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Algas Marinas: la revolución nutricional del futuro Innovación

Algas Marinas: la revolución nutricional del futuro

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Daniela Adonis
Por : Daniela Adonis Estudiante de Periodismo, Universidad Santo Tomás
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Las algas marinas emergen como fuente nutricional prometedora y sostenible. Expertos destacan sus propiedades variadas, desde lípidos y proteínas hasta fibras beneficiosas. Aunque en Chile se exploran cultivos, desafíos regulatorios y tecnológicos deben abordarse para una integración completa.


La alimentación, año a año, ha ido transformándose y mutando de manera particular, permitiéndole a los expertos encontrar diversas aristas que puedan aportar nutrición y, a su vez, sean sostenibles para el medio ambiente. Es por ello que las algas marinas emergen como una fuente prometedora de nutrición del futuro.

Estos organismos acuáticos ofrecen una amplia gama de propiedades nutricionales, las cuales podrían desempeñar un papel crucial en la alimentación mundial.

Fadia Tala, bióloga marina de la Universidad Católica del Norte, comenta que “hay algunas microalgas que son muy ricas en lípidos y en omega 3; hay algunas macroalgas que son ricas en proteínas, que tienen niveles no tan altos de proteína, pero que pueden tener niveles interesantes como el luche”, añade que “hay otras que son ricas en fibra y sabemos que la fibra es un elemento más que nutritivo; es un elemento esencial en la alimentación porque funciona como prebiótico y ayuda al final a la salud del ser vivo que se está alimentando de estas algas”.

Erasmo Macaya Horta, profesor asociado del Laboratorio de Estudios Algales – AlgaLab y del departamento de Oceanografía – Cabina 3 de la Universidad de Concepción, comenta por su parte que “las algas marinas son una buena fuente de fibras, proteínas, lípidos, vitaminas y minerales” y señala que “los niveles de estos diferentes componentes pueden variar incluso en la misma especie, dependiendo del hábitat, condiciones ambientales en las cuales crecen y el tiempo en el cual se realiza la cosecha”.

De la misma forma, indica que aunque el consumo masivo de algas es común en países asiáticos, la historia sugiere que incluso en el sur de Chile, hace aproximadamente 14,000 años, las algas marinas eran utilizadas con fines alimenticios y medicinales, comentando que en la actualidad “pueden ayudar en la escasez de recursos alimentarios; claro que sí, su cultivo tiene un menor impacto ambiental comparado con cultivos terrestres; por ejemplo, no se requieren grandes cantidades de agua dulce… Pero esto se debe llevar a cabo de forma ordenada y regulada, evitando también la degradación de las praderas naturales, algo que en Chile está sucediendo debido a los altos niveles de extracción de algas pardas para su exportación como materia prima en la elaboración de “alginato”, un polímero de amplio uso en la industria farmacéutica y alimentaria”.

Variedades nutritivas y sostenibles

Entre las más de 10,000 especies de algas marinas, alrededor de 200 se utilizan directamente para la alimentación humana. Destacan el alga roja “Nori” -utilizada en sushi-, las algas pardas “Kombu” y “Wakame”. Estas especies, cultivadas principalmente en Asia, poseen altos contenidos de proteínas, hierro, calcio y potasio, superando a muchos alimentos terrestres. Además, algunas algas marinas presentan propiedades nutracéuticas con beneficios para la salud humana.

Macaya indica que “en Chile no hay cultivos masivos de algas marinas, a excepción del “Pelillo” (Gracilaria chilensis), aunque sí se están desarrollando una serie de experiencias en acuicultura de pequeña escala con algunas especies, como por ejemplo el “Huiro flotador” y “Chicoria”.

Manifiesta que los “desafíos son diversos y están relacionados, por ejemplo, con el uso de terrenos y zonas costeras para la instalación de diversas estructuras que sustenten la producción -algunas especies pueden ser cultivadas en el fondo, otras en sistemas flotantes-, cultivos en el mar, que requieren de una serie de estudios previos relacionados con la oceanografía del sector, la inclusión de nuevos materiales, tecnologías y soluciones ingenieriles asociadas al cultivo, mantención y limpieza de estructuras”.

Tecnología para la sostenibilidad

Fadia es categórica al señalar que la tecnología juega un papel clave en la utilización sostenible de las algas marinas e indica que “tenemos como 10 paquetes tecnológicos desarrollados por distintas universidades, investigadores e investigadoras que trabajan en el tema de las algas para producir las algas en cultivo; esto no se ha masificado, no hay empresas que lo produzcan masivamente”.

A nivel mundial y local, se llevan a cabo investigaciones para mejorar la producción y el cultivo de algas marinas con fines alimentarios. En Chile, donde el consumo de algas no es común, se exploran diversas especies locales, estudiando su composición nutricional y sus posibles aplicaciones en alimentos.

Desafíos regulatorios para el uso generalizado de algas marinas

Existen desafíos regulatorios que deben abordarse para fomentar el uso generalizado de algas marinas como fuente de alimentos. Estos incluyen la bioacumulación de metales pesados, la necesidad de normativas específicas, el desarrollo de tecnologías de cultivo y la promoción de prácticas sustentables que beneficien a todas las partes involucradas.

Fadia Tala manifiesta que “no hay una norma tan específica para algas. Cuando se exportan algas para uso alimenticio, tiene que ir con ciertos estándares de metales pesados y carga microbiológica, pero depende del país de destino, cuáles son los niveles. Aquí internamente, para hacer consumo, no hay una regulación tan específica para las algas, para arsénico, para cadmio, los metales pesados, plomo y mercurio” y añade que “en general, las normas tienen estipulado, por ejemplo, cuántos miligramos de arsénico por kilo de alga es lo permitido, y nosotros no nos comemos un kilo de alga”.

Las algas marinas representan una promisoria solución alimentaria del futuro, caracterizadas por su riqueza nutricional y beneficios ambientales. Sin embargo, el camino hacia su integración plena en la dieta mundial requiere abordar desafíos ambientales, impulsar investigaciones y establecer regulaciones eficientes. La tecnología se erige como aliada clave en este proceso. Al educar y sensibilizar sobre sus virtudes, podemos aprovechar plenamente el potencial de las algas para mejorar la seguridad alimentaria y contribuir a un futuro más sostenible.

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