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Entrevista con Dolores Reyes: «Educar a niños no violadores en el futuro es el mayor desafío que tenemos como padres» BRAGA

Entrevista con Dolores Reyes: «Educar a niños no violadores en el futuro es el mayor desafío que tenemos como padres»

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Cuando escuchó las palabras tierra de cementerio, se le vino a la cabeza la imagen de una nena chiquita, el pelo lacio y oscuro, sentada en un cementerio, que agarraba un puñado de tierra y se lo comía. La imagen le resultó tan potente a la escritora argentina Dolores Reyes, (Buenos Aires, 1978), que pensó que si la niña estaba comiendo de esa tierra, necesariamente, estaría en contacto con los cuerpos.


Así nace su primera y elogiada novela, Cometierra, que habla de desapariciones, orfandad y clarividencia. Y también nace su protagonista, una entrañable adolescente de la periferia bonaerense que vive sola con el Walter, su hermano.

Son huérfanos de madre, recientemente muerta en manos de un padre femicida.

«Sucia. Te veo tragando tierra otra vez y te quemo la lengua con el encendedor», le decía su tía, que los cuidó por poco tiempo, hasta abandonarlos del todo.

Cuando la tierra le llegaba al estómago, a Cometierra le surgían dotes de videncia y podía encontrarse con los cuerpos desaparecidos que la habían pisado. Saber qué les pasó, cuánto sufrieron, dónde están.

Portada de Cometierra

A continuación te presentamos la conversación que Dolores Reyes sostuvo con BBC Mundo:

La madre de Cometierra va a ser enterrada y ella se resiste a dejar caer su cuerpo. ¿Qué pasa cuando te arrancan a la madre de un femicidio?

He tenido contacto con mujeres muy jóvenes víctimas de femicidio, que a raíz del libro me escriben y hay un intercambio emocional fuerte. Tienen una pérdida enorme, que es individual y también social, porque ocurre a diario, son trescientas o cuatrocientas asesinadas por año.

A los hijos del femicidio les quedan familias rotas, atravesadas por el dolor, porque en un acto se pierde a la madre y se pierde al padre. La mamá protectora en manos del padre que es femicida.

Recientemente una candidata del Frente para Todos (Laura Sirera, 34 años) fue asesinada por su marido, que era consejero escolar de un distrito. Imaginate la epidemia de la que estamos hablando.

¿Sientes que va en aumento?

Estamos siempre preguntándonos si va en aumento o si realmente había muchísimos femicidios invisibilizados, porque desaparecía una mujer y se decía que se había ido, se tomaba como válido el discurso del femicida.

O se hablaba de crímenes por amor, la mató porque en realidad la quería un montón y todas esas pavadas. La mirada también cambió, enseguida reconocemos un femicidio, antes ni siquiera teníamos la palabra para definir lo que nos estaba pasando.

¿Y qué has descubierto en la relación con las víctimas?

Me impacta que la violencia es mucho mayor, más cruda y sin límites en los casos reales. Las cosas que me cuentan las chicas son increíblemente violentas, perversas, porque se dan en el seno de la familia, con ellas participando sin querer en estas situaciones.

La realidad es más terrible y cruel que en Cometierra, donde lo tomo con muchísimo cuidado, tratando de no hacer un espectáculo de esos cuerpos que nos faltan, en cambio los femicidas desde el discurso y desde lo físico, no tienen ningún límite en sus violencias.

Dolores Reyes«Los comentarios de si estás gorda, si estás flaca, si sos alta, si tenés poco de acá o mucho de allá también son violencia».

«Y cuando tuve la panza pesada de tierra cerré los ojos», «papá está vivo les dije al Walter y a la tía…». ¿Qué pasa con el padre en esta familia rota?

Ella por momentos lo quiere, quiere saber de él y por momentos es el hombre horrible, oscurísimo y monstruoso que encarna todas las violencias sociales hacia las mujeres.

Pero por otro lado, la familia fragmentada genera nuevas relaciones mucho más hermosas, como la que se construye entre los hermanos, absoluta e incondicional, de mucho afecto.

Desde el lugar que pueden, el Walter y Cometierra van construyendo lazos nuevos, amorosos, también con los amigos, como si fuese una segunda familia, van eligiendo a los chicos que entran a ranchar, a jugar con la PlayStation, a escuchar música y cada uno les brinda lazos más saludables, más vitales, que corresponden con esa edad tan fuerte, tan vitalista que son los 16 y 17 años.

El que ella se trague la tierra y pueda ver tan nítidamente distintas situaciones de violencia, también la destroza. ¿Cómo lo trabajaste?

Metiéndome muchísimo en el cuerpo de Cometierra, pensando qué siente, qué le pasa en el estómago, qué le pasa a las manos, a la lengua; el gusto, el olor que atraviesa esa experiencia. Y también desde el costo que le supone, porque no es una videncia limpia.

