“Las Farc tienen grupos de amigos en todas partes” - El Mostrador

Viernes, 15 de diciembre de 2017 Actualizado a las 03:40

Jorge Enrique Botero, periodista colombiano

"Las Farc tienen grupos de amigos en todas partes"

por 10 noviembre, 2008

En el marco de la Feria del Libro presentó su último libro, Simón Trinidad, el hombre de hierro, donde relata el trasegar de un banquero, educado en los mejores colegios de Colombia y con estudios en el extranjero, a la dirección militar de la guerrilla más antigua del continente. En entrevista con El Mostrador, Botero recorre la historia colombiana de los últimos 50 años, sintiéndose orgulloso por haberle ganado "el quién vive" a Gabriel García Márquez con la historia de este ícono de la lucha armada en su país.

Con un jockey que ocultaba en parte su pelo cano, una chaqueta de pescador con muchos bolsillos y tomando fotografías cual turista japonés en un país desconocido, el periodista Jorge Enrique Botero apareció en la Feria del Libro, donde presentó su último libro: Simón Trinidad, el hombre de hierro, una extensa investigación sobre a uno de los líderes militares de las Farc, que hoy purga condena en Estados Unidos.

Bebiendo agua mineral y adicto a la sopa de tomate, Botero trabajó sobre uno de los más enigmáticos guerrilleros de ese grupo armado, quien pasó de ser un banquero, con estudios en los mejores colegios y universidades "a vivir en el monte", en medio de los mosquitos, las balas y la muerte.

-¿Cómo descubrió a Simón Trinidad?

-Había oído hablar de él como una cosa un poco legendaria: el banquero que se convirtió a la guerrilla y en 2000, cuando estaban los diálogos del gobierno de Pastrana con las Farc, en la zona desmilitarizada, me lo encontré en la y le pregunté ¿usted es Simón Trinidad? ‘Sí, ese soy yo', me respondió. Nos saludamos, hablamos 50 palabras y ya estábamos conectados. Es un tipo con muy buena formación intelectual, un tipo de mi generación, del mismo origen social y con muchos lugares comunes y amigos en común.

-¿Qué lo sedujo de él?

-Su radicalismo, su forma vertical de ver las cosas, esa cierta forma de moverse a sus anchas. Era sin duda un personaje verdaderamente llamativo. Él sobresalía entre los jefes de las Farc, tenía una bellísima mujer, "la bellísima Lucero", como él la llamaba. Seguí yendo a reportear a esas zonas y en ese ir y venir, nos quedamos hablando con un whisky old parr horas y horas, a veces muy airadamente sobre Colombia, sobre cómo solucionar la guerra, sobre la vigencia de la lucha armada. De pronto me expresaba su admiración por José Stalin. Y le decía y lo miraba sorprendido por esos comentarios. Me llamaba mucho la atención ese tono de él, ese escepticismo frente a la sola posibilidad de un acuerdo para terminar con la guerra. "La dirigencia de su país no entiende si no a plomo. La elite colombiana no entiende ningún otro lenguaje que el de las balas", me decía. Pese a estas marcadas diferencias, podría decir a estas alturas que hasta nos hicimos amigos.

-¿Y no tenía miedo de que en esos viajes a la selva para hablar con Trinidad las fuerzas militares hicieran una operación y lo mataran junto a otros guerrilleros?

-Yo estuve en la mitad de bombardeos, en momentos en que Pastrana rompió los acuerdos y estaba en un caserío y sentimos las bombas muy cerca. Tienes el peligro de bombardeo, de las operaciones militares del Ejército y de los paramilitares y también de las enfermedades como el paludismo.

-En su libro explica cómo se produjo este cambio de banquero respetado a líder de las FARC de Simón Trinidad, y lo atribuye al contexto político de Colombia y a la convicción de éste por la lucha social. ¿Tiene usted otra, quizás más de carácter metafísico si se quiere?

-Yo me fui enterando de su temperamento, de que le mataron a todos sus camaradas, de que él no huiría como una rata, en fin. Pero para mí debía existir algo más. Algunos de sus amigos me indicaban que era por un homenaje a su padre, otros por despecho, y otros que era un ególatra impenitente, pero tengo una que no puedo revelar, porque se hará una película.

-Por antonomasia su libro es un recorrido por la historia colombiana de los últimos 50 años. ¿Cómo ha cambiado en todos estos años la violencia política en su país?

