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Este año no ha logrado ser un actor decisivo en el escenario político

Las claves de la debilidad del movimiento estudiantil 2014

por 11 agosto, 2014

Las claves de la debilidad del movimiento estudiantil 2014
Al interior del movimiento son conscientes de que este no ha sido su mejor año, y aseguran que les ha costado “encontrar su lugar” entre la defensa de la reforma que hace el gobierno y las críticas que lanza la derecha. Agregan que parte de las bases estudiantiles hoy están apoyando al Ejecutivo, por lo que han protagonizado movilizaciones de baja intensidad, y que además ha costado que las cabezas del movimiento –FECH y FEUC– se coordinen.
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Tres marchas nacionales ha convocado este año el movimiento estudiantil. Todas han copado la Alameda y las principales arterias de las ciudades en Chile. A pesar de eso, los estudiantes no han logrado incidir en la agenda pública como lo hicieron antes. Al contrario, se han visto respondiendo a las palabras del ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, y a los emplazamientos que han surgido desde la DC y la derecha.

Ad portas de iniciar el segundo semestre, sus dirigentes evalúan que tuvieron un inicio de año crítico, con parte de sus bases apoyando la gestión de Michelle Bachelet, y sin lograr establecer una batería de demandas que profundice en la ya conocida petición de “educación gratuita y de calidad”, bandera que además ocupó el gobierno desde la campaña de Michelle Bachelet, a fines del 2012.

Sumado a lo anterior, desde los movimientos que hoy conducen la Confech plantean que el rebaraje de las fuerzas políticas al interior del movimiento los complicó, y que en un principio no existió una coordinación fluida entre la FEUC y la FECH, las dos federaciones más importantes y que desde siempre han aparecido a la cabeza de los universitarios.

La baja de la influencia del movimiento se produce además cuando han tomado fuerza otros actores políticos en la agenda educativa. Todos coinciden en que durante estos meses ha sido el presidente de la DC, Ignacio Walker, el que ha instalado los temas, y que su figura ha sido la que más ha complicado la gestión de Nicolás Eyzaguirre, pese a que los dirigentes juveniles han dicho en todos los tonos que no apoyan la reforma del gobierno. Junto con lo anterior, ha aparecido disputando la calle un movimiento formado por los sostenedores de colegios particulares subvencionados, los que, coordinados con agrupaciones de apoderados, han torpedeado desde la derecha los cambios que se plantean desde el Mineduc.

Mayol complementa y afirma que el panorama no se ve auspicioso para el movimiento: “En este momento no hay perspectiva de mejora, sólo hay perspectiva de empeoramiento, a menos que se tomen decisiones políticas relevantes. La derecha ha logrado permear las reformas. Si tú no tienes posición respecto de eso... el trabajo hoy es mucho más difícil, estás frente a un gobierno que la gente identifica con la izquierda, y criticar a ese gobierno es complicado”.

Contribuyendo a la confusión generada por el cambio de gobierno, en el movimiento plantean que los secundarios tampoco han logrado fortalecer sus dos organizaciones principales –ACES y Cones–, las que no tuvieron control sobre las tomas de colegios que se vivieron hace algunas semanas en Santiago.

“Este año el movimiento ha carecido de la espontaneidad que tenía el 2011. Pero las tres marchas que hemos convocado han sido masivas y las hemos transformado en hitos históricos. Sabíamos que este año iba a ser mucho más difícil movilizar porque hay fuerzas del movimiento estudiantil que conviven dentro del gobierno, y al tener gran parte de nuestras demandas cooptadas, la capacidad de movilización iba a ser menor”, argumenta Cristián Romero, quien durante el primer semestre fue miembro de la Mesa Ejecutiva de la Confech, en representación de los estudiantes de la Universidad Arturo Prat.

 EL LUGAR DE LOS ESTUDIANTES

Jaime Retamal, académico de la Usach que desde el 2011 viene siguiéndole la pista al movimiento estudiantil, indica que un factor importante en la debilitación del mismo ha sido la participación de parte de sus antiguos dirigentes en el aparato estatal. “El Movimiento Estudiantil ha sufrido un natural tiempo de reflexión y de replanteamiento de sus posiciones más emblemáticas debido, sobre todo, al arribo de las nuevas autoridades de gobierno y legislativas, muchas de ellas nacidas de su propio corazón reivindicativo. Líderes que antaño acompañaron sus demandas desde la calle, hoy están sentados conduciendo las reformas de Bachelet en el Ministerio de Educación, en La Moneda o en la Cámara de Diputados, y natural y legítimamente se deben más a sus propios compromisos políticos con la Nueva Mayoría que al ideario transformador del movimiento social. Esa fricción produce desgaste: lo dijo muy bien un diputado, ex líder del movimiento estudiantil, cuando afirmó que las críticas que desde la calle se hacía a la Reforma de Bachelet, eran idénticas a las críticas de la UDI”, asegura Retamal, en referencia a las palabras del ex presidente de la FEUC, Giorgio Jackson, quien hace un tiempo comparó las solicitudes de la Confech con las que se hacían desde la derecha.