Ella va descubriendo lo que ha pasado y a veces no lo puede manejar del todo, quiere dejar de ver, pero sigue teniendo tierra en el estómago, lo que la obliga a seguir mirando. Es una videncia complicada, que a veces sale bien y a veces no.

¿Probaste la tierra?

Olerla y demás, sí, y me sigue pasando los días de lluvia que siento el olor tan fuerte de la tierra y me provoca un montón de cosas, pero no he comido tierra, tampoco veo, aunque me escriben como si yo tuviese realmente ese don. O como si ese alguien que come tierra existiera y pudiera ver.

Me cuentan historias terribles y yo trato de decir que solamente soy una escritora, que es ficción, pero me da la pauta de cuánta gente sigue buscando desesperada a sus seres queridos.

Ella recibe, sin quererlo, botellitas con tierra junto al ruego de los que buscan, que «tienen algo roto en donde vive el que no vuelve». ¿Te es cercana la experiencia de la búsqueda?

Nací en el 78, y desde el 76 al 78, fue el período de más violencia del Estado, de más crímenes, desapariciones, robo de bebés.

Toda mi vida he visto gente buscando y después aparecen nuevas desapariciones no tan palpables que son las de las víctimas de trata. Madres que buscan a sus hijas, que han caído en esas redes.

El caso de Marita Verón es emblemático, porque la mamá, buscando a su hija, ha liberado a un montón de chicas secuestradas, pero nunca encontró a Marita, ni su cuerpo. Otro caso que sigo es el de María Cash, cuyo padre murió en la ruta, desesperado, buscándola.

En Santiago de Chile, 29 de noviembreEl libro de Dolores Reyes está dedicado a los sobrevivientes del feminicidio.

¿Cuál es el poder de Cometierra, cómo la fuiste moldeando?

Tiene muchísimo de alumnas mías de las que he ido tomando cosas. Es una chica que no ha viajado, sin mucho mundo, como se dice habitualmente, sin embargo desde sus recursos pequeños, es capaz de resolver y emplear su inteligencia y su calidad emocional para acompañar.

Puede escuchar a las víctimas, que muchas veces nadie quiere escuchar. Y no es una videncia lejana, está presente en situaciones de violencia extrema. ¿Quién quisiera estar ahí? ¡Nadie! Lo común sería correrse. Pero pospone su bienestar, expone su cuerpo una y otra vez.

Para una chica tan joven, eso es un montón y más teniendo en cuenta los costos enormes de lo que hace, social, emocional y corporalmente.

¿Qué relación tienes con la videncia?

Me gusta leer sobre las técnicas que tenían los pueblos antiguos para consultar los oráculos de Delfos o el vuelo de las aves en Roma, que definía si un estado iba a la guerra o no.

No era una cuestión marginal o despreciada, como es en la actualidad. Y, sobre todo, las técnicas de adivinación que tenían que ver con las mujeres, las pitonisas, las adivinas.

Como la griega Casandra, que puede ver lo que va a pasar pero está maldita, nadie cree sus predicciones, que son siempre acertadas.

Me gusta rastrear eso y ver de qué forma eran útiles para las personas, para los pueblos, algo que se dejó de lado y se estigmatizó incluso.

¿Pero lo crees, lo aceptas o es solamente un recurso literario?

Soy de 3 de Febrero y trabajo en Pablo Podestá (al oeste del Gran Buenos Aires) Mis compañeras de trabajo, todas docentes, tienen esta cuestión ligada al cuidado de los cuerpos, a la medicina ancestral.

Te curan el empacho, el mal de ojo, las malas energías y en los nacimientos buscan devolver a las mujeres ciertas técnicas que cuidan desde otro lugar.

¿Y quién soy yo para decirles que eso no es así? Me parece que el discurso positivista de la religión y la medicina nos ha llevado a la violencia obstétrica, como si nosotros no tuviésemos ningún poder ni conocimiento.

Creo que hay que aceptarlo, hay que creerlo. Muchas de nuestras adivinas trabajan con la policía, se les consulta en casos de desapariciones, pero no se admite, no se dice.

Dolores Reyes«Me parece que el discurso positivista de la religión y la medicina nos ha llevado a la violencia obstétrica, como si nosotros no tuviésemos ningún poder ni conocimiento».

¿Por qué Cometierra no tiene un nombre?

Las grandes tragedias que nos han atravesado en América, desde la Conquista y la Colonia, tienen que ver con el robo, no solo de la tierra, sino de las identidades y grandes matanzas han terminado en las fosas comunes una y otra vez.

