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Un millón de pesos al mes: eso cuesta mantener a un paciente con demencia en Chile

por 4 abril, 2017

Un millón de pesos al mes: eso cuesta mantener a un paciente con demencia en Chile
Medicamentos, terapias, tratamientos, contratación de personal para el cuidado del paciente, ingreso de éste a una casa de reposo, son considerados costos directos. Mientras que los indirectos tienen relación con la persona que se ve obligada a renunciar o disminuir su jornada laboral remunerada para hacerse cargo del cuidado del paciente, es decir, se transforma en un cuidador informal.
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Un reciente estudio, elaborado por neurólogos y economistas chilenos, determinó que el costo mensual de un paciente con demencia en nuestro país, es de 975 mil pesos, cifra que aumenta en los estratos más bajos. La realidad es preocupante para los investigadores de este proyecto, entre ellos, la doctora Andrea Slachevsky, subdirectora del Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo, GERO.

“En nuestro país, el costo asociado al cuidado de las enfermedades cognitivas, es más elevado en los grupos socioeconómicos más bajos, lo que genera que el empobrecimiento familiar se acelere. A su vez, estas diferencias económicas, ocasionan un círculo vicioso, ubicando a las demencias como un factor de deterioro financiero a nivel nacional”, explica la neuróloga y académica de la Facultad de Medicina, de la Universidad de Chile.

Al respecto, la profesional señala que el tiempo destinado al cuidado va aumentando porque en este segmento las demencias son más severas y la carga emocional, de salud mental y responsabilidad del cuidador es mayor. “En Chile no se habían realizado estudios similares. En Latinoamérica sí, pero con muy pocos datos y ninguno que demostrara de manera tan fehacientemente la relación con el nivel socioeconómico. Lo que nosotros hicimos fue traducir el tiempo dedicado al cuidado de un paciente, la calidad de vida de quien realiza esta función, y entregarle un valor monetario”, explica.

Actualmente, existen cerca de 180 mil chilenos con algún grado de demencia. La neuróloga enfatiza que no es posible analizar el impacto de una enfermedad sin tomar en cuenta los aspectos económicos.

Por otra parte, señala que uno de los obstáculos de nuestro país con respecto al desarrollo, tiene relación con el bajo número de mujeres que realizan trabajos remunerados. Estas patologías afectan su ingreso al mercado laboral, ya que el 74% de los cuidadores informales corresponde al género femenino. “Estamos hablando que no solamente están limitadas por la crianza, sino también por el cuidado de los mayores con demencia senil. En el caso de los sectores más vulnerables son las hijas y las nueras quienes dejan de trabajar y percibir ingresos para cuidar al paciente”.

Al conocer estos datos es posible generar políticas públicas más adecuadas a la realidad del país y avanzar hacia un sistema donde el costo de este tipo de enfermedades no recaiga en la familia.

A este respecto, Christian Gonzalez-Billault, Director de GERO comenta que “la importancia de este estudio es que entrega cifras concretas asociadas a la carga económica que producen las demencias, y en un contexto más amplio, deja en evidencia que el costo de tener un paciente con demencia en casa supera con creces los ingresos en jubilación que estas familias pueden tener. Esto crea un dilema económico, social y ético”.

Costos directos versus indirectos

Medicamentos, terapias, tratamientos, contratación de personal para el cuidado del paciente, ingreso de éste a una casa de reposo, son considerados costos directos. Mientras que los indirectos tienen relación con la persona que se ve obligada a renunciar o disminuir su jornada laboral remunerada para hacerse cargo del cuidado del paciente, es decir, se transforma en un cuidador informal.

“De acuerdo a nuestro estudio el 75% del total corresponde a costos indirectos. Lo que grafica claramente que las demencias son un factor de empobrecimiento. Ese número se contradice con lo que debería ser Chile según su Producto Interno Bruto. Estos datos reflejan que las personas con demencia no están accediendo a atenciones médicas ni a apoyo sanitario, no hay un apoyo profesional y que sus cuidadores informales están más sobrecargados”, aclara la Dra. Slachevsky.

Además, cerca del 46,4% de los cuidadores tienen entre 20 y 60 años, es decir, están en edad laboral.

La académica señala que en los niveles socioeconómicos más altos, los enfermos tienen mayor acceso a los cuidados directos, lo que demuestra que los trastornos cognitivos tienen un valor económico mayor a medida que ocurren en un grupo más vulnerable o bajo.

Políticas públicas

En Chile está próximo a anunciarse el Plan Nacional de Demencia, perteneciente al Ministerio de Salud y que busca poco a poco mejorar la atención de las personas, realizar mejores diagnósticos y responder mejor a los cuidados de los pacientes, entre otros factores.

“Todos los datos indican que un elemento fundamental de ese plan es que debe haber una política de apoyo para los cuidadores informales, quienes han manifestado la necesidad de tener redes de apoyo y mayor acceso a la información. Debe incluir capacitación, formación y contención, porque las demencias no son solamente un problema de salud, sino también, un problema sicosocial”, agrega Andrea Slachevsky.

El Plan de Demencias comenzará a implementarse en algunos centros este año a modo de piloto, como el Hospital Salvador, Osorno y Punta Arenas.

Demencias en cifras

De acuerdo a cifras entregadas por la OMS, a nivel mundial existen 47,5 millones de personas diagnosticadas con alguna patología asociada a trastornos cognitivos. Aproximadamente, el 58% de ellos corresponden a países no desarrollados o en vías de desarrollo, como el caso de Chile .Entre un 5 y 8% de la población mayor de 60 años presenta esta patología.

Cada año se registran 7,7 millones de nuevos casos de pacientes con algún grado de deterioro cognitivo o demencia. Se espera que en el año 2030 la cifra supere los 75,6 millones y en 2050 alcance a 135,5 millones de casos.

“Sin duda, estos datos tendrán efectos socioeconómicos importantes en las próximas generaciones, como consecuencia del alto costo económico de estas enfermedades, el grado de dependencia de los pacientes y el alejamiento del mundo laboral de sus cuidadores informales”, finaliza la subdirectora de GERO.

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