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Chile: País Emprendedor

por 14 febrero 2010

Hemos designado a un gobierno bajo el mandato de la eficiencia, para que en nuestros ministerios y en nuestros servicios se repliquen los criterios de administración y más que un país con equidad social, sea una empresa competitiva a nivel mundial.

El Paseo Ahumada fue la semilla lanzada hace 30 años. Como un paraíso artificial,  se transformó en aquella época en un escudo que nos protegía de la realidad y que de a poco se convirtió en la realidad misma. Su novedad sólo espantaba a quienes fueron capaces de percibir más allá de su miserable oferta.

Aquellos visionarios, como Enrique Lihn, en vez de encandilarse con tiendas, bancos y financieras, vieron en la invasión de baratijas chinas, en el corretaje de vendedores ambulantes por perros policiales o en el baterista delirante que sacudía sus cajas de cartón por unos pesos, la emergencia de un nuevo orden social. Lihn entendió que este espacio público dejaría al público sin espacio, que la compulsión por los objetos nos dejaría sin alternativa y que esta falta de alternativas se parecía mucho a un infierno.

Hemos designado a un gobierno bajo el mandato de la eficiencia, para que en nuestros ministerios y en nuestros servicios se repliquen los criterios de administración y más que un país con equidad social, sea una empresa competitiva a nivel mundial.

La estética del consumo fue ganando en tamaño y perdiendo en sofisticación. De las líneas rectas, pasamos a las espirales, de ahí a los cubos hasta llegar a los malls: grandes pabellones de consumo vigilado. En esta carrera los viejos cines se transformaron en discos, edificios  o grandes tiendas y nosotros en clientes, consumidores y audiencias. En nombre de la eficiencia se mercantilizó la educación, se privatizaron los recursos naturales y se subastó la previsión social.  En virtud de la disciplina económica se redujo el gasto fiscal, se flexibilizó el mercado laboral y se desreguló el mercado de capital.

Los 20 años de pausa fueron una ilusión, una aletargada y agotadora transición que transformó el augurio de Lihn en una brutal realidad. Hoy nos cuesta distinguir o siquiera digerir alternativas. El experimento de los 80 ya es parte de nuestra identidad, moldea el lenguaje y configura los límites de lo posible. Sabemos que nuestro sistema está lejos de ser ideal, pero que al menos somos los mejores de Latinoamérica; nuestra democracia no es perfecta, pero es mejor que la dictadura; el sistema económico genera injusticias, pero ya estamos en la OCDE. Disminuir nuestras expectativas, desconfiar de lo imposible parece ser la mejor manera de evitar los viejos antagonismos.

Producto de un baldío pragmatismo político terminamos por sepultar nuestra pequeña ilusión, la ilusión de los 20 años. Decidimos reemplazarla por gerentes, por los nuevos gerentes del nuevo estado emprendedor. Como ejemplo de nuestra (des)orientación y de nuestro sentido de realidad que comenzó a cristalizarse en el Paseo Ahumada, hemos designado a un gobierno bajo el mandato de la eficiencia; para que en nuestros ministerios y en nuestros servicios se repliquen los criterios de administración  y más que un país con equidad social, sea una empresa competitiva a nivel mundial.

Socios, colegas, amigos y compañeros de aventuras mercantiles del cacique, además de alguna rata que decidió salirse del barco que se hundía y protegerse en Puerto Seguro; a todos ustedes saludamos como los empleados del mes, para que cumplan con su mandato, administren el país con eficiencia y puedan, por fin, desterrar la política del Estado. Estamos seguros que serán capaces de lograrlo, al fin y al cabo, son ustedes los que lograron transformar el Paseo Ahumada en un círculo, son ustedes los que lograron empastar la grotesca realidad que Lihn hace un buen tiempo percibió.

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