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Fiscalía a la deriva: la débil gestión de Jorge Abbott que llevó al Ministerio Público a su peor momento

por 24 abril, 2019

Fiscalía a la deriva: la débil gestión de Jorge Abbott que llevó al Ministerio Público a su peor momento
"En tiempos de Piedrabuena o Chahuán esto no habría pasado", han asegurado en estos días al interior del Ministerio Público, para ilustrar el estilo incapaz del máximo persecutor del país para controlar el conflicto entre los fiscales Sergio Moya y su jefe directo, Emiliano Arias. Un problema que puede ser habitual entre abogados con un ego difícil de manejar, pero que ante la falta de conducción, liderazgo y autoridad, ha dejado al descubierto los problemas de fondo de la institución.
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“Como es de conocimiento, el Ministerio Público se ha visto expuesto a un complejo escenario en la última semana, en la que uno de sus fiscales regionales ha sido denunciado por hechos administrativos y penales”, es parte de la carta enviada por el Fiscal Nacional, Jorge Abbott, a los persecutores regionales para comunicar la decisión de designar a Eugenio Campos –el mismo que indaga el fraude en Carabineros– para investigar las denuncias que hizo el fiscal adjunto Sergio Moya contra su jefe directo, Emiliano Arias.

El Fiscal Regional de O'Higgins se ha transformado para Abbott en un innombrable y los roces entre ambos se arrastran desde, al menos, el 2016. Por eso es que este complejo capítulo que se desató en Rancagua puede ser la instancia que esperaba el Fiscal Nacional para que –recalcó una fuente cercana a la investigación– pueda "operarse de Emiliano Arias en el momento en que se concrete su salida, ya sea por vía administrativa o una renuncia. Así queda como quien sacó la corrupción de la Fiscalía”.

En octubre de 2016, casi al año de haber asumido, el jefe del Ministerio Público abrió un sumario administrativo contra Arias por entregar datos del caso Corpesca en una entrevista radial y decir que la Ley de Pesca era “corrupta”. En ese episodio, el Fiscal Regional fue absuelto, pero se abrió una investigación por supuestas filtraciones a la prensa en el caso del ex diputado Jorge Insunza y en el de Corpesca, investigación administrativa que llevó adelente el entonces fiscal Andrés Montes.

La dureza de Abbott contra Arias por dar información de los casos en los medios de comunicación no ha sido igual con otros fiscales cercanos a él que, incurriendo en lo mismo, no se han encontrado con la furia del Fiscal Nacional. Basta recordar que Moya hizo sus denuncias contra Arias en una entrevista radial y hasta ahora Abbott no lo ha recriminado por ello.

Quienes lo conocen y han trabajado con él dicen que Jorge Abbott tiene dos rasgos muy marcados. Por un lado, que es muy temeroso a la hora de tomar decisiones. Si hay una reunión entre él y tres personas, es muy probable que las tres entiendan algo distinto, porque le falta claridad. Por otro, peca de falta de liderazgo, en una institución en que cada persecutor tiene un ego muy desarrollado. Para tratar de entender al Fiscal Nacional hay que tener claro –agregaron en el Ministerio Público– que su preocupación es el cuidado de las instituciones, de la República, que él se siente parte de la elite del país, siempre recuerda que sus ancestros, un británico y una francesa, llegaron casi a fundar la República de Chile a mediados del siglo XIX. "Para él una reunión con Hernán Larraín es una conversación de caballeros y no una cita que puede interpretarse como un lugar para presiones indebidas”, afirmó una fuente.

Otro choque frontal fue cuando el Fiscal Regional fue sumariado, nuevamente, por aceptar la suspensión condicional del procedimiento en el caso de la empresa Caval –como persona jurídica en la arista Saydex del caso– sin la autorización previa de Abbott.

Así, teniendo en cuenta estos desencuentros, la idea de que el Fiscal Nacional quiere sacar del Ministerio Público a su complejo subalterno, cobra cada vez más sentido entre quienes trabajan en el organismo.

En el ambiente que rodea a los fiscales afirman que “el desconcierto es total y se nota en que muchos fiscales siempre están buscando pega", mientras que ha sido inevitable en estos días la comparación de la situación actual con lo que era el Ministerio Público cuando estuvieron al mando Guillermo Piedrabuena y Sabas Chahuán. “Gobernaban con puño de hierro, ambos sabían manejar las debilidades estructurales que tiene el Ministerio Público en cuanto a las posibilidades de desarrollo para los fiscales y que los obliga a buscar figuración o a cultivar compadrazgos para poder sobresalir. Esto (la disputa entre Moya y Arias) jamás hubiera sucedido de esta manera en la época de Chahuán, él era como un inspector de colegio que habría llamado a Arias frente a Moya para arreglar el conflicto inmediatamente y así impedir que siguiera escalando”, recalcó una fuente de la Fiscalía.

