable de vida.

La fantasía ya no se sostiene: el modelo neoliberal se estrelló contra la realidad de la vida cotidiana de millones de personas y ellas lo saben. Conocen su precaria situación mejor que antes y que ésta es más frecuente de lo que queríamos aceptar. También intuyen que con un modelo como el actual y con una clase empresarial rentista, dedicada a la depredación del medio ambiente, exportación de materias primas, importación de bienes de consumo y venta de servicios esenciales, no hay posibilidades de cambiar las cosas.

Entonces, lo que el gobierno, la derecha y la elite empresarial no entienden es que hoy en Chile existen serias dudas de que sean capaces y tengan la voluntad de formular un proyecto de desarrollo distinto, que genere y distribuya riqueza más allá de su sector.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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