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Tema mapuche desata nueva crisis en Palacio y deja sin piso al subsecretario del Interior

La Moneda bajo la sombra de la renuncia de Aleuy

por 3 octubre, 2017

La Moneda bajo la sombra de la renuncia de Aleuy
El domingo en la noche comenzaron los movimientos en el entorno de Aleuy, debido a que a esas alturas él se inclinaba por dejar el Gobierno, para lo cual habrían tomado los resguardos que implica una decisión de tal naturaleza. Desde primera hora del lunes, el equipo de trabajo del subsecretario cayó en un férreo hermetismo y la preocupación por su eventual salida se instaló en varios sectores del Ejecutivo. Todo, debido a que las declaraciones del ministro Fernández, respecto a la Ley Antiterrorista, lo dejan sin margen para resolver una situación futura que requiera de ese instrumento legal.
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Al subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, se le agotó la paciencia, este lunes a primera hora canceló toda su agenda de actividades para estos días y, en un “acto inusual” para su conocido estilo trabajólico, inmediatamente después del almuerzo optó por irse de su oficina en La Moneda, sin regresar en el resto de la jornada. La última vez que la autoridad socialista se fue temprano a su casa –que no fuera por motivos de salud y en muy contadas ocasiones– fue en agosto del año 2015, un gesto de brazos caídos que tuvo un profundo sentido político: hacer patente su quiebre con el entonces ministro del Interior, Jorge Burgos, por el manejo del paro de camioneros y, sobre todo, su intención en ese momento de dar un paso al costado del Gobierno.

Burgos ya no está en Palacio y esta vez no fue por los camioneros, pero la molestia, el quiebre y sobre todo la amenaza de la renuncia de Aleuy se repitió tal cual ayer, al punto que, a pesar de las intensas gestiones que se desplegaron para intentar convencerlo de no dimitir, hasta el final de la jornada había sido imposible desactivar el conflicto gatillado por los últimos acontecimientos en torno al conflicto mapuche y la forma en que se ha manejado el caso de los cuatro comuneros que estaban en huelga de hambre, acusados por el llamado 'caso Iglesias'.

Es cierto que Aleuy se jugó el todo por el todo con el criterio de aplicar la Ley Antiterrorista y que el jefe jurídico de Interior, Luis Correa Bluas, dijo el miércoles con todas sus letras que en el Gobierno “no vamos a desistirnos de la querella, no vamos a levantar la querella, no vamos a hacer una recalificación, nosotros estamos muy preocupados, así le hemos dado las instrucciones al gobierno regional, de garantizar la vida y la integridad física de los imputados, pero no hay ninguna posibilidad procesal ni ninguna disposición política de retirar la querella, este es un caso de libro de delito terrorista”. Una declaración que retumbó fuerte 48 horas después, cuando vino la decisión presidencial de recalificar la querella para terminar con la huelga de hambre.

Pero ese no habría sido el fondo del conflicto que se instaló en La Moneda con la posible renuncia de Aleuy y que –según apuntan todas las señales– es difícil que tenga solución.

Desde el sábado trascendió, en ciertos círculos gubernamentales, que el subsecretario estaba “muy molesto” con algunos aspectos de las declaraciones que el ministro del Interior, Mario Fernández, realizó el viernes en la noche, puntualmente algunas frases posteriores a la declaración oficial: “Enviando un proyecto que deroga prácticamente la Ley Antiterrorista, se convierte en un cuerpo jurídico muy difícil de invocarlo, por lo tanto, no será invocado nuevamente, de partida (…) frente a algo hipotético, vamos a ver qué ocurre, nuestra valoración de la Ley Antiterrorista es que es un cuerpo jurídico defectuoso que no se puede invocar, porque no permite que la justicia se cumpla, esa es nuestra posición”.

Fernández pronunció esta frase mientras el subsecretario Aleuy terminaba en Buenos Aires las reuniones que protagonizó con la ministra de Seguridad de Argentina, Patricia Bullrich, diálogo que fue anunciado oficialmente desde La Moneda dos días antes. Nunca fueron conversadas entre ellos, ni fue notificado previamente de ese criterio, pero sobre todo –explicaron en el Ejecutivo– el problema central es que dejan a la autoridad PS “con las manos amarradas”, sin ningún tipo de piso para actuar ante cualquier circunstancia conflictiva que lo amerite y le restaron toda legitimidad ante las policías nacionales e internacionales.