Después tuvimos la dictadura y de nuevo 30.000 cuerpos enterrados sin nombre, es algo que se repite. Por otro lado, también está la cuestión de la adivina estigmatizada.

Ella nunca dice soy Cometierra, pero es el barrio, el entorno el que la marca, vos sos esto. La ven comiendo tierra una vez y queda ahí ese estigma.

¿Por qué dedicas el libro a los sobrevivientes del femicidio?

Creo que todas somos sobrevivientes de la violencia femicida, en la medida en que cualquiera pudo haber sido violentada física o sexualmente por una sociedad que es permanentemente violadora, maltratadora y asesina de mujeres.

Se vio con la performance que hicieron las artistas chilenas las Tesis. Cómo se replicó en todo el mundo, cada una en su propio país. Un pedido que nace en Chile pero que es un pedido común de todas las mujeres.

También lo dedicas a Araceli Ramos y Melina Romero…

Ambas están enterradas a una cuadra y media de donde trabajo, y son los femicidios que me dolieron profundamente y me hicieron pensar todas estas cuestiones. Quería personalizar el libro para que no las olviden.

Araceli Ramos vivía en Pablo Podestá y había ido a buscar trabajo por un anuncio en internet a Caseros, donde yo vivo. Hizo el camino inverso que hago todos los días, diciéndole a su mamá que había conseguido un trabajo y terminó asesinada por un tipo que la estaba esperando, porque era una trampa.

El crimen de Melina Romero fue bestial, muchos hombres violentando a una chica joven, muy flaquita, un cuerpo muy dócil. Además de violarla, golpearla y ultrajarla, la obligaron a meterse en un bolso y descartaron su cuerpo en un arroyo contaminado, como si fuese basura.

Me impactó además porque los medios lo justificaban diciendo que había dejado el secundario, que era fanática de los boliches, que le gustaba ir a bailar. ¿Eso se dice una víctima de femicidio en manada?

Me produjo tal bronca, tal dolor insoportable. Eran chicas hermosas, con todas las posibilidades y se les roba y se las veja. El horror sobre esos cuerpos, que encima queda impune, porque en el caso de Melina, han liberado a todos los agresores. Lo veo como una afrenta no sólo hacia ella, hacia todas las mujeres.

Un mensaje muy perverso de lo que vale nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestro dolor y nuestra historia.

Las 4 integrantes de Las Tesis.El performance de las Tesis, que se replicó en todo el mundo, es «un pedido que nace en Chile pero que es un pedido común de todas las mujeres».

Impresiona cuando hablas del cuerpo de la mujeres, ¿lo estamos redefiniendo?

Totalmente, estamos en la búsqueda de nuestra corporalidad y salir de la mirada que aprueba un solo cuerpo hegemónico, un modelo de belleza.

Las nuevas generaciones están barriendo con todo esto. Romper los estereotipos y conocer nuestras corporalidades, quererlas, sentirlas bellas, porque los comentarios de si estás gorda, si estás flaca, si sos alta, si tenés poco de acá, mucho de allá, también son violencia.

El cuerpo que se valoriza y el que se desprecia, como si algunos cuerpos fuesen para ser amados y otros para ser descartados. Y para esa mirada, una mujer crece, se hace mayor y ya entra en la zona de desgaste, de descarte.

Eres madre de siete hijos, (cuatro chicas y tres chicos entre 24 y 8 años) ¿por qué eliges esta maternidad numerosa que ya no es tan habitual?

En los barrios periféricos sigue siendo habitual. La mamá del mejor amigo de mi hijo Valentín, también es madre de siete hijos.

Empecé muy chica, pues en el cordón urbano donde vivo, el embarazo adolescente es muy común y aquí están mis siete hijos, que son mi compañía. Mi familia más cercana son mis hijos y mis gatos, que andan por aquí.

¿Y cómo cuidas a tus hijas de la violencia?

Más allá de lo que hacemos siempre, instintivamente: no vengas tarde, te mando un auto, te acompaño, te voy a buscar o volvete con tu novio, me parece que el planteo que tenemos ahora es cómo educar a niños no violentos, no violadores en el futuro, me parece que es el mayor desafío que tenemos como padres.

Lo vamos aprendiendo a los conchazos, porque nosotras no nos educamos en el feminismo, sino que crecimos con esa violencia.Pero una vez que empezaste este camino, no hay retorno, no hay vuelta al estadio anterior.

¿Cómo lo haces con el trabajo, la casa y el esfuerzo que implica criar a siete hijos?

Fue un esfuerzo enorme seguir adelante con el libro, muchísimas veces me levantaba a las 4 de la mañana para tener horas de escritura y horas mías, como le pasa a un montón de mujeres.

Postergué la escritura por la crianza, porque me requiere una cierta soledad y concentración, pero ahora no la quiero dejar nunca más.

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