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El estudio con futbolistas que busca poder diagnosticar el Alzheimer

por 25 marzo, 2019

El estudio con futbolistas que busca poder diagnosticar el Alzheimer
Actualmente no existe una herramienta que permita identificar la enfermedad, por lo que se trata su sintomatología y no su origen. Waldo Cerpa, quien asumirá como subdirector del Centro de Excelencia en Biomedicina de Magallanes, investigara cómo los daños acumulativos que reciben futbolistas profesionales pueden generar demencia. A través de marcadores bioquímicos, pruebas cognitivas e imágenes del cerebro esperan caracterizar enfermedades neurodegenerativas para administrar tratamientos más efectivos y frenar su avance.
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Según la encuesta GFK Adimark 2018, en Chile un 14% de la población juega fútbol. De manera periódica, un 28% de los hombres y un 1% de las mujeres del país, asiste a una cancha –o la improvisa– y practica el deporte con más incidencia a nivel nacional. Durante un partido atravesarán el campo, intentarán meter la pelota en el arco contrario y, durante ese trayecto, se expondrán a sufrir constantes golpes en la cabeza.

“Somos un país súper futbolero, desde bien niños nos sometemos a este deporte de contacto, donde se pierde la precaución y la percepción de que se está acumulando daño. Si no tienes un accidente fuerte, o te pegas con el palo en la cabeza, no piensas que puedes desarrollar una enfermedad a largo plazo. Pero resulta que según los estudios que existen, observando algunos marcadores de daño, no es necesario pegarse demasiado fuerte, basta con que en tu vida estés cabeceando la pelota constantemente para adquirir una predisposición al desarrollo de demencia”, explica Waldo Cerpa sobre el origen del proyecto Fondecyt que recientemente se adjudicó.

El investigador del Centro de Envejecimiento y Regeneración UC analizará cómo los daños acumulativos producidos por traumas pueden llegar a degenerar las funciones de aprendizaje y de memoria. Para ello, trabajará con el Sindicato de Futbolistas Profesionales (Sifuo) y examinará a jugadores que hayan sufrido contusiones junto al neurólogo Maximiliano Rovegno.

Ambos investigadores, junto a una psicóloga, buscarán identificar qué correlación existe entre los golpes en la cabeza y el desarrollo de la demencia y el alzhéimer. Encontrar estos patrones, ciertos marcadores bioquímicos del daño, les permitiría desarrollar por primera vez una forma de diagnóstico precoz en grupos de mayor riesgo.

Además, como subdirector del Centro de Excelencia en Biomedicina de Magallanes (Cebima), conduce la búsqueda para el tratamiento de la enfermedad a través de la administración de litio u otros compuestos de origen natural que ya buscan en Punta Arenas.

Estrés oxidativo y neuroinflamación

El glutamato es la molécula de transmisión neuronal más importante a nivel cerebral, ya que es el medio a través del cual se realizan la mayor cantidad de sinapsis del Sistema Nervioso Central, alrededor de un 80% de ellas.

Gracias a este neurotransmisor viaja información sensorial, motora, cognitiva, emocional y al mismo tiempo es un actor primordialden el almacenamiento y recuperación nuestros recuerdos. Los efectos del glutamato se ejecutan, en su mayoría, a través de sus receptores ubicados a nivel sináptico. Destaca dentro de los receptores de glutamato el receptor para N-metil-D-aspartato (NMDA), receptor que se ve alterado en enfermedades como el alzhéimer o el párkinson.

A lo largo de su carrera, Cerpa ha estudiado cómo los receptores de glutamato tipo NMDA se comportan en condiciones de dos mecanismos de daño que ocurren en el cerebro: el estrés oxidativo y los procesos neuroinflamatorios. Estos son elementos que se encuentran en cualquier patología neurológica degenerativa y también cuando ocurren patologías agudas, es decir, cuando nos pegamos en la cabeza.

