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Ya empezaron gestiones desde RN para despejar sin traumas el factor Ossandón

El triunfo de la estrategia Chadwick: Piñera moviliza al voto duro y pragmático de la derecha que teme un nuevo Gobierno de izquierda

por 3 julio, 2017

El triunfo de la estrategia Chadwick: Piñera moviliza al voto duro y pragmático de la derecha que teme un nuevo Gobierno de izquierda
En el gremialismo explicaron que ese fue el diagnóstico que se hizo hace meses, que al electorado de derecha lo único que le importa hoy es cambiar el Gobierno y que, por eso, Piñera fue incombustible ante la lluvia de cuestionamientos a su flanco más débil, la excesivamente delgada línea que separa lo legal de lo ético en el manejo de sus dos mundos, el político y el empresarial.
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Conoce como la palma de la mano a la derecha, sobre todo el pragmatismo de su electorado, ese mismo que anoche le dio un triunfo holgado a Sebastián Piñera en las primarias de Chile Vamos y que permitió a la oposición aumentar en 400 mil votos el nivel de participación en comparación con el proceso del 2013. Toda la campaña para las primarias del ex Mandatario –comandada por su hombre clave, el ex ministro Andrés Chadwick– tuvo un objetivo claro, del cual no se desvió nunca: apuntar al voto más duro del sector, a ese incondicional, que hace oídos sordos a las críticas que rodean al candidato de la UDI y RN, que prioriza ante todo respaldar a la carta más segura en noviembre para cambiar el Gobierno y así sacar a la Nueva Mayoría del poder.

Todo en el comando de Piñera era sonrisas, abrazos, globos y festejos, porque tras el recuento de votos comprobaron que no hubo ninguna sorpresa de último minuto que pudiera complicar la ruta que, desde hoy y hasta la primera vuelta de noviembre, comienza a transitar el abanderado de la UDI y RN. La derecha no solo sacó más votos que el 2013, llegando a 1 millón 400 mil sufragios, además cuadruplicó los sufragios –326 mil– que captó el Frente Amplio. Así, Piñera ganó cómodamente en el seno de la coalición con el 58% –ante el 26,5% de Manuel José Ossandón y el 15% de Felipe Kast– y obtuvo el primer lugar en las quince regiones del país.

Entre los aplausos, los gingles y las banderas, dirigentes de la UDI y RN reconocían que la clave estuvo precisamente en el trabajo político y territorial que se hizo hasta último minuto con las huestes del sector, para el cual se aprovechó la “máquina” que quedó coordinada de las municipales de octubre del año pasado, lo que permitió movilizar el voto duro de la oposición.

Una estrategia que –según reconocieron en el seno del piñerismo– apuntó en todo momento a poner los acentos en que el electorado de la coalición no podía quedarse en la casa, que no estaba asegurado el triunfo de Piñera en la primaria, pero, por sobre todo, que apostó a instalar al ex Mandatario como la única forma real y concreta de cambiar de Gobierno, de sacar a la Nueva Mayoría de La Moneda. Fue apelar al pragmatismo y al rechazo absoluto que en este mundo genera la posibilidad de que la izquierda –que es lo que ante sus ojos representa el oficialismo– siga en el poder.

En el gremialismo explicaron que ese fue el diagnóstico que se efectuó hace meses, que al electorado de derecha lo único que le importa hoy es cambiar el Gobierno y que, por eso, Piñera fue incombustible ante la lluvia de cuestionamientos a su flanco más débil, la excesivamente delgada línea que separa lo legal de lo ético en el manejo de sus dos mundos, el político y el empresarial.

Esa fue la lectura que realizó Chadwick, generalísimo de la campaña piñerista. El hombre de mayor confianza e influencia ante el ex Jefe de Estado, lo preparó y trabajó por meses, lo contuvo y mantuvo jugando en esa cancha del voto más duro de la oposición, tal como lo demostró en el discurso cuando lanzó su candidatura a finales de marzo o cuando se cuadró con la UDI, se dio una voltereta en la agenda valórica y rechazó la idea del matrimonio igualitario, el cual apoyó en su campaña del 2009.

Por eso, ni el caso Exalmar ni el hecho de que el Gobierno de Piñera tiene a su haber el negro récord de ser la administración con más imputados ante la justicia por casos de probidad de la historia, mermaron el voto duro de Chile Vamos, como tampoco afectó el que se conocieran sus inversiones en paraísos fiscales ni todo el ruido público que generó el que no declarara la totalidad de su patrimonio.

Al final de la jornada y con casi el 100% de las mesas escrutadas, Piñera obtuvo más de 800 mil votos. El solo captó ayer más que la cifra obtenida por Pablo Longuiera y Andrés Allamand en conjunto el 2013. Ese es el voto duro de Chile Vamos, que representa un 72% de lo obtenido por la coalición en las municipales de octubre. Este es el piso con que comienza ahora el camino a noviembre.

