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La escuela en silencio: fin de la obligatoriedad de la educación musical

por 23 noviembre 2011

La escuela en silencio: fin de la obligatoriedad de la educación musical
Es necesario reconocer la escuela como un espacio riquísimo de conexión con la sociedad, el cual, más allá de las diferencias que podamos tener acerca del enfoque que adopte, constituye una instancia de socialización con el conocimiento, la formación en valores y la construcción social del país.

Durante julio del presente año, se promulgó el decreto exento 1363, (18 de julio de 2011), el cual, emanado desde el Ministerio de Educación, da cuenta de la aprobación del nuevo plan de estudios de 5° a 8° año de enseñanza básica.

Este documento modifica la anterior reforma educacional implementada desde la segunda mitad de los ’90, la cual fijaba un principio mínimo de obligatoriedad para el subsector de Artes Musicales entre 7° básico y 2° año medio, con 2 horas semanales.

Dicha reforma, si bien dista bastante de lo ideal en términos de una formación musical escolar contínua desde primer ciclo básico hasta el fin de la enseñanza media, consiguió instalar unas condiciones mínimas de desarrollo para la asignatura, insertando además una mirada de la enseñanza musical con fuerte énfasis en su dimensión cultural y social, que contrasta con la precariedad en que quedó la asignatura después de la reforma de los años ’80, en términos de aprendizajes a desarrollar y de horas de trabajo frente a curso.

El decreto aprobado recientemente modifica sustancialmente estas condiciones de operación, al fijar un régimen de dos horas para el subsector de educación artística entre 5° básico a 8°, en los establecimientos que no implementan jornada escolar completa (JEC), y, para aquellos que la implementan, un total de dos horas para 5° y 6°, y de tres horas para 7° y 8°.

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Esto quiere decir:

- Se reducen las horas fijadas por el currículo para la formación artística de los estudiantes.

- Las horas destinadas a educación artística son compartidas con otros subsectores.

- Los subsectores de artes pasan a ser optativos, quedando sujeta su implementación al criterio de los directivos y sostenedores, y a los recursos con que cuenta cada escuela.

- Si bien es difícil cuantificar en forma precisa los efectos que esto tiene para para la formación artística de los niños y jóvenes de nuestro país, la sola reflexión sobre los puntos antes mencionados debiera generar un estado de alerta, respecto al curso que toman las políticas educativas sobre enseñanza artística, y su compromiso con el desarrollo armónico de nuestra sociedad.

- Al respecto, es necesario tomar conciencia de que el currículo nacional no sólo constituye una selección de conocimientos a impartir, sino que representa la forma en que una sociedad se piensa y se construye a sí misma, pensando en formar a los ciudadanos que sostendrán el crecimiento del país en el futuro cercano.

- En ese sentido, la presencia de una disciplina o área al interior del currículo nacional busca asegurar unas oportunidades de acceso equitativo al conocimiento: definir la obligatoriedad de la educación musical en el currículo nacional implica que todos los estudiantes del país tienen asegurada la posibilidad de acceder a una formación musical mínima. Ella se constituye en un espacio único e irreemplazable  de experiencias y aprendizajes para la vida, que no se reemplaza con una formación general en artes, ni menos con la implementación de talleres o actividades curriculares de libre elección (que por definición, no son accesibles a todos, y que dependen en gran medida de los recursos con los que cuente la escuela).

Asimismo, es necesario reconocer la escuela como un espacio riquísimo de conexión con la sociedad, el cual, más allá de las diferencias que podamos tener acerca del enfoque que adopte, constituye una instancia de socialización con el conocimiento, la formación en valores y la construcción social del país.

De allí que la gravedad que reviste este cambio curricular no radica solo en la pérdida de un espacio de trabajo y desarrollo para quienes nos vinculamos a la enseñanza musical: es privar a los niños y jóvenes en nuestras aulas del acceso al conocimiento, el desarrollo de habilidades y valores en torno a la música y sus posibilidades de expresión colectiva e individual. En otras palabras, privar a la sociedad que buscamos construir de toda una dimensión de conocimientos y experiencias culturales y sociales, ante lo cual resulta un deber el difundir esta información, y organizarnos para revertir esta decisión arbitraria y poco responsable con el futuro del país.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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