Con el proyecto adjudicado por el Fondecyt, se podrá analizar, en el momento que se activan estos mecanismos, cuán alterados están y cómo contribuyen a la progresión del deterioro cognitivo. Y no sólo eso, si logran determinar cómo se alteran, también podrán identificar los elementos terapéuticos que permitan regular esos mismos mecanismos.

Tanto el estrés oxidativo como la neuroinflamación responden a mecanismos de defensa de nuestro cuerpo que, ante un evento externo traumático (como un golpe) se activan para ayudar a la recuperación. "El problema es que esta reacción a veces se descontrola, se saca a la célula de su equilibrio y la respuesta es ineficiente o excesiva", señala Cerpa.

"Con el proyecto podremos observar las similitudes que presenten algunos pacientes entre sí y con eso deberíamos ser capaces de mirar, no solo los daños asociados al golpe, sino que una batería de análisis cognitivo que permitirán decir si esta persona, además de ese daño, presenta un aumento en marcadores oxidativos y neuroinflamatorios", agrega.

Sus estudios en el laboratorio ya han demostrado la correlación entre el aumento de esos marcadores con la pérdida de transmisión mediada por glutamato. Ahora, al hacer el análisis con los futbolistas de Sifup, podrían identificar estos “marcadores” antes de que desarrolle una patología crónica y tomar medidas preventivas.

Un diagnóstico acabado

No existe una forma de diagnóstico del alzhéimer, a no ser que sea post mortem. Básicamente, no se puede comprobar que el paciente sufría dicha enfermedad hasta examinar su cerebro, después de que falleció. Actualmente, la alternativa es un diagnóstico clínico, es decir, cotejar una seria de síntomas que se correlacionan con la patología.

El desafío es complejo ya que el alzhéimer es una enfermedad multifactorial. Hay personas que tienen una predisposición genética muy marcada (entre el 2% y el 5% indica el Dr. Cerpa) que desarrolla la variedad familiar, y se expresa entre los 20 y 30 años. Por otro lado, existen mutaciones que te pueden proteger o predisponer al desarrollo de la patología. Por último, elementos externos pueden desencadenar la enfermedad, como los golpes, la obesidad o la exposición a metales pesados.

Estos factores, internos y externos, pueden visualizarse como una curva de progresión de la enfermedad y, con ello, determinar si es que se expresará y cuándo. “Puedes tener un paciente relativamente asintomático que está desarrollando una patología crónica con una curva de progresión en la que desarrollará alzhéimer a los 130 años, entonces el paciente se va a morir antes y nunca va a saber, pero en el caso del trauma se puede estar alterando el umbral para que la patología se produzca. Ese daño aumenta el estrés oxidativo, la inflamación, y ahora el paciente en lugar de desarrollar la patología a los 130 años la desarrolla a los 60. Esa ventana de tiempo es la más relevante, porque permitirá determinar la correlación”, explica el investigador.

Revertir la patología se ve distante, pero no así atacar los mecanismos degenerativos para retrasar su avance. En paralelo, un equipo realiza estudios en ratones para perfeccionar el uso del litio en el tratamiento de trauma producido por golpe, desde la hipótesis de que puede prevenirlo.

“El litio es tóxico sobre ciertas concentraciones, pero ¿qué pasa si en lugar de dar una dosis alta le damos varias, mucho más bajas, y por más tiempo? Este compuesto hace que el desempeño metabólico de tus células sea mejor, permite que las mitocondrias, encargadas de procesar la energía de todas las neuronas, sean más, mejores y, por lo tanto, más eficientes. La respuesta ante el daño se vuelve más eficiente y el equilibrio celular es más difícil de romper”, enfatiza Cerpa.

El fármaco, por lo tanto, podría ser administrado luego de un trauma, pero también en el caso de que se identifiquen los marcadores bioquímicos, para prevenir o retrasar el daño progresivo causado por enfermedades como el alzhéimer.

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