Pero así como la estrategia Chadwick del voto duro fue clave en estas primarias, en el seno del piñerismo consideran que ahora la nueva etapa obligará a Piñera a tener que “abrirse” un poco, estar menos abrazado a las posturas de las UDI y recuperar parte de ese discurso más de centro en algunos ámbitos, ajustes y cambios que deberán verse en las próximos meses.

Puentes

La noche no pudo ser más redonda para el piñerismo, porque incluso la principal preocupación y dolor de cabeza del ex Presidente logró ser estratégicamente contenida. Consiguió que la brecha con Ossandón fuera más del doble, lo que neutralizó en parte la posibilidad de que el senador se transformara, en los próximos meses, en un problema sin control para la campaña de primera vuelta.

Si bien les dolió la derrota, en el entorno de Ossandón apuestan ahora a que Piñera necesita esos 370 mil votos –más de lo que obtuvo todo el Frente Amplio– y, en especial, el arrastre que tiene en Puente Alto y La Florida –donde el senador sacó el 84% de los sufragios–, dos bastiones determinantes para poder ganar en noviembre en la Región Metropolitana. Esas son las cartas que tiene el parlamentario ahora para poder negociar con Piñera algunos puntos del programa de Gobierno y, sobre todo, para que no lo conviertan en un paria, aislado y fuera de la foto oficial de la derecha en los próximos años.

Osssandón obtuvo poco más de 370 mil votos, una cifra respecto de la cual en Chile Vamos apuestan a que, en su mayoría, se quede bajo el paraguas de Piñera en noviembre y para eso ya hay una estrategia en marcha, en pos de despejar ese flanco.



Si bien los primeros contactos desde Renovación Nacional con el equipo del senador se iniciaron hace quince días, en la derecha reconocieron que se incrementaron durante la última semana, tras el polémico debate televisivo de la derecha. La idea era tender puentes, ante la necesidad de amarrar los votos de Ossandón para llevarlos al molino de Piñera, y que eso suceda finalmente depende mucho –recalcaron en RN– de cómo actúe Ossandón en los meses venideros.

Es cierto, Manuel José Ossandón no fue al comando de calle Enrique Foster –en el corazón de Las Condes– para saludar al triunfador de la noche, como sí lo hizo Felipe Kast, pero antes de las 20:00 horas, cuando las tendencias eran claras e irreversibles, con cerca del 70% de las mesas escrutadas, llamó a Piñera para reconocer su derrota y plantearle que se juntaran en la semana. Media hora después, la barra brava piñerista escuchó y vio en pantalla gigante al senador reconociendo oficialmente su derrota. Lo pifiaron con ganas cuando expresó que era de derecha y solo lo aplaudieron cuando dijo “él ganó y ganó por harto”, aludiendo al candidato UDI-RN.

No fueron pocos los dirigentes y parlamentarios de Chile Vamos que respiraron cuando escucharon el tono más “manso” de Ossandón, varios valoraron su discurso, aunque otros insistieron en que no se puede cantar victoria, que va a “presionar y molestar” y que siempre “algo puede pasar con el Cote”, pero transversalmente todos saben y asumen que no pueden dejarlo fuera.

Por eso, durante los últimos días y en especial durante toda la tarde, los contactos desde RN con el núcleo duro de Ossandón fueron determinantes para que la jornada finalizara con un sinfín de gestos políticos clave: el cambio radical de tono del senador; el hecho de que a la sede piñerista llegara a saludar, pasadas las 21 horas, el jefe de bancada de los diputados RN, Leopoldo Pérez, quien fue uno de los pocos parlamentarios del partido que se alineó con el senador; y más tarde el propio Piñera, en televisión, diciendo que va a recibir con los brazos abiertos a todo el equipo de Kast y “lo mismo con el equipo de Manuel José Ossandón y con el propio senador”, porque en lo esencial “estamos en un proyecto de país muy parecido”.

Si bien les dolió la derrota, en el entorno de Ossandón apuestan ahora a que Piñera necesita esos 370 mil votos –más de lo que obtuvo todo el Frente Amplio– y, en especial, el arrastre que tiene en Puente Alto y La Florida –donde el senador sacó el 84% de los sufragios–, dos bastiones determinantes para poder ganar en noviembre en la Región Metropolitana. Esas son las cartas que tiene el parlamentario ahora para poder negociar con Piñera algunos puntos del programa de Gobierno y, sobre todo, para que no lo conviertan en un paria, aislado y fuera de la foto oficial de la derecha en los próximos años.

Si Ossandón no estaba contento, Kast lo estaba menos, porque no solo quedó en tercer lugar en la primaria de Chile Vamos, sino que además fue derrotado en cantidad de votos por la abanderada del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, que cosechó 221 mil 348 votos, ante los 218 mil 279 del diputado de Evópoli. El problema de eso, explicaron en la derecha, es que su partido quedó en muy mal pie para negociar la plantilla parlamentaria de Chile Vamos y eclipsado por un rato como figura del sector.

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