La única vez en que se hizo público que Abbott llamara al orden a sus subalternos, también involucró a Arias, en 2016. El fiscal se enfrentó en los medios con su ex amigo Pablo Gómez, al decir por la prensa que los correos que comprobaban la relación irregular entre el entonces senador Pablo Longuiera y Patricio Contesse, gerente de SQM, estaban desde el comienzo en la carpeta de investigación. Gómez lo contradijo en público y puntualizó que recibió esa información solo el 8 de enero de ese año. Abbott intervino en la disputa y, para muchos en la Fiscalía, ese episodio profundizó la mala opinión que el Fiscal Nacional tiene hace tiempo de Arias.

"Las filtraciones han existido siempre, pero ahora con la falta de control se han hecho más evidentes. Antes, el equipo de Chahuán o Piedrabuena era capaz de bloquear algunos comportamientos que eran muy repetidos, pero actualmente es una prueba más de la falta de control y de que el Fiscal Nacional escucha bien poco a sus asesoras o ellas no lo aconsejan bien", destacó un ex fiscal, aludiendo a la labor que ejercen Marta Herrera y Francisca Werth.

El preferido del Congreso

Quienes lo conocen y han trabajado con él dicen que Jorge Abbott tiene dos rasgos muy marcados. Por un lado, que es muy temeroso a la hora de tomar decisiones. Si hay una reunión entre él y tres personas, es muy probable que las tres entiendan algo distinto, porque le falta claridad. Por otro, peca de falta de liderazgo, en una institución en que cada persecutor tiene un ego muy desarrollado. Para tratar de entender al Fiscal Nacional hay que tener claro –agregaron en el Ministerio Público– que su preocupación es el cuidado de las instituciones, de la República, que él se siente parte de la elite del país, siempre recuerda que sus ancestros, un británico y una francesa, llegaron casi a fundar la República de Chile a mediados del siglo XIX. "Para él una reunión con Hernán Larraín es una conversación de caballeros y no una cita que puede interpretarse como un lugar para presiones indebidas”, afirmó una fuente.

En efecto, antes de ser elegido Fiscal Nacional, Abbott expuso ante los parlamentarios que, en su opinión, las investigaciones por delitos tributarios que amenazaban a la política, solo debían seguir si había de por medio una querella del SII. Luego de asumir, dijo en una entrevista que su idea era “acotar y darles término a las investigaciones". Pero a pesar de sus dichos, Arias, Manuel Guerra y Gómez continuaron formalizando a distintos involucrados sin mediar querella de Impuestos Internos, contradiciendo su “doctrina”.

El año pasado, cuando finalmente la mayoría de las causas empezaron a cerrarse con salidas administrativas y sanciones bajas, Abbott lanzó una definición que fue un alivio para la clase política: "Al iniciarse una causa con los primeros antecedentes que se tienen y se decide formalizar a las personas, probablemente se generan expectativas que luego, a lo largo de la tramitación de la misma, no pueden ser satisfechas (…). Probablemente no vamos a ser los más populares cuando tomemos algunas decisiones. La popularidad no es algo deban buscar los fiscales, sino que deben buscar hacer bien su trabajo”.

Precisamente, su excesivo acercamiento con los políticos en reuniones privadas es lo que le ha traído más problemas a Abbott, como sucedió el año pasado cuando se trató de destituirlo, por petición del Frente Amplio ante la Corte Suprema, al saberse de su reunión con Hernán Larraín para discutir la situación del senador UDI Iván Moreira, involucrado en el caso Penta, en el que el Fiscal Nacional estaba inhabilitado por ser primo de Alfredo Moreno Charme, ex director de dicho holding.

Otra prueba de su “falta de tacto” y de manejo fue la reunión que se vio obligado a admitir que tuvo en noviembre del 2018 con el senador PS Juan Pablo Letelier, cercano a uno de los jueces de la Corte de Rancagua investigado por la Fiscalía. Los dos negaron que en el encuentro se tratara la situación de los magistrados, pero las sospechas quedaron inevitablemente instaladas.

Tampoco se ha disipado el cuestionamiento a su falta liderazgo. En enero del año pasado, los entonces fiscales Carlos Gajardo y Pablo Norambuena renunciaron a sus cargos en desacuerdo con la salida alternativa que se le ofreció, precisamente, a Moreira, que significó el comienzo del fin para las mediáticas causas que investigaron el financiamiento irregular de la política.

La disputa entre Arias y Moya no es solo una simple pelea o el quiebre de la relación entre un jefe y su subalterno, sino que ilustra en plenitud la crisis que hay en el Ministerio Público y que ha puesto, una vez más, a su máxima autoridad, el Fiscal Nacional, en el foco de las críticas.

A la trama le restan varios capítulos, todos complicados para la imagen y credibilidad del Ministerio Público. De hecho, ya se anticipa una arremetida del Fiscal Regional de O'Higgins, algo de lo que ya mostró al presentar un escrito donde acusó que Abbott le ofreció protección al fiscal Moya: “Arias va a tirar el mantel. Siempre ha sido díscolo, pero sin control puede ser un mono con navaja”, advirtió un funcionario de la Fiscalía, donde aseguran que la situación es “igual a cuando los padres se van de vacaciones: los hijos hacen lo que quieren”.

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