Miércoles, 31 de agosto de 2016Actualizado a las 12:54

El moderado optimismo del sacerdote

Felipe Berríos y la rebelión de los mayordomos: "Ha habido un cambio en el eje de poder en lo político, en lo empresarial, en los medios de comunicación"

por 13 enero 2016

Felipe Berríos y la rebelión de los mayordomos:
Afincado en Antofagasta compara a la ciudad minera con lo que ocurre en Chile, donde a su juicio la gente tiene más cosas pero no ha mejorado su calidad de vida. Admite que muchos "curas, monjas y laicos" están a favor de las reformas políticas y que, al superar la barrera de los 20 mil dolares per capita, se ha generado un nuevo estandar valórico hacia las élites.

De paso por  Santiago, el sacerdote jesuita Felipe Berríos, radicado en un campamento en Antofagasta, se refirió al momento social que vive el país, en principio haciendo un parangón entre la ciudad en la que vive y el resto del país.

"Antofagasta es un Chile en chico, no solo geográficamente. Es una ciudad que tiene 37 mil dólares per capita, con una diferencias sociales brutales, donde hay muchos inmigrantes. Es el Chile que va a ser del futuro. Hay una cultura extractiva y de botar basura. Hay una cultura del regalo, esperar que las mineras regalen cosas. La gente no mira con cariño, quiere irse luego. Sin embargo tenemos los folcloristas que salen de ahí. Una sociedad extractiva, no inclusiva. Como es Chile", dijo en conversación con Radio Zero.

Berríos, sin embargo, cree que la sociedad chilena vive un momento particular de cambio y en ese sentido es optimista.

"Encuentro fascinante el momento que estamos viviendo. Encuentro que hay un poder que ha estado casi desde la Colonia repartido con ciertos colegios, contactos... entonces pedíamos ayuda, se transfería información. El poder no salía de allí. Pero ahora se ha corrido, se ha abierto, cosas que antes nos parecían naturales hoy llegan a ser hasta delitos. Hay una sociedad en que el poder se está trasladando y en ese traslado hay que estar atento para que no se transforme en otra cosa", explicó

En el mismo sentido puntualizó que los cuestionamientos al poder, como el empresariado, han venido desde sectores más meritocráticos, en una referencia implícita al trabajo del fiscal Carlos Gajardo en el caso Penta.

"[El poder] se ha visto cuestionado por fiscales netamente meritorios, que no vienen por contactos sino que están ahí netamente por sus méritos, gente más bien de clase media, no de apellidos. Ha habido un cambio en el eje de poder en lo político, en lo empresarial, en los medios de comunicación", aseguró.

Berríos profundizó en esta idea de cambio, ejemplificando con el hecho de que "nos habíamos acostumbrado a un sistema en que yo te llamaba por teléfono y decía 'oye, necesito comprar un terreno, por qué no te comprai un terreno en esta parte porque van a construir una carretera, te doy un dato' u 'oye no subamos los precios, mantengámoslos ahí para irnos los dos bien. Eso era a nivel político, a nivel de Iglesia, a nivel empresarial, de los medios de comunicacion. Se formaba este abuso, era como natural. Pero cuando el país pasa la barrera de los 20 mil dólares y viene todo este mundo de las comunicaciones, de las redes sociales, donde la gente interviene, de repente nos damos cuenta y decimos 'oye, esto no'", afirmó.

Sobre la presencia de la Iglesia en la política, el sacerdote hizo un matiz importante: "Todos debemos estar preocupados de la política, del bien común, de la alta política. La política partidista no nos corresponde. Una cosa es que uno tenga un pensamiento político y otra es que pertenezca a un partido político o le haga propaganda a un partido político o que diga que como católico te tienes que identificar. Eso lo hizo la Iglesia hasta que se separó en todo el mundo la iglesia del Estado. Somos muchos los curas y monjas, o laicos católicos, que estamos apoyando las reformas".

Para Berríos el problema está en el efecto que el dinero ha provocado en la sociedad chilena. "Cuando el dinero se transforma en un fin se distorsiona. En Chile hemos crecido como país pero no tenemos mejor calidad de vida. No gozamos las cosas que tenemos. Me llamó la atención, cuando volví de África, un país bonito, ordenado, moderno, pero la gente enojada”, afirmó.

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