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Cirugías mortales: el negocio de la violencia estética y un proyecto pausado en el Congreso BRAGA

Cirugías mortales: el negocio de la violencia estética y un proyecto pausado en el Congreso

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Solange Álvarez y Arlene Arias fallecieron tras someterse a tratamientos estéticos de su abdomen en Clínica Paris. El centro de salud fue cerrado en más de una ocasión por autoridades sanitarias y para seguir operando cambió su nombre al menos cinco veces: llamada en la actualidad Clínica Los Dominicos sumó a su historial un daño cerebral que dejó sin caminar y hablar a otra víctima. Pese a la prohibición, trabajó hasta marzo de 2023 con quirófanos no autorizados y sin protocolos de urgencia: el resultado de la violencia estética y el aprovechamiento de un negocio que se busca regular en un proyecto de ley que lleva cuatro años en tramitación.


“Todo lo que es fiscalización del funcionamiento de lo que se llama profesiones médicas, está a cargo de la autoridad sanitaria, en este caso de la Seremi Metropolitana”, aseguró la ministra de Salud, Ximena Aguilera, al ser consultada sobre el tema por la prensa en el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

A la par, explicó por qué hay clínicas que siguen funcionando pese a ser clausuradas.

“Se cierra el establecimiento, pero después surge con otra razón social, con otra identificación. Por lo tanto, hay que volver a hacer los procedimientos respecto a las instituciones”, agregó Aguilera. Junto con ello, subrayó que desde el Minsal se ha detectado “que hay personas que no tienen la formación y están haciendo procedimientos”.

En el caso de Clínica Los Domínicos, el centro cambió al menos cinco veces su nombre hasta llegar al actual. Otros de los nombres que tuvo fueron “Clínica Paris”, “Clínica Clásika” y “Chile Clinic” y según una investigación de Canal 13, las clausuras se debieron a realizaciones de ampliaciones sin permiso, quirófanos no autorizados y no contar con protocolos de urgencia.

Solange Álvarez Gomez era una mujer de nacionalidad venezolana que tenía 35 años cuando sufrió un paro cardiorrespiratorio en medio de una liposucción realizada en 2017. De la misma manera ocurrió con Arlene Arias, una mujer de 42 años, tras someterse a una abdominoplastia en diciembre de 2022. Ambas fallecidas forman parte del cruento historial del centro estético, que sumó una nueva víctima en marzo de 2023, tres meses después de haber vuelto a funcionar.

“Todavía pensamos que ella va a entrar a la casa con sus tacos, retándonos, diciendo ‘hagan esto’… Es difícil asimilarlo en realidad”, comentó a Canal 13 Francisca Pérez, hija de Natali, una mujer que quedó con daño cerebral luego de realizarse una cirugía plástica y sufrir un paro cardiorrespiratorio que le dejó graves secuelas en la mitad de su cerebro: no le permite caminar, hablar y realizar otras actividades básicas.

Los nombres de los integrantes de la clínica no se dieron a conocer en el reportaje y tampoco dieron declaraciones.

Violencia estética, hospitalaria y un proyecto en espera

Las historias de Solange, Arlene y Natali forman parte de un largo historial que traspasa la propia clínica mencionada. Es que las negligencias médicas en centros de estética representan un problema histórico en Chile y el mundo, dado lo lucrativo detrás del negocio.

De acuerdo con cifras de Seremi de Salud, en 2021 se realizaron 71 sumarios sanitarios y 22 prohibiciones de funcionamiento y hasta octubre de 2022 se registraron 52 sumarios, 19 prohibiciones de funcionamiento y una clausura, de acuerdo a datos de La Tercera.

En noviembre de 2019, un proyecto de ley ingresó al debate legislativo con el objetivo de regular las cirugías y procedimientos estéticos, estableciendo requerimientos para la autorización de médicos y médicas (que serán registrados en una nómina de habilitados), el derecho a la información de quien se opera y también respecto del servicio ofrecido por el centro de salud. El proyecto se encuentra en su segundo trámite en la Comisión de Salud y Hacienda desde 2022.

De acuerdo con datos de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica, cada año se llevan a cabo aproximadamente 15 mil intervenciones quirúrgicas de esta área y solamente 7 mil son practicadas por médicos especialistas.

El mercado de la cirugía mueve millones de pesos y se aprovecha del odio al cuerpo construido por el sistema, dirigido principalmente a la corporalidad femenina. Una investigación publicada en 2020, asegura que la mujer en tanto “foco de dominación” de los últimos tiempos es el sujeto más vulnerable y punto blanco en el seno de la cultura patriarcal.

Y a pesar de los procesos de liberación del género, la opresión social aún envuelve a la mujer como un objeto de erotismo, esclava de la moda y los deseos masculinos que, en sintonía con un sistema sociocultural, produce todo un aparataje destinado a construir y exigir un tipo ideal de cuerpo femenino, del cual se hacen ecos medios como revistas, publicidades, juguetes de niñas y niños y otros elementos.

“Los miedos, las ansiedades, las inseguridades y el temor al rechazo son elementos que utiliza el mercado para debilitar la concepción del ser y aumentar los niveles de consumo en un círculo vicioso que no busca soluciones reales, más bien espera generar mayor control social”, identifica la tesis.

La investigación reconoce que la realización de una cirugía estética avala un comportamiento colectivo donde se propaga una violencia simbólica pues las formas de dominio patriarcal que se ejercen sobre el cuerpo de la mujer y la presión social con la que ellas conviven, las preparan física y mentalmente para que, quienes tienen acceso económico, puedan elegir una cirugía con el fin de encajar en una idea de belleza construida por y en el sistema.

Así pues, esta violencia estética puede enlazarse además a una violencia hospitalaria cuyo resultado, en ciertos casos, es irreversible. En tal caso, es el producto de la avaricia de quienes aprovechan la producción de un sistema de opresión para ganar dinero fácil, sin importar el medio.

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