viernes, 22 de octubre de 2021 Actualizado a las 20:00

Ajuste no baja críticas al comité político de La Moneda por escándalo de padrón electoral

Bachelet entrega la cabeza de Javiera Blanco y resiste salida de Eyzaguirre

por 20 octubre, 2016

Bachelet entrega la cabeza de Javiera Blanco y resiste salida de Eyzaguirre
Entre quienes conocen a la Presidenta hace años, no dudaron en asegurar que su decisión de no mover a Eyzaguirre obedece exclusivamente a “su conocida porfía”, su rechazo a ceder ante las presiones de los partidos, y que los que creyeron que estaba acorralada definitivamente “no la conocen”, que esta fue su forma de golpear la mesa, propia de su manera de ser, lo que no necesariamente implica que sea la opción política más acertada.
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La sorpresa en el oficialismo fue mayúscula y no por la salida del Ministerio de Justicia de Javiera Blanco –algo que se pidió insistentemente y más aún tras el bochorno del padrón electoral– ni por la estratégica jugada del laguismo al reclutar a Máximo Pacheco como generalísimo, sino porque, en el ajuste de gabinete que la Presidenta Michelle Bachelet anunció personalmente ayer en la tarde, optó por sacrificar a quien fue una de sus colaboradoras más cercanas, pero respaldó a la cuestionada tríada de ministros de Palacio que lidera el DC Mario Fernández, a pesar de la evidente debilidad política que los afecta hace meses y que se hizo pública y notoria esta semana tras el estrepitoso fracaso que protagonizaron con la ley exprés.

Vestida de rojo y negro, notoriamente incómoda, en pleno Salón Montt-Varas, la Mandataria leyó aceleradamente una declaración pública en la que dijo que por “razones personales y políticas” le aceptaba la renuncia a Blanco, Pacheco y al ministro de Bienes Nacionales, Víctor Osorio, y en su lugar designó, respectivamente, a Jaime Campos, Andrés Rebolledo y Nivia Palma. Eso fue todo, no hubo más y, tras el juramento de los nuevos secretarios de Estado, comenzó la avalancha de críticas en el oficialismo, donde consideraron “insuficiente” el ajuste y una decisión que era muy difícil de entender, para un Gobierno que requiere dar la señal política de que no ha bajado anticipadamente la cortina, a 17 meses de dejar legalmente La Moneda.

Públicamente dirigentes, parlamentarios y analistas políticos han insistido esta semana en la “intrascendencia” política que caracteriza al ministro Fernández, que está lejos de ser un conductor político del Gobierno, como corresponde a su cargo, y también en el hecho de que no resiste más la falta de diálogo y mala relación que tiene el titular de la Segpres, Nicolás Eyzaguirre, con la mayoría de las bancadas del Congreso. No por nada estos días el diputado Gabriel Boric lo calificó como “un zombi” que se pasea por el Parlamento.

Los dardos hacia la autoridad PPD se remontan a varios meses, con fuerza especialmente desde agosto, cuando todas las semanas se instalaba en el ambiente político la posibilidad de un cambio de gabinete. El nombre de Eyzaguirre era uno de los primeros en salir siempre a la palestra, aunque con un dejo de resignación en la Nueva Mayoría, ya que su fuerte e histórica amistad con Bachelet, alimentada por un estrecho grado de confianza política y personal entre ambos, hace augurar a muchos, hasta el día de hoy, que la Presidenta nunca cederá ni un ápice y que mantendrá contra viento y marea al guardián programático de su Gobierno.

Durante esta semana, en la seguidilla de reuniones que se realizaron en el Congreso tratando de sacar a flote la ley exprés, no fueron pocos los que en seno del oficialismo pidieron nuevamente la salida de Eyzaguirre, argumentando sus evidentes falencias en su tarea central de alinear a las bancadas, obtener los votos y sacar los proyectos adelante. Es que es visto como uno de los responsables, no solo del escándalo del padrón, sino también de la mala relación de la coalición con la Mandataria.

Pero la petición –se sabe– cayó pésimo en La Moneda, porque fue entendida como una suerte de “chantaje”, un intento de usar el escándalo del padrón para “operarse” políticamente del ministro PPD y aplicar, así, una lógica de empate, ya que se puso como condición en algunas reuniones el que debía salir del gabinete junto a Blanco, que no se podía sacar a uno y dejar al otro. Este fue un punto que generó molestia en el Ejecutivo a principios de la semana, como también en algunos sectores de la coalición.

Entre quienes conocen a la Presidenta hace años, no dudaron en asegurar que su decisión de no mover a Eyzaguirre obedece exclusivamente a “su conocida porfía”, su rechazo a ceder ante las presiones de los partidos, y que los que creyeron que estaba acorralada definitivamente “no la conocen”, que esta fue su forma de golpear la mesa, propia de su manera de ser, lo que no necesariamente implica que sea la opción política más acertada.

