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Entre umbrales: acumulación de violencias en mujeres en situación de calle

por 6 noviembre, 2021

Entre umbrales: acumulación de violencias en mujeres en situación de calle

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Gracias al trabajo de diversas organizaciones feministas en nuestra sociedad, hoy es fácilmente reconocible el hecho de que la violencia patriarcal corresponde a una opresión de carácter estructural basada en las diferencias de género, que violenta de diversas maneras a todas las mujeres del colectivo social, por lo que en nuestro tiempo, ya no es éticamente posible permanecer indiferentes a ella. En este contexto, es que planteamos la necesidad de visibilizar la relación entre la categoría de “violencia” en ese sentido estructural y en sus diversas manifestaciones, con la interseccionalidad de opresiones que sufren algunas mujeres por su condición de pertenencia étnica o su clase social.  Nos referimos a las mujeres en situación de calle, en tanto encarnan a un grupo radicalmente excluido y discriminado socialmente, principalmente por su estado de pobreza y el no tener resuelta su situación de habilidad; al mismo tiempo, de que el hecho de ser mujer cis o trans y vivir en la calle, configura un contexto diferente al de la situación de calle en perspectiva masculina.

Más allá de la idea de que la violencia machista y patriarcal corresponde a un continuo en la vida de las mujeres, en tanto comienza a manifestarse en la infancia y está presente en todo el tejido social, nos referimos a la idea de lo que se ha denominado  “situación de calle oculta”, lo que significa que antes de vivir en la calle,  las mujeres han estado inmersas en un contexto de violencia, podríamos decir doméstica, ante el cual, la mejor opción para escapar de ella, es salir del lugar donde viven, para momentáneamente buscar refugio en los hogares de familiares, amigos o conocidos, lo que da paso a que experimenten episodios, breves o prolongados de sinhogarismo, en los que se encuentran sin tener un lugar estable para vivir.

Vivir en la calle, representa una permanente exposición a la violencia física, psicológica, sexual e institucional, además de la discriminación y el no acceso a derechos considerados como básicos, puesto que en la calle, se configuran nuevas relaciones de poder diferenciadas de los espacios privados o públicos que no presentan este problema de habitabilidad.

Mientras que algunas personas adentradas en la temática de la situación de calle señalan que en ella no hay códigos o reglas específicas en los modos de relacionarse, hay quienes señalan que la vida en calle configura y desarrolla numerosas estrategias que podrían formar parte de una cultura con códigos diferentes a los que operan en el resto de la sociedad, el tema es que en uno o en otro caso, las relaciones de poder existen y están determinadas por la “ley del más fuerte”, donde el gran daño que padecen las mujeres, se relaciona con las violencias antes enunciadas de manera radical.

De este modo, lo que queremos poner de manifiesto e invitar a reflexionar, es que esta violencia que sufren las mujeres en situación de calle, no inicia en la calle, sino que mucho antes de vivir en ella.

Más allá de la idea de que la violencia machista y patriarcal corresponde a un continuo en la vida de las mujeres, en tanto comienza a manifestarse en la infancia y está presente en todo el tejido social, nos referimos a la idea de lo que se ha denominado  “situación de calle oculta”, lo que significa que antes de vivir en la calle,  las mujeres han estado inmersas en un contexto de violencia, podríamos decir doméstica, ante el cual, la mejor opción para escapar de ella, es salir del lugar donde viven, para momentáneamente buscar refugio en los hogares de familiares, amigos o conocidos, lo que da paso a que experimenten episodios, breves o prolongados de sinhogarismo, en los que se encuentran sin tener un lugar estable para vivir. Esta estrategia de entrada y salida de hogares temporales, se constituye como una mejor opción a vivir en “calle dura” -es decir, en intemperie y espacios públicos-, por los peligros que ello representa. Esta estrategia evita además, el acudir a servicios sociales o de atención a personas en situación de calle, por los procesos de etiquetaje y estigmatización que ello supone y el riesgo de tener que enfrentar una posible separación con sus hijos en caso de tenerlos, o inclusive, perder su custodia. De allí la denominación de “situación de calle oculta” que refiere a una condición, podríamos decir intermedia, entre convivir con el agresor y la violencia que esto implica por una parte; y entre vivir en situación de calle donde se desencadenan otras violencias. Un umbral violento entre violencias.

Pero esta situación de violencia previa a la calle, que puede darse en las primeras instituciones o en la esfera privada de lo doméstico, no siempre conlleva a la situación de calle, aunque sí es una recurrencia en los relatos de las mujeres que viven en ella. Más bien, vivir en la calle, es un hecho que ocurre cuando confluyen diversos factores, como por ejemplo, no contar con recursos psicoafectivos que permitan identificar los episodios de violencia a tiempo, no contar con redes de contención ni apoyo, no contar con recursos económicos suficientes o que permitan una autonomía para costear un mejor lugar donde vivir, o tener que responsabilizarse además de los cuidados de otres. No es sólo un tipo de violencia el que conduce a las mujeres a la situación de calle oculta, es el entramado de ellas, su historia, una trayectoria de violencias que muchas veces estalla en el espacio privado al manifestarse la violencia doméstica, en tanto violencia estructural, que contiene a otras violencias y que, en muchos casos, no es fácil de identificar para las víctimas.

Para abordar la situación de las mujeres que viven en la calle no basta entonces con mirar la violencia estructural como un continuo a lo largo de su trayectoria vital. Análogamente a cómo el capitalismo requirió de una acumulación originaria que privatizó los medios de producción como una preparación para acumular capital y manejar la fuerza de trabajo; planteamos que la acumulación primaria de estas múltiples violencias de la cual son víctimas las mujeres que posteriormente viven en la calle, constituye un dispositivo que opera de modo microcapilar, al moldear sus subjetividades, disminuyendo sus opciones y debilitando su rango de acción para poder sobreponerse a ella, configurando, por consecuencia, la idea que señala que en ese entramado violento, la calle es el mejor escenario para sobrevivir, sin tener a la vista las violencias que sobrevendrán posteriormente.



Además de considerar la violencia como un continuo y de considerar la trayectoria vital con episodios de violencia, consideramos que la “acumulación originaria de violencias” en sus cuerpos y subjetividades, es un factor originante, digamos una causa, de la situación de calle, en el caso de las mujeres. Esto es relevante porque pone de manifiesto el gran desafío: intervenir desde la reparación con aquellas mujeres que ya se encuentran en situación de calle dura, institucionalizada u oculta, pero también, abordar la perspectiva preventiva socialmente, como un modo de desarticular el entramado de violencias como condición estructural, que propicia la situación de calle.

Normativamente, las mujeres en situación de calle oculta en Chile, no encajan aún, ni en lo que desde el gobierno se ha propuesto como tipificación de la situación de calle, ni en la normativa que ampara a grupos especialmente vulnerables como lo son niños, niñas y adolescentes, adultos mayores y personas con problemas de salud mental, que según la ley 21.013, sanciona maltrato físico o psíquico. Si bien existe un abordaje normativo de la violencia tipificada como “intrafamiliar” y referida a todo maltrato que afecta la vida, integridad física o psíquica de la víctima, ocurre que si la mujer sale de su casa o no formaliza la denuncia, no tiene amparo jurídico para abordar su situación. En ese sentido, considerar la acumulación de violencias, pone la atención en la mirada preventiva, donde esta categoría  y la situación de calle oculta, constituyen elementos que si bien, no tienen el estatus jurídico, nuevamente decimos, apoya la comprensión de la problemática y orienta líneas para una intervención social oportuna de la misma.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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