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Marta Brunet a sesenta años del Premio Nacional de Literatura: la escritora que siguió a Gabriela Mistral y develó la intimidad del subconsciente femenino

por 11 enero, 2022

Marta Brunet a sesenta años del Premio Nacional de Literatura: la escritora que siguió a Gabriela Mistral y develó la intimidad del subconsciente femenino
Escritora contemporánea a la generación feminista sufragista en Chile, sincrónica a Julieta Kirkwood y observada por Gabriela Mistral por el “dialectismo desenfrenado” propio de su estilo literario. Marta Brunet, desafió con rebeldía los cánones impuestos por las elites criollas de su época, acervo cultural que relató y criticó desde dentro. Su carrera se divide en dos momentos en los que se desplazó desde los imaginarios campesinos hacia el inconsciente femenino el que usó como motivo literario principal y a partir del cual creó su extensa obra que incluye cuentos, novelas, ensayos, críticas y relatos breves publicados en revistas y editoriales. Brunet fue tan juzgada como alabada por la crítica de su época, siendo la segunda escritora chilena en obtener el Premio Nacional de Literatura en 1961. Actualmente, se celebran los sesenta años desde el reconocimiento, es por eso que El Mostrador Braga la recuerda en su especial semanal “Mujeres Inolvidables”.
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Una de las cinco mujeres escritoras condecoradas y siguiendo a Gabriela Mistral, Marta Brunet fue la segunda mujer chilena en recibir el Premio Nacional de Literatura en el año 1961. La autora criticó desde dentro el pensamiento de las elites criollas en las que creció y develó el mundo subconsciente de los personajes que protagonizaron sus creaciones, entre los que destacan el imaginario sensible y erotizante de las mujeres de su época.

Con títulos como “La raíz del sueño” (1949) y “María nadie” (1957), la autora forma parte de las escritoras que dieron que habar en el periodo de activismo e incorporación política de las mujeres posterior a la ola feminista sufragista, apoyando abiertamente al Movimiento de Emancipación de la Mujer en Chile (MEMCH). “Los escándalos de la escritura de Brunet coincidían con la creciente presencia pública de los escenarios culturales y políticos del país (…) lo cual implicaba el desplazamiento de los límites que resguardan lo privado, el recato, la mesura”, destaca la doctora en filosofía Kemy Oyarzún, quien recoge y analiza el trabajo literario de Brunet.

En este contexto, Oyarzún expone que, debido a su origen, fue también denominada despectivamente como “criollista” o “regionalista” por las vanguardias de su época, alejándola del escenario centralista de influencia en el país. Como tantas otras escritoras contemporáneas, tardó en ser comprendida y reconocida por sus publicaciones, las que en oportunidades fueron duramente criticadas por el pensamiento masculino dominante, “como Emilia Pardo Bazán, Brunet creyó que para conquistar un sillón académico debería masculinizarse un poco y para ello escribió una novela pornográfica”, enjuició un anónimo periodista de su tiempo.

Es por esto que, en un nuevo Mujeres Inolvidables, el especial semanal donde destacamos las hazañas de grandes mujeres chilenas del presente y de la historia visibilizamos el impacto de Marta Brunet, escritora feminista quien es además recordada actualmente en el marco de la celebración por los sesenta años desde su condecoración como premio nacional de literatura.

Nacida en Chillán en 1897, la escritora fue educada en casa por institutrices para luego viajar a los catorce años a Europa para finalizar su educación escolar, lugar en el que conoció grandes autores de la literatura universal que transformaron de manera importante su perspectiva al escribir.

Quienes han estudiado su obra, manifiestan que ésta se divide en dos partes, la primera refleja sus orígenes campestres, espacio desde donde “recogió las imágenes y experiencias campesinas con las que construyó un rico universo de personajes, ambientes y tramas, expresando un mundo novelesco de gran fuerza y dinamismo”, según consigna Memoria Chilena.

En este momento literario, se aprecia su rebeldía familiar y su lucha por no ser relegada exclusivamente a las tareas domésticas, tal como correspondía por disposición de clase. Según consigna Memoria Chilena, “Por esta razón la crítica literaria la redujo por años al reducto de lo rural y lo provinciano, sin dimensionar la gran apertura e innovación que generó tanto en el desarrollo temático de sus obras como en el manejo de lenguaje, al recoger las voces locales y plasmarlas en su completa desnudez”.

Sin embargo, autoras como Gabriela Mistral, vieron la potencia crítica de la escritura de Brunet y a propósito de ópera prima “Montaña adentro”, destacó su proceso creativo y motivo literario como el "dialectismo desenfrenado de Marta Brunet”.

A partir de este “imaginario criollo” descrito, la escritora se fue abandonando al mundo subconsciente de sus personajes, en obras como “Humo hacia el sur” (1946), “La mampara” (1946) y “Raíz del Sueño” (1949), desde donde profundizó en los conflictos psicológicos de sus protagonistas, los que a la vez se encuentran cruzados por las institucionalizaciones y el cuidado por las apariencias propios de la clase y de la época.

"Poco sabrán las gentes del pueblo el bien que me ha hecho esta revisión de mi vida, ordenadamente recordada para responder a su curiosidad. Aunque dirigida a ellos, no la sabrán nunca. Seguirán ignorando que nada vergonzoso tengo que ocultar. Que no soy una orgullosa. Ni una egoísta. Que soy tan sólo una pobre mujer, una María Nadie sin gloria ni pena. Como tampoco sabrán hasta qué punto les agradezco el haber provocado esta auténtica hora de soledad, de estar frente a mí misma sacando hechos del pasado para enfrentarlos en el presente”, escribe Brunet en un fragmento de “María nadie”, publicado en 1957.

De acuerdo con lo consignado por Memoria Chilena, a partir de los escenarios propuestos en esta etapa literaria, la escritora nuevamente fue criticada por el "exceso de crudeza" en el tratamiento de los personajes y sus condiciones en el relato. Sin embargo, hubo otros críticos que se relevaron la faceta de Marta Brunet, como fue el caso del Hernán Díaz Arrieta, quien destacó que la autora, “con el mismo pie audaz que había penetrado Montaña adentro, no vaciló en avanzar, resueltamente, almas adentro. Era el momento que aguardaban los fantasmas atávicos, las sombrías demencias, los fermentos morbosos de que la sangre va cargándose, mundo impaciente, sofocado por la disciplina racional y ansioso de producirse".

En este sentido, la recepción de su obra tuvo un destino afortunado siendo reconocida por la calidad de su escritura y recompensando su mérito con diversos premios literarios, entre los que se encuentran “el concurso de cuentos organizado por El Mercurio (1929); el concurso de la Sociedad de Escritores de Chile, en la categoría novela (1933); incluso con el máximo galardón que se otorga en Chile: el Premio Nacional de Literatura en 1961”, tal como expone Memoria Chilena. Además del premio “Atenea” conferido por la Universidad de Concepción.

Brunet también fue valorada con otras distinciones. En 1952 fue designada Cónsul de profesión adscrita al Consulado general de Chile en Buenos Aires por el presidente Juan Antonio Ríos. En 1962 fue nombrada Hija Ilustra de la ciudad de Chillán. En 1963 fue nombrada Agregada cultural de la Embajada de Chile en Brasil y en diciembre del mismo año fue nombrada Agregada Cultural de la Embajada de Chile en Uruguay, país en el que, además, fue incorporada a la Academia Nacional de Letras, según Universidad de Chile.

La escritora falleció en Montevideo (Uruguay) el 27 de octubre de 1967, mientras leía su discurso de incorporación a la Academia Uruguaya de las Letras.

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