Efectivamente, la Presidenta terminó ofreciendo a Blanco como “sacrificio” –según la calificación hecha por el timonel de la UDI Hernán Larraín– para descomprimir el escenario político excesivamente revuelto por el escándalo del casi medio millón de electores que fue cambiado de domicilio electoral mayoritariamente en forma arbitraria, lo que imprimió un hálito de desconfianza a las elecciones municipales que se realizarán este domingo.

Diversas fuentes gubernamentales confirmaron que la ex ministra no renunció, como se trató de filtrar, que incluso quedó sorprendida con la decisión presidencial, que se sintió casi "en medio de una encerrona", más aún porque hasta último momento comentó en diversos círculos de amistades que Bachelet le había pedido que se quedara hasta marzo del 2018, razón por la cual no fue casual verla durante la ceremonia en el Montt-Varas con los ojos vidriosos, casi a punto de llorar.

Diversas fuentes gubernamentales confirmaron que la ex ministra no renunció, como se trató de filtrar, que incluso quedó sorprendida con la decisión presidencial, que se sintió casi "en medio de una encerrona", más aún porque hasta último momento comentó en diversos círculos de amistades que Bachelet le había pedido que se quedara hasta marzo del 2018, razón por la cual no fue casual verla durante la ceremonia en el Montt-Varas con los ojos vidriosos, casi a punto de llorar.

A pesar de que Bachelet se resistió todo lo que pudo, su decisión pasó finalmente por el hecho de que la renuncia de Pacheco en la mañana de ayer le entregó la oportunidad de oro de no sacar a su ministra sola, de tener que hacer un cambio único, para que quedara como flanco de todas las críticas y del linchamiento público. Eso es coincidente con la decisión permanente en Palacio de protegerla en todo momento, al punto de no exponerla el lunes a que asistiera al Congreso para que se convirtiera en víctima de un circo romano. Con esto, la Presidenta ganó tiempo y aquietó en parte las aguas de cara a llegar a las elecciones del domingo con menos presión pública.

En el seno de La Moneda la decisión de Bachelet igual generó ruido. Fue considerada “contraproducente”, porque el Gobierno apareció públicamente sometido a la voluntad de la gente que decide irse. La preocupación en Palacio pasa por el dato de que observan que no se puede tapar el sol con un dedo y negarse ante la realidad de la incapacidad de este comité político de conducir eficientemente a la actual administración hasta el final.

Conocidas bacheletistas, como pocas veces, salieron públicamente a cuestionar la decisión de la Mandataria. La timonel DC, Carolina Goic, dijo que este ajuste “no es suficiente si uno quiere enmendar el rumbo, dar un golpe de timón y dar sobre todo certezas de que vamos a trabajar distinto: que vamos a ser críticos como Gobierno, y esto lo digo en plural, pero qué duda cabe, que hay que hacer autocrítica sobre todo en la relación en el Parlamento (…) creo que todavía queda cambio pendiente. No se resuelven con este cambio las dificultades que han quedado en evidencia durante esta semana".

Su par socialista, Isabel Allende, reconoció que “había expectativas de un cambio mayor”, junto con coincidir en que “hay un cambio que seguirá pendiente, habrá que evaluar el equipo político y el Gobierno tendrá que mejorar su gestión (…)", recalcando que "no tuviera la capacidad para tener una respuesta ante el descalabro" y que "no concitó el apoyo necesario”.

El timonel radical, Ernesto Velasco, dijo vía Twitter que el ajuste fue “insuficiente”; el diputado DC, Aldo Cornejo, agregó por la misma vía que este fue “sin duda un insuficiente cambio de gabinete, que no hace efectivas responsabilidades y que no contribuye a enmendar rumbo”. El presidente del Senado, Ricardo Lagos Weber (PPD), advirtió que “el comité político va a tener que hacer mucho esfuerzo ahora” para recomponer las cosas, al tiempo que su par de la Cámara de Diputados, Osvaldo Andrade (PS), afirmó que “esperaba una respuesta más contundente”, pero sobre todo puso el acento en que lo que deja en claro este ajuste es la ausencia total de “un plan político que diga qué quiere hacer el Gobierno de aquí a que termine su mandato y qué le pide a la Nueva Mayoría”.

El ministro Díaz se limitó a recalcar que “los cambios son facultad de la Presidenta de la República”, a la vez que agregó que, se decida lo que se decida, “siempre van a criticar” y defendió el trabajo del comité político, asegurando que, si hay algo que hace este equipo ministerial, “es dialogar, dialogar y dialogar y vamos a seguir haciéndolo”.

