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Gonzalo Díaz celebra polémico Centro Nacional de Arte Contemporáneo y califica de "controversia teatralizada" opinión de opositores

por 17 junio, 2016

Gonzalo Díaz celebra polémico Centro Nacional de Arte Contemporáneo y califica de
En esta opinión, el Premio Nacional de Arte y profesor titular de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Gonzalo Díaz, se muestra como un fuerte defensor de la iniciativa del Consejo de la Cultura dirigida a transformar el ex edificio del Aeropuerto de Cerrillos en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo –anunciado por Bachelet el 21 de mayo–, al tiempo que califica de "destemplada" la reacción de los "reconocidos expertos" que se han mostrado críticos a este proyecto, quienes –según el artista– se distinguen "por lo escuálido de sus obras".
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Es sintomática la reacción destemplada que les produjo a “los reconocidos expertos” (¡¿?!) la iniciativa de parte del Estado de asentar la administración general y nacional de las artes visuales contemporáneas de la República de Chile en el precioso edificio –ejemplarmente moderno– del ex Aeropuerto Internacional de Los Cerrillos. Una gran noticia que, sin embargo, desató las opiniones más negativas y los temores más intrincados. Esto de disparar en contra de cualquier cosa que se mueva es signo de la ociosidad, no solo en política sino también en materias culturales.

Esta inusitada controversia, teatralizada por “los reconocidos expertos” –cada uno de ellos se distingue por lo escuálido de sus obras– y que se ha seguido multiplicando durante la semana en diversos medios, fue producida y recogida inicialmente por “Artes y Letras”, en su edición del domingo 29 de mayo. El artículo se tituló “¿Se justifica un nuevo centro de arte contemporáneo en Santiago?”.

Hace dos meses y medio fui invitado a visitar el edificio recién restaurado y a exponer una de mis obras en una gran exposición que reinaugurará, en el mes de septiembre, tanto el mencionado edificio en Cerrillos como la nueva cara de la institucionalidad ministerial dedicada al desarrollo de las artes visuales, que se asentará en ese lugar como centro nacional de arte contemporáneo. Se agregarán depósitos para guardar obras, archivos y espacios adecuados para la investigación. Los artistas, curadores, teóricos, directores de museos y galerías que vengan a visitarnos podrán ver allí obras concretas de arte contemporáneo chileno producidas en los últimos 40 años.

Si se me permite decirlo, esta noticia me pareció buena idea, muy buena idea. En lo personal me viene como anillo al dedo. Me aventuro a decir algo tan personal porque estoy convencido de que este anillo les vendrá bien a los dedos de todos los artistas, críticos, teóricos, intelectuales y gestores culturales que producen obra activamente en sus respectivos campos.

Los “reconocidos expertos” argumentan sobre la duplicidad de funciones que implicaría este proyecto. Se le confunde, a conveniencia, con un museo de arte contemporáneo, para asimilarlo después con el mal endémico de las iniciativas culturales del Estado, de las que esta precisamente se escapa singularmente.

El Director del MAC, el profesor Brugnoli, ha llevado el pandero de esta crítica, constituyéndose a sí mismo en la piedra de tope, no solo del Arte Contemporáneo en Chile sino de toda la institucionalidad cultural de la Nación y de sus posibilidades de pensar y diseñar políticas públicas de largo plazo relativas al desarrollo de las artes visuales. Brugnoli le teme no solo a este nuevo centro sino, por igual, a un futuro Ministerio de Cultura. ¿Y es que acaso, en artes visuales, todo debe entrar y salir por la puerta del MAC administrado por Brugnoli?

Pero, tal como lo dijo él mismo, el MAC (del cual es director desde hace 18 años) se fundó cuando la ciudad de Santiago no llegaba al medio millón de habitantes. No se entiende por qué el profesor Brugnoli se siente amenazado por esta otra iniciativa, medio siglo después, del mismo Estado que fundó el MAC y antes la misma Universidad de Chile. No hay competencia ni redundancia puesto que ambas instancias, además de ser del Estado, apuntan a distintos objetivos.

Sí, el proyecto de Cerrillos posibilita una amplitud del campo de acción y permitirá una interacción fluida entre artistas, entre obras y discursos, entre curadores y obras concretas que estarán allí a disposición de ser estudiadas, prestadas, expuestas a la comunidad. En un potrero desprovisto y estrecho como el nuestro, ojalá hubiera triplicación, quintuplicación de acciones y de iniciativas de carácter público vinculadas con el arte.

Una iniciativa como esta, un Centro Nacional de Arte Contemporáneo, que no se veía de tal magnitud en Chile desde que empezamos a intentar recuperar la democracia, solo puede ser sostenida seria y consistentemente por el Estado. En estas materias así como en educación y salud, la veleidad y voracidad de los privados es sumamente peligrosa y onerosa.

Las artes visuales contemporáneas, sus condiciones de producción, lo hacen más que necesario, más aún en una comuna ubicada al surponiente de Santiago, alejada de los nodos habituales de poder y de circulación cultural, en un inmueble emblemático para la historia moderna del país. Espero que Waldemar Sommer no haya querido decir que la Comuna de Los Cerrillos no se merece –por atraso cultural, por carencia de estilo, por falta de sofisticación– un centro de desarrollo comunal.

En otro aspecto, entiendo este centro también como un aliado de todos los museos del país, en especial los del Estado, y de ellos, muy en especial el Nacional de Bellas Artes, el MAC y el MAPA, estos dos últimos de la Universidad de Chile. Sin duda, esa alianza vendrá por el lado del diseño y coordinación de políticas públicas y delimitación de funciones que posibiliten de una vez un financiamiento adecuado y progresivo de parte del Estado para estas instituciones, que ponen la cara y dan la cara por Chile.

Los museos de arte de Chile necesitan urgentemente definir su tipología museística para ser reales y efectivos productores y gestores de conocimiento. Es necesario que dejen de apostar por un modelo oportunista definido por el patchwork programático supeditado a exposiciones donde el financiamiento –siempre inseguro, esporádico, insuficiente– determina la mirada curatorial y debilita el sentido, la visión y misión de las instituciones.

Necesitamos que la gestión de nuestros museos de arte proyecte sus colecciones y su patrimonio en una sociedad cada vez más globalizada. Un Museo es una institución centrada en el trabajo con obras que están validadas, consagradas por su historia y trayectoria. Un museo por definición no es una lugar de experimentación sino un lugar de certezas patrimoniales.

Aplaudo sin reserva esta iniciativa en Cerrillos y este Centro Nacional de Arte Contemporáneo.

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