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La naturaleza comunicacional de la conspiración política

por 30 julio 2010

La naturaleza comunicacional de la conspiración política
Por eso el instructivo de la Secom supone todo un problema para el gobierno. No tanto por su contenido como porque el texto en cuestión cambia del contexto de discreción para el cual fue elaborado, a uno de visibilidad mediática y eso implica rendir cuentas acerca de secretismos.

Que las teorías conspirativas estén actualmente un tanto desprestigiadas no significa que las conspiraciones no ocurran. De hecho, pocas semanas atrás presenciamos a través de los medios un intercambio de espías entre Rusia y Estados Unidos, y cada cierto tiempo sabemos de desclasificación de documentos secretos que nos informan acerca de conspiraciones diversas. Incluso podríamos suponer que el desprestigio de las teorías conspirativas es un logro mayor para todos aquellos que conspiran, pues si el sentido común no cree en la existencia de las conspiraciones, evidentemente se puede conspirar con mayor tranquilidad -sin rendir cuentas, en lo posible, pues la conspiración entraña el secretismo.

Sin embargo, las conspiraciones son más rutinarias de lo que se podría suponer y de lo que se nos quiere hacer creer, pues forman parte natural de las luchas de poder y, como sabemos, el poder es una creación humana esencialmente opaca. No se trata sólo de la discreción que caracteriza al lenguaje y a las prácticas de aquellos que forman parte de una estructura de poder, sino del secreto: la conspiración supone secreto y conjura de unos contra otros.

Por eso el instructivo de la Secom supone todo un problema para el gobierno. No tanto por su contenido como porque el texto en cuestión cambia del contexto de discreción para el cual fue elaborado, a uno de visibilidad mediática y eso implica rendir cuentas acerca de secretismos. Y tiene razón el vicepresidente de RN, Manuel Ossandón, cuando refiriéndose a los políticos de la Concertación pide “que no vengan a hacerse tampoco los santos los que hacían lo mismo”. Como decíamos, siempre se ha conspirado, de lado a lado, en las cuestiones de poder.

Es frecuente que se evalúe como exitosa una planificación secreta en tanto se haya resuelto bien el aspecto comunicativo del asunto, ya sea apareciendo en los medios o, por el contrario, evitando la aparición, según demande la estrategia.

Lo que resulta relativamente nuevo es la importancia (cada vez mayor) de la dimensión comunicacional en la conspiración política. Es frecuente que en ese marco se evalúe como exitosa una planificación secreta en tanto se haya resuelto bien el aspecto comunicativo del asunto, ya sea apareciendo en los medios o, por el contrario, evitando la aparición, según demande la estrategia.

Nuestras propias investigaciones realizadas en el marco de un proyecto Fondecyt para conocer cómo la elite política chilena usa la llamada “comunicación estratégica” para relacionarse con los medios, dan cuenta de ello.

En los últimos 20 años la elite contrata rutinariamente a profesionales que los asesoran en estos temas de tal modo que el asesor comunicacional ha desplazado a otros asesores que antes eran muy importantes y de gran valor para las estrategias políticas de la elite. A modo de ejemplo, un asesor directo del ex presidente Lagos nos comentaba lo siguiente: “Yo te pregunto, ¿cómo se llama el asesor laboral de Piñera, de Frei o de Lagos? Te aseguro que nadie lo sabe, pero cómo se llama el asesor comunicacional de ellos, ahí por lo menos estamos cerca de saber quiénes son”. En tanto, el dueño de una de las más importantes agencias de comunicación de Chile nos decía que “siempre ha existido el asesor con el cual el político delibera, conspira y planifica la conspiración. Ese asesor ha sido hoy parcialmente desplazado por un tipo que hace algo parecido, pero dirigiéndose a los medios, a los periodistas, etc.”.

Es lo que justamente hace la minuta de la Secom, da “lineamientos comunicacionales” (secretos) a los suyos: pide “realizar pautas comunicacionales”, “introducir conceptos en las cuñas”, “cambiar el uso de los verbos”, “mencionar a nuestros adversarios”.

Y el problema que se presenta entonces es cómo enfrentar una situación como esta en la que se develan públicamente instructivos redactados para que circulen en contextos cerrados, además, en el marco de una sociedad que no es lo que ella dice que es.

Más tareas pues para la Secretaría de Comunicaciones y sus asesores comunicacionales.

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