Golpe a la cátedra

Era un secreto a voces en el laguismo que Pacheco desembarcaría como generalísimo de la campaña del ex Mandatario, que ha visto cuesta arriba su opción de convertirse en el abanderado único de la Nueva Mayoría para el 2017. Las conversaciones entre el ex ministro socialista y Ricardo Lagos Escobar vienen desde hace semanas, confesaron entre sus cercanos, puntualmente desde el 29 de septiembre, día en que el ex Presidente lanzó, en la sede del Congreso en Santiago, su libro En vez del pesimismo, el cual fue comentado en la testera por el hoy ex titular de Energía y otros de los nuevos miembros de su comando, como Iván Poduje y Gloria de la Fuente.

Dicen que Pacheco lo meditó bastante, lo conversó con Lagos en varias ocasiones, pero también con la Presidenta Bachelet, que estuvo al tanto de todo con anticipación, tal como se desprende de la carta de renuncia que entregó ayer en la mañana en La Moneda. “De acuerdo a lo conversado con Ud. la semana pasada, por la presente vengo en presentarle mi renuncia, a contar de esta fecha (…). Quiero, en primer lugar, agradecer la comprensión que Ud. me ha expresado por los motivos que explican esta decisión. Estoy consciente que su buena disposición es una demostración más de su liderazgo y claridad con las tareas de avanzar con las transformaciones políticas, sociales, culturales y económicas que hemos estado impulsando juntos durante su Gobierno”, reza el texto.

No solo eso, Lagos Escobar habló, no una, sino varias veces con Bachelet sobre el tema, punto que el ex Mandatario dejó claro durante la conferencia de prensa que dio junto a Pacheco solo una hora después que se concretó la salida de este del Gobierno. “Quisiera dar mis agradecimientos personales por la generosidad de la Presidenta de la República, con quien conversamos este tema y en donde ella entendió que en esta etapa valía la pena compartir a Máximo Pacheco en estas tareas (…) el hecho de que ella haya aceptado la renuncia del ministro Pacheco, yo se lo quiero agradecer porque es una muestra de gran generosidad con Chile, quisiera pensar yo, más que conmigo", sentenció Lagos.

Ante la conocida tensión que ha existido en la relación política entre Bachelet y el ex Mandatario, en el seno del laguismo confesaron que las palabras del candidato no respondieron a un exabrupto, sino que tenía de manera expresa considerado en su libreto dejar claro públicamente el reiterado diálogo que tuvo con la Jefa de Estado por este punto.

En el Ejecutivo confesaron que en varias ocasiones se habló con Pacheco la posibilidad de sumarlo al equipo político, que se instalara en una de las carteras de La Moneda, debido a sus buenas redes políticas y empresariales, su estilo llano y la buena evaluación de su gestión en Energía, que lo puso como uno de los “ministros estrella” del gabinete al cumplir antes de tiempo con la agenda de su cartera. Pero Pacheco nunca consideró realmente la oportunidad y apenas regresó, durante la madrugada de ayer, de Perú –país donde tuvo una intensa agenda oficial–, optó por gatillar el ajuste y renunció.

Si bien el ex ministro socialista llamó ayer en la mañana a Isabel Allende para informarle de la decisión, esta igual fue un tremendo balde de agua fría para la timonel PS. Fue comentario en el partido el mal pie en que quedó la senadora, no solo porque también ha declarado su disposición a competir el 2017 como abanderada presidencial, sino porque desde Palacio la notificaron de su poca influencia ante el Gobierno, ya que por meses ha pedido incorporar gente de su línea política al gabinete y, a cambio, se instala al radical Campos Quiroga en Justicia, un histórico laguista de tomo y lomo.

No por nada, el diputado y jefe de bancada de la DC, Fuad Chahin, dijo con todas sus letras que “si el cambio fue por lo de Pacheco, quiere decir que el cambio lo hizo Ricardo Lagos Escobar”.

La analista Marta Lagos consideró “una movida magistral” la que hicieron Bachelet, Lagos y Pacheco. “El Gobierno estaba en el fondo del barril y no solo cambió la discusión sobre el padrón, sino que además Lagos hace gol de media cancha y nos deja a todos mirando, dejó a todos los demás candidatos atrás sin lugartenientes”.

La directora de Mori explicó que “lo magistral de la movida es que se logró hacer un giro de la agenda en 5 minutos, este fue un golpe comunicacional. Es cierto que se cortó el hilo por lo más delgado, que se dejó a Fernández y Eyzaguirre, pero se eliminó por un rato toda la discusión sobre el Ministerio de Justicia, Javiera Blanco y del padrón electoral, porque ahora la noticia es Pacheco”.

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