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Acciones a la baja de una de las instituciones clave de la transición

La derecha política fractura la credibilidad del CEP

por 30 agosto, 2013

La derecha política fractura la credibilidad del CEP
Fue un golpe bajo para una institución acostumbrada a marcar pauta, a recibir a los candidatos para dar el visto bueno a sus programas de gobierno, a ser el puente durante la transición. Lo que hizo la UDI fue atacar su producto más preciado: una encuesta con la que cosechó prestigio y respeto. Los analistas coinciden en que se trata de un intento desesperado del partido por matar al mensajero que trajo malos números para su candidata. Para algunos es parte también de la crisis de la elite. Un mal año para el CEP que ya contaba con la poco decorosa salida de su ex director Arturo Fontaine.
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Para una institución acostumbrada a ser respetada, protagonista de grandes hechos y de visitas ilustres, lo de ayer fue un golpe bajo. La UDI le quitó el piso a la encuesta de mayor credibilidad del país, considerada el oráculo electoral, que todo candidato espera para saber cuán cerca o lejos está de la meta.

El trabajo realizado por el Centro de Estudios Públicos (CEP) entre el 13 de julio y el 18 de agosto, que recogió las opiniones de 1.471 personas en sus hogares, se transformó para Joaquín Lavín, el jefe de campaña de Evelyn Matthei, en una encuesta con “validez cero”, porque comenzó a ser tomada cuando ella no era la candidata, sino Pablo Longueira. Todavía no se conocían los resultados y él se anticipaba… Y después, cuando ya eran públicos los números (Michelle Bachelet 44 % y Matthei 12 % frente a la consulta de quién le gustaría que fuera el o la próxima Presidente/a) vendrían los dichos del senador del partido Juan Antonio Coloma, miembro del comité estratégico, quien afirmó que desde el punto de vista político la encuesta “tiene un valor inexistente”. Y los del presidente de la UDI, Patricio Melero: “La (encuesta) CEP no sirve para predecir y habrá segunda vuelta”.

No era un mero cuestionamiento; era un ataque a la credibilidad del instrumento que empoderó al CEP frente a la opinión pública. Nunca antes alguien puso en duda el sondeo del centro de estudios que preside Eliodoro Matte y en cuyo consejo directivo de 17 miembros están representados los clanes empresariales más poderosos del país, a través de Jean Paul Luksic, Roberto Angelini, Salvador Said, Carlo Solari y Luis Enrique Yarur.

Para rematar, la vocera de gobierno, Cecilia Pérez, dijo que “la encuesta ha tenido inconvenientes en el último tiempo”, ante una consulta periodística por las declaraciones de Lavín. La mejor encuesta —sentenció— es la de la calle. Con lo primero, se refería a que el CEP tuvo que suspender su primer sondeo del año cuando Laurence Golborne fue bajado de su candidatura presidencial y reemplazado por Pablo Longueira, quien renunció el 17 de julio por una depresión severa. El trabajo de campo llevaba cuatro días y 165 encuestados. Entonces, el CEP suspendió el proceso durante tres días y lo retomó el 20 de julio; Evelyn Matthei era la candidata de la UDI que sería ratificada por RN en su consejo general del 10 de agosto.

Rompiendo con la tradición de llevar como titular principal los resultados de una encuesta presidencial —sobre todo tratándose de la CEP, la más esperada— La Segunda optó por destacar la pérdida de peso de la PSU en la ponderación de ingreso a la universidad. En el ranking de lectoría de su edición online esta noticia se ubicó en el lugar 32; la encuesta del CEP, en el segundo.

Para el mundo político y económico fue, sin duda, la más importante del día.

La culpa del mensajero

“Lo que tenemos acá es una operación política del oficialismo, un intento por restarle la capacidad de oráculo y verdad definitiva que instalaba el CEP a través de su encuesta, toda vez que los resultados no son favorables para su candidata”, afirma Marco Moreno, decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Central.

Para el sociólogo Alberto Mayol lo que ocurre es una desarticulación en las estructuras de poder que incluye al CEP como espacio de debate político sagrado durante la transición y que se suma a un escenario de crisis en la elite. Ve en el despido de Fontaine un síntoma. “Él era completamente funcional con su capacidad de moverse en distintos mundos, en la izquierda y la derecha. Su flexibilidad era muy útil. Hoy en día es un problema, porque cuando todo marcha bien ser flexible, incluir, sumar, aporta, pero cuando estás en crisis traer cosas nuevas aumenta la incertidumbre”.

Para el analista y abogado, Jorge Navarrete, las críticas reflejan una cuestión más de fondo que tiene que ver “con un cierto desprecio que la derecha ha mostrado por las instituciones y la credibilidad que deben tener frente a los ciudadanos. Sin ir más lejos, ocurrió con la Casen, el INE, el Servicio de Impuestos Internos y hoy no contentos con eso le propinan un duro golpe a una institución que, si bien no es estatal, goza de una amplia confianza por los datos que proporciona a los ciudadanos”.

Agrega que en un escenario en que las encuestas han perdido peso la del CEP sigue siendo un referente creíble en la opinión pública y los medios, por lo que no se explica el “brutal ataque de un sector de la derecha que le echa la culpa al mensajero de un mensaje que no es otro que la debacle que afecta a un partido que ha tenido la renuncia de dos candidatos presidenciales y cuya opción en carrera no alcanza ni a la mitad de las preferencias que obtiene al candidata de la Nueva Mayoría”.

El problema —apunta— es que para un sector de la derecha “el fin justifica los medios y cuando los datos no son buenos lo que hacen es atentar contra el prestigio y la solvencia de las instituciones que tienen los ciudadanos".

