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Brecha de género e inclusión financiera BRAGA Iupana

Brecha de género e inclusión financiera

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Mariana Gómez
Por : Mariana Gómez Líder del Programa de Equidad de Género de Credicorp
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En Latinoamérica, las brechas de género en inclusión financiera persisten, exacerbadas por contextos económicos y sociales inciertos. Chile ocupa el tercer lugar con el 31% de mujeres incluidas en el sistema financiero, pero hubo una disminución del 36% del año anterior.


En las últimas semanas, es frecuente encontrarnos con una gran cantidad de publicaciones en torno a los diversos ámbitos en los que los desafíos para lograr la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres siguen latentes. Uno de los más importantes, sin duda, es las brechas de género dentro del desarrollo de la inclusión financiera en Latinoamérica. 

Los países de la región hemos atravesado un contexto de incertidumbre económica y social en los últimos años, escenario que ocasionó un estancamiento en muchos de los indicadores de brechas de género, y hasta retrocesos para el caso de las diferencias salariales de hombres y mujeres en países como Perú, por ejemplo. Como lo indica el Banco Mundial, las mujeres se ven particularmente afectadas ante este tipo de eventualidades, y esto termina generándoles más barreras que impiden su acceso al sistema financiero formal. 

Tomando como punto de referencia el estudio de Brechas de Género en la Inclusión Financiera, desarrollado a partir de la información del Índice de Inclusión Financiera (IIF) de Credicorp, Chile ocupa el tercer lugar en Latinoamérica entre los países con mayor proporción de mujeres incluidas óptimamente en el sistema financiero. Estamos hablando del 31% de la población adulta de Chile (un poco más de 2,4 millones). Solo es superado, en proporción, por Argentina (38%) y Panamá (33%).

Pero a pesar de estar en el top 3, 31% es un porcentaje bajo, y aún más si tomamos en cuenta que el año pasado era 36%. Además, en un año, el porcentaje de chilenas en la categoría ‘Alcanzado’ bajó de 36 a 31%, mientras que en los hombres subió de 40 a 45%, lo que se traduce en un incremento de 10 puntos porcentuales en la brecha de género en este indicador. Cabe destacar que las personas clasificadas en el nivel ‘Alcanzado’ son aquellas que utilizan regular y eficientemente diversos productos y servicios financieros. Los conocen bien y los consideran como útiles para su vida cotidiana. 

Para hacernos cargo de esta realidad es necesario diseñar estrategias ad hoc, pensadas primordialmente para las poblaciones más vulnerables dentro de la población femenina. Si hablamos de las, aproximadamente, 8 millones de mujeres adultas que viven en Chile, es importante tener claro las distintas urgencias y necesidades financieras de aquella persona mayor de 60 años que vive en Iquique y no igualarlas a las de una de 20 años que reside en Punta Arenas. El IIF analiza esta situación y concluye que las mujeres sin estudios, sin acceso a internet, de zonas rurales, desempleadas, mayores de 43 años, que se autoidentifican como descendientes de pueblos originarios y de NSE bajo, son las más vulnerables cuando se trabaja en una estrategia para impulsar la inclusión financiera. 

El segundo tipo de esfuerzo debe estar centrado en desarrollar programas de educación financiera para mujeres, abordando temas como el ahorro, la inversión, la planificación financiera y el emprendimiento. Conocer de cerca los productos formales del sistema financiero y cuál conviene más según la situación particular debería ayudar a impulsar su autonomía económica.

Además, hay varias medidas que debemos tomar las propias organizaciones para acelerar la inclusión de las mujeres en el sistema financiero formal. Por ejemplo, diseñar políticas internas que fomenten la eliminación de sesgos inconscientes, la creación de programas de mentorías para mujeres (e idealmente mixtos), la promoción de mujeres a roles de liderazgo y la adopción de políticas de remuneración equitativa. Y esto solo debería ser el principio. Este trabajo debe ir acompañado desde el frente comercial, sin duda alguna. 

Pero lo más importante es que todas estas medidas cuenten con una voluntad política real y un compromiso a largo plazo por parte de los líderes de las entidades (públicas y privadas) para promover la inclusión financiera de las mujeres. La responsabilidad de reflexionar y tomar acciones sobre esto, es de todos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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