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"El Tila", la historia del joven emblema del Sename que aterrorizó La Dehesa, tuvo su estreno en Sanfic

por 28 agosto, 2015

“El Tila”, la historia del joven emblema del Sename que aterrorizó La Dehesa, tuvo su estreno en Sanfic
La cinta que recopila todos los antecedentes en torno al personaje más importante del crimen chileno fue estrenada en el festival Sanfic. Un relato de ficción que enfrenta al Tila con una realidad de pobreza, abandono y marginación, y ahonda en su dimensión humana. “El Tila: Fragmentos de un psicópata” cuenta con las actuaciones de Nicolás Zárate en el protagónico, junto a Daniela Ramírez y Daniel Alcaíno .
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Sin duda ha sido el caso más bullado de la crónica roja nacional, una serie de hechos dignos de cualquier thriller hollywoodense. Fue en 2002 cuando una seguidilla de violaciones a mujeres y asesinatos, despertaron el terror en Santiago.  El culpable era Roberto Martínez Vásquez, un joven de 26 años proveniente de un entorno marginal que logró aterrorizar a los chilenos y adquirir el apodo del “psicópata de la Dehesa”. Hoy este personaje llega a las pantallas de cine.

Se trata de “El Tila: Fragmentos de un psicópata” (2015), el primer largometraje del cineasta y actor Alejandro Torres, que ya fue estrenado en Sanfic con una positiva recepción. El trabajo de más de cinco años del equipo está recién finalizado y dispuesto a desmitificar los supuestos del excesivo morbo en la cinta. En realidad el objetivo no es el cine de terror sino el análisis social del entorno que gestó la personalidad psicótica de Roberto Martínez.

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La película se compone de imágenes agolpadas en la memoria del Tila, que se hacen presentes a medida que el personaje recuerda su propia historia encerrado en una solitaria celda de Colina II. Frente a su máquina de escribir, Martínez redacta los últimos vestigios de una corta vida marcada por la marginalidad y la violencia. Finalmente, se quita la vida ad portas de recibir la condena a cadena perpetua.

Este testimonio es recuperado por una periodista interpretada por Daniela Ramírez, quien revive y comprende su historia. Cuatro espacios temporales entran en juego en el relato: su infancia, su adolescencia vivida en los centros del Servicio Nacional de Menores (Sename), su adultez criminal y el tiempo presente encarnado por la periodista.

Humanizar al criminal

A los 14 años Roberto Martínez cometió su primera violación y comenzó una escalada de violencia característica sólo en una personalidad psicótica como la del Tila. Así coincidió buena parte de los entrevistados por el equipo de producción, argumentando que un desorden mental de este tipo se desarrollaría en cualquier contexto. Sin embargo, para el director de la película la tesis es otra e involucra al medio social de Martínez.

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“Hay un espacio político interesante y es simbólico en la forma de exponer la desigualdad de nuestro país, ya que el Tila fue el niño que se iba a reinsertar dentro del Sename. Era sensible, tenía habilidades artísticas, hablaba distinto. Aunque tenía mucho talento y potencial no tenía nada, no tenía ninguna institución detrás, ni la familia, ni la academia, ni nada. Es la suerte de destino trágico”, afirma el director Alejandro Torres.

A través de pasajes que indagan en los momentos de soledad en la celda y en su casa, el relato busca entrar en su cabeza para despojarlo de los prejuicios del crimen policial. Y así, mostrar el humano al desnudo que contenía al psicópata para poner en jaque al espectador.

“El objetivo no es exaltar al sujeto ni hacer una especie de poética del crimen y tampoco victimizarlo. La idea era mostrar un espacio humano y que el público lograra esa contradicción de estar empatizando con un sujeto que nos presenta una violencia absolutamente ominosa. Ese cruce lo logramos conseguir”, señala Torres.

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Ficción basada en hechos reales

Nació como el proyecto de tesis de Alejandro Torres y su equipo en la Escuela de Cine de Chile, pero rápidamente se convirtió en algo de mayor envergadura. La película requería más tiempo y presupuesto, algo que no estaba contemplado en su origen. Finalmente fueron más de cinco años de trabajo que costearon con el mecanismo de crowdfunding, además de auspicios y trueques para la postproducción.

La investigación se extendió por más de la mitad del tiempo total de trabajo. Además de la literatura existente en torno al caso, el equipo realizó una serie de entrevistas a personas involucradas como trabajadores del Sename, de Gendarmería, el juez y abogados. Con esto reconstruyeron la biografía y la personalidad de El Tila y pudieron darle cuerpo al guión.

No obstante, nunca estuvo entre los planes obtener testimonios de sus familiares o de cercanos a las víctimas. Esta lejanía era el pilar de una cinta de ficción que no pretende convertirse en un documental. Es por esto que cuando el hermano de una de las víctimas llamó a Alejandro Torres para interiorizarse en la película, el director le explicó que la cinta no buscaba ser un espejo de la realidad.

“Le dije que no los había contactado porque no era un documental en términos rigurosos. Estaba inspirado en hechos reales, pero en concreto es una ficción. Los personajes también están inspirados, pero están ahí para potenciar un relato que es cinematográfico. Le decía, no esperes de mí que haya fidelidad en los hechos porque finalmente no es un documental”, agrega.

El peso de la actuación

Nicolás Zárate es el rostro tras el Tila. El actor se integró al proyecto desde el comienzo, lo que facilitó su cercanía con el personaje. En ese proceso su insumo principal fueron las dos entrevistas que se le realizaron a Martínez en televisión.

Una de ellas de Paulina Allende en TVN, quien realizó toda una hazaña para conseguir el material desde el canal. Pero también se inspiró en la entrevista realizada por el programa Informe Especial al psicópata de Placilla, de quien tomó la gestualidad y la forma de mentir.

Acompañado de Daniela Ramírez y Daniel Alcaíno, quien fue uno de los últimos en sumarse, el elenco se enfrentó a escenas con una alta carga emocional y situaciones de violencia. Gracias a su formación en el teatro, Alejandro Torres insistió en trabajar previamente el guión, en especial las escenas más complejas. Esto con el objetivo de adelantar a los actores en las decisiones escénicas.

“No llegaban de pronto a encontrarse con situaciones o emociones, porque la intensidad de algunas escenas es tan fuerte que era imposible llegar ese mismo día de rodaje a recién explorar hasta dónde podía llegar esa intensidad”, explica el director.

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