“Las críticas que vienen desde los antiguos movimientos o partidos políticos que antaño estaban en la calle y que hoy juegan el juego de la tradicional política chilena, han producido un desgaste natural en la capacidad de los estudiantes de conducir la agenda, toda vez que en la opinión pública queda la sensación de irracionalidad o infantilismo de estos, totalmente infundada por cierto”, asevera Retamal, haciendo referencia a la dificultad estudiantil de hacerse un lugar en el actual escenario político.

A su juicio, el movimiento no ha logrado encontrar su lugar entre un gobierno que la gente identifica como izquierda y una derecha que se opone a los cambios. Escenario atizado además por la participación de las Juventudes Comunistas y Revolución Democrática –organizaciones antaño importantes dentro de la Confech– en la gestión de Eyzaguirre en el Mineduc.

Para el sociólogo Alberto Mayol, quien a raíz de las movilizaciones del 2011 anunció “el derrumbe del modelo”, era esperable que decayera la influencia de los estudiantes: “Tengo la impresión de que había una dificultad obvia de mantener la potencia del 2011, y era más o menos normal que decreciera la capacidad de producir agenda, de producir procesos sociales y políticos y, en la medida que fue avanzando el tiempo y que vinieron las elecciones –y que se ofreció desde la Nueva Mayoría procesar la inquietud social–, los movimientos quedan un poco fuera de juego. Lo que ha pasado ha sido más o menos normal”.

A pesar del reflujo normal que vive todo movimiento social, Mayol advierte que hay cosas que el movimiento no ha sabido procesar, ni tampoco aprender de las lecciones del pasado: “Hay que decir que se podría haber mejorado el despliegue político, entender que la discusión es política y no gremial y que, como fue el 2011, esto es con toda la sociedad y no sólo al interior del movimiento”.

Para Retamal, la Nueva Mayoría ha colaborado de forma sustancial a la desorientación estudiantil, desde el momento en que se hizo cargo de sus banderas, aunque no de su crítica profunda: “La retórica de la Reforma de Bachelet ha sido completamente copiada de las demandas estudiantiles y, diría, hasta mejorada, si analizamos los artilugios argumentativos del ministro de Educación. Esa retórica, sin embargo, queda vacía si se analizan los contenidos totalmente minimalistas que promueven desde La Moneda en Educación. No obstante, minimalista y todo, la derecha a sobrerreaccionado con una trenza de reclamos que en nada ayudan al movimiento estudiantil, pues les embarga su rol crítico y los coloca en la vereda de enfrente del credo reformista. No es fácil aparecer siendo críticos al lado de la diputada Hoffmann o del intelectual corporativo Brunner: la burda tentación de equiparar todas las críticas en una, vende para la opinión pública, pero genera más desgaste en el movimiento estudiantil, que tampoco ha sabido construir una crítica diferenciadora y lo suficientemente clara para distanciarse, por un lado, de la Nueva Mayoría y sus compromisos políticos, como, por el otro, de la derecha y sus intereses económicos”.

Desde la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago, su presidente, Takuri Tapia, reconoce las dificultades y afirma que en estos meses no han podido tomar la ofensiva: “Lo complejo de este primer semestre ha sido que hemos estado respondiendo a la agenda del Ministerio de Educación y que, al fin y al cabo, eso ha generado que no hayamos podido levantar propuestas. Ha pasado por un recambio generacional del movimiento también, porque las discusiones que hemos estado dando se han repetido a lo que discutíamos el 2011, y hay que plantear cuestiones nuevas, y eso pasa por discusiones en nuestros espacios. Para el segundo semestre se están planteando cuestiones para establecer agenda y que no sea sólo criticar lo que plantea el gobierno”, indica el dirigente.

