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¿Cómo solucionar la epidemia de obesidad? Salud

¿Cómo solucionar la epidemia de obesidad?

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La larga lucha contra el tabaquismo es el modelo a seguir. Lo que funcionó fueron los mensajes aterradores en los paquetes de cigarrillos, además de los impuestos .


Por Simon Kuper*

¿Cuánto tiempo vamos a vivir? Hace apenas un año o dos, parecía como si nosotros los cuarentones rutinariamente llegaríamos a los 90 años, mientras que la mayoría de nuestros niños llegarían a los 100. Nuestras infladas panzas no parecían afectar nuestra creciente longevidad. Pero ahora llegan noticias tenebrosas. La esperanza de vida, tanto en la UE como en EEUU descendió ligeramente en 2015. El declive en Europa (que curiosamente no fue reportado) fue el primero desde que el conjunto de datos de Eurostat se comenzó a recopilar en 2002; el de EEUU fue el primero desde 1993. Dado que la obesidad generalmente mata en un lapso de tiempo (a veces décadas), el mundo occidental corre el riesgo de sufrir apenas el tercer declive sostenido de la expectativa de vida jamás registrado en tiempos de paz modernos, después de la era postcomunista en la ex-Unión Soviética, y partes del África subsahariana en los momentos más álgidos de la epidemia de SIDA. Las personas en los obesos países occidentales pueden comenzar pronto a «morir más jóvenes que las generaciones anteriores», dice el profesor Alan Dangour, experto en nutrición de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

¿Qué hacer? Los médicos o investigadores médicos no pueden resolver este problema. Les toca a los creativos publicitarios, los ministros de finanzas y los urbanistas.

Los avances médicos necesarios se lograron hace ya mucho tiempo. Poco después de la segunda guerra mundial, los investigadores británicos notaron un misterioso incremento en los ataques cardíacos. En 1949, un investigador llamado Jerry Morris analizó las tasas en diferentes ocupaciones. Cuando llegaron los primeros resultados, acerca de los empleados del sistema de autobuses de Londres, tuvo un momento de inspiración. Me dijo en 2009, meses antes de su muerte a la edad de 99 años: «Existía una diferencia notable en la tasa de ataques cardíacos. Los conductores de esos autobuses de dos pisos tenían muchos más ataques, comparando las mismas edades, que los cobradores». Morris inmediatamente adivinó el motivo: los conductores estaban sentados todo el día, mientras que los cobradores subían las escaleras. Poco después, los datos de los trabajadores postales confirmaron su hipótesis. Los carteros que caminaban o andaban en bicicleta para entregar el correo tenían menos ataques cardíacos que los telefonistas y oficinistas masculinos que trabajaban detrás de ventanillas. El ejercicio protegía contra las enfermedades del corazón. Morris posiblemente se convirtió en la primera persona que salía a ejercitarse regularmente en Hampstead Heath. «La gente pensó que yo estaba loco», recordó.

Mientras tanto, otro epidemiólogo británico, Richard Doll, estaba investigando el misterioso incremento en el cáncer de pulmón. Sospechaba que era debido al asfaltado de las calles. Pero mientras comprobaba los diagnósticos de cáncer de pulmón, tuvo su propio momento de inspiración. Se dio cuenta de que «si alguien había sido descrito como un no fumador, el diagnóstico siempre resultaba ser erróneo». En 1950, Doll y Austin Bradford Hill publicaron un documento demostrando el vínculo del tabaquismo con el cáncer de pulmón. Desde entonces, el hábito de fumar se ha convertido en causa de muchas otras enfermedades, mientras que el ejercicio ha demostrado ser una solución mágica para casi todo, incluyendo la obesidad letal.

Doll y Morris fueron parte de una edad de oro británica que transformó la salud mundial. Entre principios de la década de 1940 y el año 1953, los investigadores de Oxford ayudaron a desarrollar la penicilina, Nye Bevan creó el Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés), y James Watson y Francis Crick descubrieron la estructura del ADN. Probablemente ningún avance médico moderno sea tan importante.

Ahora sabemos cómo vivir más tiempo. Un tercio de las muertes prematuras de estadounidenses podrían evitarse si las personas se ejercitaran más, comieran sanamente o no fumaran, según el Instituto de Medicina y el Consejo Nacional de Investigación de EEUU. Eso representa aproximadamente 867,000 vidas al año. Salvar tan sólo el 10 por ciento de ellas podría aumentar significativamente la expectativa de vida de los estadounidenses.

En comparación, la epidemia de opioides del país y el asalto republicano contra los seguros de salud son menos importantes. Sí, es terrible que unos 59,000 estadounidenses murieran el año pasado de sobredosis de drogas.

Sí, es terrible que EEUU no tenga asistencia médica universal. Un estudio en el New England Journal of Medicine calcula que por cada 300 a 800 adultos que reciben cobertura, se salva alrededor de una vida al año. Por lo tanto, si el congreso llega a aprobar el plan republicano para quitarles el seguro de salud a 22 millones de estadounidenses (incluyendo 18 millones de adultos), provocaría la muerte de alrededor de 32,700 adultos anualmente (utilizando la estimación media). Eso es horrible. Pero la vieja y aburrida obesidad mata a muchos más. También en Inglaterra la obesidad fue una causa de mortalidad oficialmente certificada en uno de cada cuatro certificados de defunción entre 1979 y 2006. La insuficiente financiación del NHS y de la asistencia a las personas mayores, a pesar de ser terrible, es menos mortal.

Decirle a la gente que haga ejercicio y coma sanamente no funciona. Todos hemos escuchado el mensaje, sin embargo, el 44 por ciento de los británicos ni siquiera hacen ejercicio moderado, dijo la British Heart Foundation en 2015. Los médicos deben entregar el problema a las agencias de publicidad y a otras personas que saben cómo modificar el comportamiento.

La larga lucha contra el tabaquismo es el modelo a seguir. Lo que funcionó fueron los mensajes aterradores en los paquetes de cigarrillos, además de los impuestos. La Organización Mundial de la Salud respalda los impuestos sobre el azúcar. El grupo clave al que se debe llegar es al de los menores de 18 años, porque la mayoría de los hábitos alimentarios de toda la vida se establecen en la adolescencia. Sería útil que hubiera fruteros en las aulas. Y los urbanistas deberían construir carriles para bicicletas y piscinas, de modo que las personas puedan ejercitarse sin tener que ir muy lejos, o posiblemente incluso sin darse cuenta. Parte de esto costaría dinero, pero por ahora los gobiernos ahorran al no comprar frutas y pagan para tratar más casos de diabetes.

A muchas personas no les gustará que el “Estado niñera” interfiera en sus estilos de vida. Ése es un punto de vista razonable. Sin embargo, implica la evitable y cara muerte de millones de personas.

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