“Si Aleuy actuó como lo hizo en el conflicto mapuche, fue porque tenía antecedentes y tenía la venia presidencial para hacer todo lo que hizo. Ahora, quedó sin piso para operar nada”, reconoció en reserva una autoridad de Gobierno.

Pero vino la guinda de la torta ese mismo sábado 30. La entrevista que dio a El Mercurio el ministro de Desarrollo Social, Marcos Barraza (PC), cuestionando la 'Operación Huracán', que tuvo el beneplácito de Aleuy. "En la 'Operación Huracán' se abusó de efectismo comunicacional (…), probablemente a Héctor Llaitul (líder de la CAM y detenido en este operativo) se le pudo haber detenido cuando va a firmar, él está con firma mensual y no mediante esas imágenes televisivas (…). Creo que hay hechos violentos y que hay manifestaciones delictuales que pueden tener un móvil político, pero no hay terrorismo en La Araucanía. Sin lugar a dudas lo digo", señaló Barraza.

“Se está tratando de desactivar esto, pero aún no hay solución”, repitieron diversas fuentes del Gobierno hasta el final de la jornada de ayer, las que coincidieron en señalar que el subsecretario se hallaría esperando a que la Presidenta esté hoy martes en La Moneda, ya que por su forma de ser jamás daría un paso al costado con Bachelet lejos y sin conversar previamente con ella. De hecho, trascendió que pidió una audiencia con la Mandataria para hoy.

Lo que habría molestado en la Subsecretaría del Interior no es solamente la crítica abierta, sino el hecho –recordaron en Palacio– de que si bien Desarrollo Social lleva el tema indígena, dicha cartera poco y nada ha realizado para hacer relucir todo el trabajo del Gobierno estos años para revertir las condiciones de desigualdad y pobreza de La Araucanía y, así, el ministro PC se ha mantenido cómodamente al margen del tema todos estos meses, sin pagar ningún costo político.

A eso se sumaría que, con dichas declaraciones, Aleuy aparece públicamente cuestionado desde el propio Palacio y sin que ninguno de sus inquilinos más relevantes hiciera nada ante sus declaraciones. Es más, algunas versiones apuntaron a que desde el segundo piso de La Moneda sabían previamente del tenor de la entrevista que haría la autoridad PC, sin advertirle al subsecretario.

Altas fuentes de Ejecutivo dijeron que eso no fue así, que todos fueron “sorprendidos” por la entrevista de Barraza, que se le llamó la atención, que se le pidieron explicaciones y que, ante eso, habría argumentado que lo hizo porque necesitaba dar una señal política pública para evitar, así, que naufrague la consulta indígena.

Ante todo este escenario, ya el domingo en la noche comenzaron los movimientos en el entorno de Aleuy, debido a que a esas alturas él se inclinaba por dejar el Gobierno, para lo cual habrían tomado los resguardos que implica una decisión de esa naturaleza. Desde primera hora del lunes, el equipo de trabajo del subsecretario cayó en un férreo hermetismo y la preocupación por su eventual salida se instaló en varios sectores del Ejecutivo.

Inquilinos de Palacio dijeron que este quiebre es real y fuerte, pero no era tan grave como el del paro de los camiones, y esa vez optó por quedarse. Cabe recordar que el 2015 la Confederación de Transporte y Carga de Chile (CNTC) realizó una caravana de protesta desde el sur con rumbo a La Moneda y Aleuy, a cargo del conflicto, advirtió, cuando ya estaban en las cercanías del límite de la Región Metropolitana, que no entrarían camiones a la Alameda. Pero, al día siguiente, Burgos lo desautorizó a tal punto, que no solo entraron sino también desfilaron frente a la sede de Gobierno en horario prime de las noticas en vivo y en directo, junto con recibir a sus dirigentes esa misma noche.