Al interior del movimiento estudiantil ponen el acento en la dificultad que representa que las JJ.CC. y RD estén dentro del Mineduc. Francisco Sainz, encargado político del FEL para la Región Metropolitana –movimiento que ha estado a la cabeza del Confech, debido a que la presidenta de la FECH, Melissa Sepúlveda, milita en sus filas–, asegura que ha sido un tema complejo: “Hicimos un análisis cuando partió el año, y entendimos que este era un gobierno distinto y un escenario distinto. No es lo mismo tener un gobierno de derecha, donde tenías a casi todos los grupos contra ese gobierno de derecha, donde tenías a las bases de la Concertación, de RD y de la Jota en contra de ese gobierno... este año es mucho más difícil”.

Su análisis es compartido por el dirigente de la UNAP, Cristian Romero –militante de Izquierda Autónoma, otro de los movimientos que están en el bloque de conducción del Confech–, quien pone sobre la mesa la dificultad que significó el poder diferenciarse del gobierno: “El primer semestre fue un escenario complicado, porque llegó un gobierno de la Nueva Mayoría junto al PC dentro, lo que coopta las demandas que el movimiento viene arrastrando y que levantó del 2011 al 2013. Ha sido difícil porque ha costado dinamizar las asambleas por el tema de la cooptación de la demanda de la gratuidad y, por otro lado, ha sido difícil llevar una agenda más ofensiva por el mismo gobierno, por la ambigüedad con que este ha jugado. En un principio, por un programa que no tenía muchas claridades y sólo declaración de buenas intenciones, y que luego sale con proyectos de ley sin previa discusión con los estudiantes”.

La tensión estudiantil generada por la participación de algunas organizaciones del movimiento en el gobierno ha trascendido, en todo caso, a la dificultad para instalar su postura.

CHISPAS EN LA CONDUCCIÓN

Desde el bloque de conducción de los universitarios plantean que un tema complejo ha sido la poca coordinación que existió en un comienzo entre la FEUC y la FECH, las dos federaciones más importantes.

A mediados de mayo, la presidenta de la FEUC, Naschla Aburman, se retiró del plenario que la organización realizaba en Santiago, criticando que el resto de dirigentes no quisiera hacer una condena explícita a la violencia que algunos grupos ocupan en las marchas. Además, puso en duda su continuidad como vocera nacional. Ese hecho fue el clímax de una relación poco fluida hasta ese entonces con los demás dirigentes, incluida la timonel de la FECH, Melissa Sepúlveda, militante del FEL, el que por primera vez accedía a la presidencia de la federación más importante del país.

Dirigentes de la asamblea universitaria plantean que hasta ese entonces “ellas nunca se entendieron” y que “venían de matrices políticas muy distintas”. De hecho, en las conferencias de prensa de inicio de año ambas planteaban discursos opuestos. Mientras Sepúlveda rechazaba la reforma del gobierno, Aburman solicitaba participar de los cambios que en ese entonces preparaba el Ejecutivo.

Tras bambalinas, aparecía la cercanía de Aburman con los ex dirigentes de la FEUC que ahora ocupan cargos claves en el Mineduc, y que formaron el movimiento Revolución Democrática luego del estallido social del 2011. Mientras en la FECH estaba el FEL, movimiento político de corte libertario que antes se asociaba a las posturas de izquierda más duras dentro del abanico político de los universitarios.

Francisco Sainz, del FEL, plantea que hubo intentos para sacar al movimiento del debate público: “Hay ex dirigentes en el Ministerio, y se ha intentado tensionar al movimiento por temas como el de la violencia. Muchos pensaron que nosotros pisaríamos el palito y nos marginaríamos del debate público, pero no fue así”. Según él, la Confech logró mantenerse en la discusión pública, forzando al gobierno a enviar un proyecto que permita la democratización de las universidades: “En un momento de debilidad para el Ministerio, postacuerdo por Reforma Tributaria, nosotros los emplazamos entre que salieran caminando de la mano con la derecha o salieran caminando con nosotros, y el gobierno tuvo que llegar a acuerdo con nosotros”, señala el dirigente en relación al envío del proyecto que deroga artículos del DFL 2, los que impiden la participación de estudiantes y funcionarios en el gobierno de las universidades.

Desde la Usach, Takuri Tapia afirma que los sectores políticos más cercanos al gobierno no han tenido una participación relevante en el movimiento este año, por lo que ha existido una dificultad en acceder a información: “Las juventudes del gobierno están más disminuidas... pero quienes conocen lo que realmente viene en educación son las bases del gobierno y estas bases han participado poco. Lo que ha incidido en que el movimiento haya tenido una menor movilización”.