-Los casi 45 años de guerra han sido muy diversos. Digamos que a estas alturas estamos en el más impensable nivel de degradación del conflicto. El presidente Álvaro Uribe ha querido apagar el fuego con gasolina. Imagínese esta escena: jóvenes de barriadas populares que no tienen oportunidades de ninguna especie, esperando en un parque fumando marihuana. Periódicamente un tipo los seduce, diciéndoles que les ofrece un buen trabajo y dinero y los chicos sin ni siquiera avisar a su familia se van. Dos días después aparecen muertos, presentados por el Ejército como guerrilleros dados de baja en combate y vestidos de uniforme. Se trata entonces del más macabro de los negocios, porque reciben recompensas de casi US$ 800 mil por cada uno de esos muertos o bien una semana de permiso para ir a ver a la mamá.

El peso de Estados Unidos en el conflicto

-¿Ese trasegar de los guerrilleros de las Farc, implica que alguna vez terminará el conflicto? Se lo pregunto por el conocimiento que tiene de este grupo, del Ejército y de la guerra misma.

-En las Farc, con la muerte de Marulanda, ha habido un cambio generacional, el que tendrá importancia en el futuro, porque los nuevos jefes que han llegado al poder tienen un afán de conseguir algo de poder y ya no necesariamente de pasar metidos en la selva. Tienen, creo, una vocación más decidida a eso, luego de tantos años jodiéndola. Por otro lado, la sociedad colombiana está hasta las, bueno, tú sabes. ¿Se imagina usted abrir todos los días el diario, ver la tele y en la radio con noticias de la violencia? Fosas comunes, militares y guerrilleros muertos. Creo que estamos en un momento donde puede haber una reacción general frente a este problema, pero sin duda la salida es política, pero el conflicto no se puede apagar con gasolina como lo hace Uribe.

-¿Cuánta es la cantidad de gasolina que le cae al conflicto por la presencia de Estados Unidos?

-La influencia y la participación de EE.UU. ha sido abundante, permanente y alta. Seis millones de dólares para la guerra, asesores militares. Vas a las bases militares desplegadas en la zona de guerra y hay gringos por todos lados. Hay denuncias gravísimas de madres de niños y niñas que han sido objeto de orgías y cosas organizadas por esos militares, muy similares a las que se realizaron en Vietnam o en Irak. Creo que el gobierno colombiano no habría podido sostener esa guerra de no ser por los gringos. Y el gran nerviosismo que existe en la Casa de Nariño (sede del gobierno) es que ganó Obama, quien manifestó su preocupación con la cantidad de dinero que se gasta en el plan Colombia. Esos dineros han sido para evitar el comercio de coca a EE.UU. y destruir las plantaciones, pero ya vemos que ambas han aumentado.

-¿Cómo define a las FARC? ¿Luchadores sociales o un grupo narcoterrorista?

-Es una organización política al margen de la ley que lleva más de 40 años desafiando el Estado colombiano, con presencia en todo el país, compuesta fundamentalmente por campesinos, con una fuertísima presencia en las zonas de cultivo de coca y alimentada desde el punto de vista financiero, en buena medida por dineros provenientes del tráfico de drogas.

-¿Cómo están armadas las redes de las Farc fuera de Colombia?

-Las Farc han tenido a lo largo de toda su historia reciente un abanico grande de relaciones internacionales. Por supuesto que como todas las guerrillas de América Latina de los 70', tenían una especie de santuario en Cuba. En ese contexto es que armaron la comisión de relaciones internacionales, que logró armar vínculos en toda Europa, Estados Unidos y por cierto en Latinoamérica.

-¿Y en Chile?

- En Chile no conozco en detalle esas redes, tampoco las de Argentina, ni las de Brasil. Yo sé que ellos tienen grupos de amigos en todas partes que les ayudan, que son solidarios con ellos. Yo supongo que deben tener un grupo de apoyo grande, porque hay raíces comunes con otros grupos.

-Me quedó la sensación del libro de que si bien no se trata de un panegírico, hay un acercamiento de tal nivel, reconociéndolo con un legítimo otro.

-Es muy sencillo. Ni siquiera en la época de la guerra contra Irak, se ha montado una campaña de propaganda más grande contra las Farc. Entonces día y noche ves una andanada de adjetivos, descalificaciones y acusaciones. Entonces yo decía, vamos a tratar de hacer una cosa donde ese elemento no esté presente, donde esté el ser humano, por lo que no creo que le haga una apología a él. Además por qué me voy a tener que sumar a lo que es tan abundante. Es más bien una decisión deliberada. Ahora bien, eso no quiere decir que yo no vea defectos en ese ser humano, que también está lleno de odio y resentimiento.

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