Si hay algo que se dice de Aleuy en todo el Gobierno y en La Moneda, es que ante todo es “un soldado fiel” a la Presidenta Michelle Bachelet. Pertenece a ese grupo del PS –especialmente radicado en la Nueva Izquierda– que asumió el “trauma político” de 1973 y resolvió no cometer dos veces en la historia el mismo error de no ser leales contra viento y marea a un Mandatario socialista. El subsecretario es el que ha instalado internamente la premisa de que es Bachelet quien fue elegida por votación popular, que todos en Palacio, incluidos ministros y subsecretarios, son funcionarios de ella y, por ende, sus decisiones se acatan, aun cuando no se compartan.

Por ese mismo credo político que lo caracteriza es que no pocos ayer en el Gobierno reconocían estar al tanto de la molestia de Aleuy, así como de la tensión interna que se instaló en La Moneda los últimos días, pero dudaban que el desenlace fuera su renuncia. “Es cierto, está golpeado, muy molesto, pero es imposible que se vaya, la lealtad a la Presidenta es a todo costo y a toda costa, está en el gen de ese grupo PS, él es el ejemplo absoluto de eso”, precisó una autoridad de la administración bacheletista.

Tensa espera

Pero al parecer en esta ocasión es más grave que el caso de los camiones y la paciencia definitivamente se le agotó a Aleuy, porque todos los despliegues políticos que se realizaron, para tratar de desactivar el conflicto y neutralizar su renuncia, no llegaron a puerto.

La Presidenta Bachelet este lunes estuvo todo el día de gira por la Región de Aysén. Allí inauguró el Hospital de Puerto Aysén, firmó el decreto que recategoriza la Reserva Forestal Cerro Castillo a Parque Nacional Cerro Castillo y amplía el parque Isla Magdalena, y visitó la ampliación del área de Movimiento Aeródromo Balmaceda. A pesar de la agenda y la distancia, monitoreó el incendio político que tenía en Santiago; no por nada la jefa de gabinete de la Jefa de Estado, Ana Lya Uriarte, cruzó el Patio de los Cañones rumbo a las oficinas de Interior y, tras largas conversaciones, salió con el ceño fruncido y un evidente rictus de preocupación.

Misma escena que se repitió al mediodía con el diputado Osvaldo Andrade (PS), quien llegó en silencio y discretamente a La Moneda, directamente a la oficina del subsecretario, donde estuvo por 45 minutos, salió sin hacer declaraciones y, según explicaron en Palacio, sin una solución tampoco.

Pese al fuerte vínculo político que une a Bachelet, Uriarte, Andrade y Aleuy, el peso de esa trenza socialista de la Nueva Izquierda ayer no habría logrado resultados ni evitado la crisis, que se desata en el peor momento, ad portas de la elecciones, a cinco meses de que termine esta administración. Es mayoritaria la lectura interna en el Gobierno respecto a que, si Aleuy renuncia, es el peor de los escenarios, porque se “desfonda” la actual administración, ya que es el subsecretario PS quien tras bambalinas ha cumplido estos tres años y medio la tarea política de “afirmar la estantería” de La Moneda, solucionar conflictos políticos dentro y fuera de los muros de Palacio.

“Se está tratando de desactivar esto, pero aún no hay solución”, repitieron diversas fuentes del Ejecutivo hasta el final de la jornada de ayer, las que coincidieron en señalar que el subsecretario se hallaría esperando a que la Presidenta esté hoy martes en La Moneda, ya que por su forma de ser jamás daría un paso al costado con Bachelet lejos y sin conversar previamente con ella. De hecho, trascendió que pidió una audiencia con la Mandataria para hoy.

Con todo lo sucedido, ayer más de uno en el Gobierno vio el “fantasma” del ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, pues, tras todas las señales que La Moneda le dio para actuar en una línea en el caso del proyecto Dominga, a última hora se decidió rechazarlo, sin advertirle y quedando públicamente sin piso, desautorizado. Eso desató una crisis que se prolongó por días, que enfrentó al ex jefe fiscal públicamente con la Presidenta y que concluyó con la renuncia de Valdés y la salida del resto del equipo económico del gabinete.

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