Sin embargo, todos coinciden en que luego de que Naschla Aburman pusiera en duda su continuidad como vocera en mayo, las relaciones han mejorado, que se ha logrado avanzar en una mejor coordinación, y ello también se ha reflejado en las declaraciones públicas, las que ahora sí están en la misma sintonía. En el fondo, aseguran que tanto la FEUC como la FECH debieron aprender a trabajar en conjunto, a entenderse y a ser conscientes de las diferencias que mantienen, las que en todo caso siempre han estado presentes al interior del Confech.

Alberto Mayol afirma que la participación de parte del movimiento en el gobierno tiene desventajas, pero también ventajas, las que a su juicio el movimiento no ha sabido aprovechar: “Creo que la participación del movimiento, fragmentaria y parcial, en la Nueva Mayoría, tiene activos y pasivos, el punto es aprovechar los activos y lograr soslayar los pasivos. Creo que el movimiento no ha aprovechado los activos. No puede ser que Giorgio (Jackson) y Camila (Vallejo), los principales referentes, estén fuera de la discusión, ese es un activo que tienen que ocupar, ellos tienen que estar presentes. Pero creo que la confusión era algo que se iba a producir necesariamente. La Nueva Mayoría nació para confundir al movimiento, no me parece extraño que eso haya acontecido”.

LA OFENSIVA

El lugar incómodo del Confech, criticando al gobierno al mismo tiempo que la derecha, ha generado que el ministro Eyzaguirre pueda salir a “victimizarse”, según Jaime Retamal: “Esto ha permitido un escenario ideal para que el ministro Nicolás Eyzaguirre empiece una campaña comunicacional que lo victimiza, que lo justifica y que lo comprende en su naturaleza chaplinesca, de ‘pije tira'o a flaite’, de pobre niño rico mal comprendido por la ‘ordinary people’, por la calle y por sus críticos. ‘Nico es bien intencionado y, más que pedirle explicaciones, hay que entenderlo y quererlo’, nos parecen decir a quienes pretendemos realizar críticas más de fondo a su manejo político deficiente. Es decir, hoy se ha configurado el escenario ideal para banalizar todas las críticas o para derechamente colocarlas en el campo de la ‘mala leche’ o el mal gusto criticón. Esto, naturalmente también desgasta comunicacionalmente al movimiento estudiantil, que en rigor sólo está a la espera de un escenario más ad hoc, pues su legitimidad y sus razones las mantiene intactas, vivas, ya que todo sigue estando en el mismo lugar de siempre”.

Mayol complementa y afirma que el panorama no se ve auspicioso para el movimiento: “En este momento no hay perspectiva de mejora, sólo hay perspectiva de empeoramiento, a menos que se tomen decisiones políticas relevantes. La derecha ha logrado permear las reformas. Si tú no tienes posición respecto de eso... el trabajo hoy es mucho más difícil, estás frente a un gobierno que la gente identifica con la izquierda, y criticar a ese gobierno es complicado”.

A pesar de todo, en la Confech hay conciencia de que ellos no son los únicos con la brújula desprogramada. Como ejemplo, afirman que el ministro Eyzaguirre se ha tropezado y que los partidos tampoco han logrado, a diferencia de la DC, salir a plantear un discurso sólido al respecto. Mayol lo ratifica, señalando que en este escenario son los estudiantes los que tienen más que perder: “En el marco de esa discusión, cuando eres un actor más pequeño y participas de la discusión y de la confusión general, evidentemente te verás más perjudicado”.

El sociólogo agrega que “el gran tema del movimiento está en la capacidad de producir un repertorio, y que ese repertorio diverso y amplio tenga capacidades contrahegemónicas. En momentos que te enamoras de mecanismos como la toma y la marcha estas recorriendo un camino equivocado. O sea, es bueno si logras calentar el clima, pero hay otros mecanismos que no se han ocupado adecuadamente, como el arraigo territorial y la comunicación con la ciudadanía. El aprendizaje del 2011 se ha ido perdiendo, las tomas y las marchas no son lo único. Si tú no mantienes a la ciudadanía informada, y no trabajas en eso siempre, entra la derecha por los palos y ahí pierdes”, asegura.

Está por verse si, más allá de las marchas bimensuales, el movimiento estudiantil logra recuperar la espontaneidad que lo caracterizó los años anteriores, donde, aparte de marchar, realizaba performances e intervenciones urbanas, que incluían bailes, carnavales y emplazamientos públicos, lo que además de otorgarle la simpatía de la ciudadanía, calentó el clima político y generó un cuestionamiento generalizado a la elite que venía conduciendo el país desde el retorno a la democracia.

 

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