El historiador y profesor de Sociología de la Universidad de Chile, Alberto Mayol, observa que la UDI siempre sintió que “el CEP era un error, una institución demasiado democrática para ser de derecha y en momentos difíciles lo que quisiera la UDI es que el CEP sea más leal con su sector, que le ha dado la vida, y como el CEP siempre ha demostrado cierta credibilidad no puede dar ese paso de operación política irrestricta para salvar la candidatura de la derecha”.

Arturo Fontaine, cuando ya era pública su salida —noticia que impactó la imagen de la institución por la forma en que ocurrió y los rumores que generó— afirmó a La Segunda que el CEP no se define como un centro de estudios ligado a un partido o sector político y que un ejemplo es la encuesta. “Tú puedes tener una encuesta para un partido político que tiene por función afinar la estrategia política de ese partido. Entonces formulas preguntas y mediciones destinadas para esa finalidad estratégica. Nosotros desarrollamos un modelo opuesto: la idea es una encuesta que en el fondo es un barómetro de la opinión pública, creíble para todos los sectores. Justamente por no ser política tiene enorme gravitación política en Chile”, dijo en una entrevista a Felipe Edwards, vicepresidente ejecutivo del vespertino.

El CEP comandado por Fontaine se convirtió en un espacio de diálogo durante la dictadura y fue una plataforma de contacto entre los empresarios y los gobiernos de la Concertación en democracia. El lugar al que concurrían los aspirantes a La Moneda a presentar sus programas económicos como quien va a rendir examen. "Un centro de poder fáctico, define Navarrete, ligado a cierta elite empresarial, filosóficamente liberal, pero claramente adscrito a la derecha que se ganó el prestigio de sus detractores (políticos) por un trabajo serio y sistemático en políticas públicas y por la encuesta".

Para Mayol lo que ocurre es una desarticulación en las estructuras de poder que incluye al CEP como espacio de debate político sagrado durante la transición y que se suma a un escenario de crisis en la elite. Ve en el despido de Fontaine un síntoma. “El era completamente funcional con su capacidad de moverse en distintos mundos, en la izquierda y la derecha. Su flexibilidad era muy útil. Hoy en día es un problema, porque cuando todo marcha bien ser flexible, incluir, sumar, aporta, pero cuando estás en crisis traer cosas nuevas aumenta la incertidumbre”.

Compara el rol del CEP con el que jugó la Iglesia Católica. “Era el mediador que tenía la opinión sabia, que podía decir que era correcto o incorrecto en cada momento. Esa capacidad la empieza a perder cuando permite que los estudiantes (Camila Vallejo y Francisco Figueroa, líderes del movimiento estudiantil) vayan a debatir al CEP, porque no le permite encontrarse con su mundo de origen que es la derecha, pero tampoco interpreta a los otros. Durante 2011 los documentos del CEP decían no a la educación gratuita y Fontaine decía que sí”.

"Fin a la trenza derecha-empresarios-Concertación de la democracia de los acuerdos"

Para el analista Patricio Navia el CEP ha tenido un año malo por el despido de Fontaine y por las críticas a su encuesta, pero no afectan su credibilidad. “Sólo implican que la democracia está funcionando; lo anormal es que el CEP no fuera nunca cuestionado”.

Algo que, en todo caso, ocurrió el 1 de agosto cuando El Mercurio puso en duda la metodología de la encuesta al eliminar por la renuncia de Longueira las preguntas cerradas, es decir, aquellas que consultan por las preferencias de voto y entregan una lista de nombres, porque las preguntas abiertas benefician, según recogía el artículo con opiniones de Roberto Méndez (Adimark) y Martín Rodríguez (Feedback), al candidato con mayor aprobación.

El centro de estudios emitió un comunicado calificando de “extemporáneo” y de “grave e inaceptable” que se comparasen los resultados de dos preguntas (¿quien cree que será el o la próxima presidente (a)? y ¿por quién votará usted?), ya que miden distintos ítemes (percepción frente a intención de voto). Planteó que comparar esas dos preguntas “sugiere intencionalidad o, en el mejor de los casos, ignorancia” y cerró su declaración mostrando extrañeza porque el diario "se esmere en predecir e interpretar una encuesta cuyos resultados aun no existen".

Este ha sido un mal año para el CEP. La poco decorosa salida de su director después de 32 años, que se hizo pública a través de un trascendido en el Diario Financiero, dio origen a una serie de especulaciones y obligó a apurar un proceso que iba ser de otra manera. Fontaine aseguró que había sido inesperado que le pidieran la renuncia mientras en el CEP aseguraban que la decisión venía desde hacía tiempo y que el director, que dejó el cargo el 8 de julio, estaba al tanto.

“Cuando te persigue el infortunio no es que tengas mala suerte, es que las causas estructurales que te concedían la fortuna ya se extinguieron. En este caso, la poderosa articulación de la derecha con la Concertación y con el empresariado en la democracia de los acuerdos. La pregunta que hay que hacerse es cuál es rol que va a cumplir el CEP ahora. Y no se ve muy claro”.

En el CEP no quisieron comentar por qué no se hizo una nueva encuesta cuando se conoció la renuncia de Longueira, ni quiénes tomaron la decisión de seguir adelante o si el tema se discutió a nivel del comité de opinión (cuyos nombres no fueron encontrados en su página web) o en otra instancia.

Ante estas consultas de El Mostrador el centro respondió que lo relevante es la calidad técnica de la encuesta, su cobertura nacional y presencial y que todas las preguntas, así como la información que se recoge, se publica (desagregada) a los pocos días de dar a conocer los datos generales y puede ser vista en su página web. “Esta es la prueba de fuego”, afirmó el centro de estudios.

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